ENTREVISTA A FRANCESCO TRISTANO

"El piano es mi mejor amigo, pero me encanta complementarlo con instrumentos electrónicos"

Francesco Tristano © Edgars
Francesco Tristano © Edgars

El compositor y pianista luxemburgués, que desde 2003 guarda una estrecha relación artística con Barcelona, desafía etiquetas y géneros para reivindicar la atemporalidad de la experiencia musical

13 de diciembre de 2025

Francesco Tristano (Luxemburgo, 1981) es conocido por el público de Barcelona en su doble faceta de pianista clásico y DJ: intérprete, pero también creador de sus propias obras, en ambas áreas. Durante las últimas décadas ha actuado regularmente en el Festival Sónar, así como en el Palau de la Música Catalana o L’Auditori. Aprovechamos su reciente visita a la capital catalana con motivo de Bach & Beyond, el recital para piano solo presentado en el CaixaForum en el que establece diálogos en varias direcciones ---entre Bach y sus contemporáneos barrocos, y entre Bach y nuestros contemporáneos---, para conversar sobre la conexión entre Barcelona y su trayectoria, el diálogo que establece entre música clásica y electrónica y su afinidad por la polifonía del Barroco.

Algunos de estos intereses se reflejan en su última propuesta presentada en Barcelona, donde se pueden apreciar elementos que muestran la atemporalidad de la experiencia musical y disuelven, con fascinante coherencia, las compartimentaciones por género. La obra también evidencia su aproximación a Bach, un compositor al que dedica actualmente un ambicioso proyecto: grabar la integral para teclado, compuesta por veintidós álbumes, de los cuales ya ha completado cinco.

--- Aunque eres luxemburgués, conoces bien la ciudad. ¿Cómo llegaste a establecer el vínculo actual?

--- Llevo muchos años descubriendo las tierras catalanas, en parte por mi madre. La idea de pasar una temporada en Barcelona surgió de manera un poco loca cuando vivía en Nueva York y estaba terminando mis estudios en la Juilliard School, donde hice el Bachelor y el máster. En 2002 todos mis amigos se fueron a Berlín —era la meca de la música y de las artes gráficas— y precisamente por eso, porque quería hacer tabula rasa, escogí Barcelona. Vine en 2003 a hacer un posgrado en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC), donde trabajé con Jordi Camell, que hoy en día es muy amigo mío. ¿Lo conoces?

--- Personalmente no, pero es cierto que tenemos conocidos en común.

--- Sí, como Joan Cortés. Él fue mi primer amigo en Barcelona. Nos conocimos en un bar de Nueva York: yo estaba haciendo unas sesiones, y cuando le dije que quería venirme a Barcelona me dijo que lo llamara. Llegué en agosto, y casi no se acordaba de mí. Para él yo era “el DJ”, lo mío era la electrónica. Así que cuando le hablé de mi disco de las Variaciones Goldberg se quedó algo desconcertado. Un día caminando por la ciudad pasamos por delante del MACBA y me dijo: “Aquí se hace el Sónar”. Yo le respondí: “Quiero actuar en el Sónar”. Para mí era el mejor festival del mundo. Y me ayudó: organizamos un encuentro con Enric Palau, después de tocar en casa del arquitecto Oriol Bohigas, donde también estaba Jeff Mills. Esa fue mi verdadera entrada en Barcelona. Acabé participando en seis ediciones, con seis proyectos distintos. El último fue hace dos años en el Pabellón Mies van der Rohe: música para piano e IA, en colaboración con la Universitat Politécnica de Catalunya (UPC).

“A mí no me gusta repetir recetas, me aburre. Además, si no me sorprendo yo, será difícil sorprender al público”
--- Aunque para algunas personas pudiera parecer hasta ahora incompatible el mundo de la música clásica y el de la electrónica —una idea que se ha matizado ligeramente a raíz de cierto icono pop—, tú llevas muchos años combinándolos con naturalidad y con muy buena acogida por parte del público. Recuerdo un espectáculo en el Palau de la Música que comenzaste con música barroca y terminaste con ritmos y juegos de luces que transformaron el espacio…

--- En el fondo, por mucho que intentemos compartimentar la música, los ingredientes son los mismos: armonía, melodía, ritmo, instrumentación. Da igual si hablamos de música clásica, folk, pop o techno. Según cómo combines esos ingredientes cambia el resultado, como en la cocina. A mí no me gusta repetir la receta; si lo hago, me aburro. Además, si no me sorprendo yo, será difícil sorprender al público. En este sentido, aunque el piano sigue siendo mi mejor amigo, y no necesito nada más, me encanta complementarlo con instrumentos electrónicos.

La relación de Francesco Tristano con la capital catalana se inició en 2003, cuando recaló en la ciudad para un posgrado en la ESMUC, donde trabajó con Jordi Camell. © Ryuya Amao

--- Entiendo que para ti, que buscas la novedad y sorprenderte con tus propios descubrimientos, la electrónica es una aliada.

--- Claro, pero es que la conexión viene de siglos atrás. No es casual que el sintetizador tenga teclado. El órgano del siglo XVI es un proto-sinte: una máquina de hacer sonidos sin electricidad ni osciladores. Dos siglos después llega el piano. Y luego, dos siglos más tarde, el sintetizador. Todo está conectado.

--- Tampoco debe ser casualidad que la música clásica que más te interesa sea del Barroco. Da la sensación de que el ritmo y el contrapunto son esenciales para ti, no solo como intérprete sino como compositor. Pienso, por ejemplo, en A Soft Shell Groove, tu pieza de apertura del disco Scandale junto a Alice Sara Ott. Y también, de forma más apacible y minimalista, en tus Piano Circle Songs.

--- El piano suele asociarse al Romanticismo, al siglo XIX, pero para mí —a ver cómo puedo decirlo de forma diplomática— es el siglo menos interesante para ese instrumento. Hay grandes obras, muy virtuosas, sí, pero la prioridad acostumbra a estar en la mano derecha; la izquierda acompaña. Es música más bien monofónica: no hay democracia entre las manos. El Barroco, en cambio, es pura polifonía. El fundamento es el basso continuo, que da ritmo y pulsación. Eso es lo mismo que encontramos en la música electrónica. Por eso la conexión entre el techno y la música de hace 400 años no es trivial. Así lo vivo yo… Por supuesto, esto es algo muy personal.

“Para tocar de manera interesante el piano, tiene que mandar la mano izquierda”
--- El tema de la mano izquierda es interesante y a veces controvertido, si pensamos en cómo Glenn Gould interpreta a Mozart, realzándola hasta casi ridiculizarlo —lo cual él mismo admitió con palabras.

--- ¡Genio, Glenn Gould! Tienes que ser alguien de su talla para atreverte a decir algo así. Justamente ayer vi un vídeo de Paco de Lucía —una de mis mayores influencias, junto a Gould, Ryūichi Sakamoto y Joe Zawinul— en el que le preguntaban por la diferencia entre mano izquierda y derecha. Su respuesta me parece totalmente aplicable al piano: “La mano izquierda es la que manda, es la que hace música. La mano derecha ejecuta”. Toda la base y la profundidad de la música viene de la mano izquierda. En la guitarra es más obvio, porque cada mano tiene un rol. Pero hago mía la afirmación de Paco: para tocar de manera interesante el piano, tiene que mandar la mano izquierda.

--- Un último inciso sobre Mozart: incluso si hoy su música suena fácil, en su tiempo pareció compleja (además de contar también con una polifonía rica en ciertos pasajes de sus óperas, últimos conciertos para piano o en los cuartetos dedicados a Haydn). En cualquier caso, su revolución tiene que ver más bien con la variedad de registros afectivos, con esa inigualada y misteriosa “espontaneidad”.

--- Cuando escuchamos a Mozart parece una música fácil, jovial, de “buena onda". Sin embargo, tocarla no es nada fácil. Que suene así es lo más difícil. Ya que mencionabas Piano Circle Songs: ese disco fue un ejercicio un poco mozartiano. El director del sello discográfico Sony me pidió componer un disco melódico, y acepté el desafío. No es exactamente lo mío, pero la idea era crear temas que pudieran ser recordados. Y eso es Mozart: melodías tan sencillas que parecen imposibles de olvidar.

Tristano defiende que, para tocar de manera interesante el piano, debe mandar la mano izquierda. © Ryuya Amao

--- Me encanta ese disco por su magnetismo… tiene algo de inmemorial, como anterior al tiempo. Pero, más allá de recitales solo, ¿te escucharemos con orquesta en Barcelona? ¿Consideras que la creatividad de los “mundos posibles” del Barroco se ve limitada en los conciertos para solista, acompañado por conjunto y director?

--- Es verdad que en Barcelona no he tocado mucho con orquesta, aunque sí lo hago de vez en cuando, sin ir más lejos este verano. Tocar con orquesta es maravilloso: piensa que es una máquina de 70 u 80 personas, que hay que conducir. Imagínate la psicología requerida para ello, lo difícil que resulta gestionarlo… El director es, en gran medida, el responsable del resultado. Glenn Gould decía que no se trataba de un concierto “para piano y orquesta” sino “de piano contra orquesta”. Para él siempre era una lucha. Y lo odiaba. Con pocos directores le gustaba tocar.

--- Recuerdo una alocución de Bernstein previa a un concierto con Gould, cuando explicó ---ante un público inevitablemente estupefacto--- que ni solista ni director habían logrado convencer al otro, ni llegar a un pacto intermedio… y que eso mismo hacía tan interesante la interpretación musical. ¿Cómo es tu relación con los conjuntos?

--- Depende de si hablamos de una orquesta de cámara o una sinfónica grande. Siempre es un reto: como solista, has de sacar tu sonido por encima del conjunto, pero también entenderlo, escuchar cómo suena y formar parte de ese elemento. A veces apenas hay tiempo para ensayar: un miniensayo para concretar un par de tempo y ya. El resultado puede ser poco satisfactorio, para el público y para los músicos. Pero también se viven experiencias extraordinarias, como cuando el año pasado toqué con la orquesta de Bamberg. Un conjunto con músicos que se conocen mucho, y funcionan como un organismo único, tocando cada sección con la misma entonación, la misma dinámica…

“En esta gira no solo me centro en Bach, sino que lo hago en dialogar con música de su época y también de la nuestra”
--- ¿Qué tocaste en aquella ocasión?

--- Un proyecto mío que se llama Technophonic. Empieza con música acústica y se va volviendo progresivamente electrónica, hasta convertirse casi en una fiesta. Hace dos años que lo hacemos, y habrá varias ediciones. Ojalá podamos presentarlo aquí.

--- En cuanto a tu último recital en Barcelona, Bach & Beyond, ¿cómo surgió el vínculo con CaixaForum? ¿Cómo describirías la propuesta?

--- Conocía el CaixaForum por las exposiciones, pero no sabía que hacían un ciclo de conciertos. Un día me llamaron, y hemos acabado organizando una gira por la mayoría de los centros. Empecé en Madrid, y antes de Barcelona estuvo en Valencia. Como desvela el título del concierto, estoy muy muy metido en Bach. Llevo tiempo con ello y va para largo. Porque mi idea es grabar la integral para teclado: son veintidós álbumes y llevo cinco.

Tristano trabaja actualmente en un proyecto ambicioso: grabar la integral para teclado de Bach. © Marie Staggat

--- ¿Veintidós? Pensé que serían… ¿unos diez o doce?

--- Es que prácticamente no existe una integral así. Glenn Gould, que grabó muchísimo, tampoco lo grabó todo. Hace años que tengo ese proyecto en la cabeza, es un sueño que se está haciendo realidad. Acabamos de publicar las Tocatas, unas piezas muy distintas del Bach más conocido, el de las Partitas o las Variaciones Goldberg, y vamos a un ritmo de dos discos por año. Pero en esta gira no solo me centro en Bach, lo que hago es ponerlo en diálogo con música de su época y música contemporánea nuestra. En una hora escuchamos ese intercambio, como en una partida de ping-pong: Frescobaldi, Gulda, Scarlatti, Sakamoto…

"Bach no fue especialmente moderno en su época, pero hoy nos puede sonar más moderno que la propia música contemporánea"
--- Al final, todos son igual de contemporáneos para nosotros. Como a veces digo a propósito de los filósofos, si nos interesan es porque nos interpelan, al visibilizar cuestiones que resuenan desde siempre y que ---en lo sustancia--- no dependen de una concepción evolutiva de la historia.

--- Exacto, precisamente hace poco explicaba en la radio que Bach no fue especialmente moderno en su época, pues seguía haciendo música de otra época cuando sus hijos componían según la estética del clasicismo. No innovó demasiado, más bien recopiló estilos compositivos, llevándolos a la excelencia. Y, aun así, hoy nos puede sonar más moderno que la propia música contemporánea. Esa es la idea del programa que he diseñado: descubrir a Bach en su modo más vanguardista, o mejor dicho atemporal.

--- Es cierto que a menudo tiende a la abstracción, casi como “música de las esferas”, dotada de una lógica matemática. Paradigmático de ello es El arte de la fuga, un ejercicio de contrapunteo infinito en que Bach no especifica  el instrumento...

--- Cada voz de una fuga podría corresponder a una cuerda, por ejemplo. De hecho, en sus composiciones para instrumentos solos no se aprecia grandes diferencias, incluso si no es lo mismo ---por supuesto--- un teclado que un violín o un violonchelo. Su lenguaje es muy personal, y al mismo tiempo universal. Por eso se puede tocar Bach en sintetizador, como hizo Wendy Carlos, o con marimba… El potencial de su transversalidad es inagotable.

Sobre el autor

Jacobo Zabalo
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