EL BAR DEL POST

Álex Chico: Escribir para salvarse de un mundo que mata

Álex Chico © Javiera Gaete
Álex Chico © Javiera Gaete
(Escritor, periodista, gestor cultural)
27 de octubre de 2025

“Desde un punto de vista literario eludo analizarme demasiado. Sólo te diría que no me considero especialmente imaginativo, pero sí un escritor intuitivo. Creo que relaciono bien las cosas”. Álex Chico sorbe un trago de su cerveza acabada de servir, mientras las notas de Crazy feeling de Lou Reed inundan la incipiente nocturnidad del Bar. “Un poco como los ‘delirios de relación’ a los que aludía Sebald”, añade. Y ríe, acodado a la barra.

“Escribir te da una pátina de protección, te envuelve en un manto de autoficción que te permite estar más cómodo en una realidad que mata, y de la que la escritura te puede salvar”, razona. Y eso explica, al menos en parte, la obra de un autor que siempre se apoya en realidades ---factuales o percibidas--- como asidero sobre el que construir poemas y novelas donde las sinapsis establecidas en su cabeza conforman la fisionomía del relato.

Cosecha de 1980 y de ascendente placentino, Álex debutó a los veintiocho años con el poemario La tristeza del eco y, desde entonces, ha ido atesorando un corpus literario que abarca diversos poemarios y ensayos, una personal guía literaria de su ciudad ---Barcelona, mapa infinito--- y varias novelas de lo que él llama “ensayo ficción”. Títulos como Los nombres impares o Un final para Benjamin Walter en los que confluyen la obsesión por personajes y hechos reales entrelazados en el marco de una ficción que se nutre de infinitos referentes literarios y culturales. 

En este sentido, su recién publicada nueva obra, Geografía escrita (Candaya), trasciende la condición de libro de viajes para adentrarse en las panorámicas literarias de Roberto Arlt, de Pessoa, de Alfred Döblin, de Capote o de Mónica Ojeda. Paseos por Guayaquil, Buenos Aires, Quito, Berlín, Lisboa... Calles, paisajes y paisanajes descritos a través de las plumas que los glosaron. De los ojos que los amaron, de las pieles que los vivieron, de los oídos que escucharon sus rumores, y plasmaron todo aquello sobre papel.

Epifanía adolescente

Cuando tenía seis años, Álex Chico se levantaba pronto por la mañana y se metía en el salón “a dibujar y escribir pequeñas historias”. Cuando tuvo quince, durante uno de aquellos veranos que se hacen largos y tediosos, cayeron en sus manos algunos volúmenes de la serie Alianza 100. Ahí vivió dos epifanías literarias: “leer La infancia de un jefe, de Sartre, y poco después El perseguidor de Cortázar, mediante el que además acabé entrando en el mundo del be bop a través de Charlie Parker y Dizzy Gillespie”.

En el instituto escribía poemas y letras de canciones y, de pronto, a los diecisiete, todo se alineó. Lo tuvo claro. “Fue un momento de oro, una época repleta de estímulos en la que me puse a escribir mucho y empecé a vislumbrar un futuro como escritor, a todos los niveles”. Fue como conectarse de forma clara con el propósito de su existencia.

Chico acaba de publicar Geografía escrita (Candaya), una cartografía literaria que explora calles, paisajes y paisanajes descritos a través de las plumas que los glosaron. © Javiera Gaete

“Acabé estudiando filología hispánica en Salamanca y ahí pasé de ser el rarito por ser el que escribía a que los raros fueran los que no escribían”, ríe. Desde 2005, se dedica a enseñar en un instituto y a ejercer la crítica literaria desde la revista Quimera, de la que forma parte del consejo de redacción, “aunque en noviembre los actuales miembros del consejo vamos a dejar la redacción de la que se encargarán otras personas que le darán otro enfoque. Es siempre necesario ir renovando proyectos de este tipo”. 

Y, por supuesto, ante todo, sigue escribiendo, poniéndose a salvo de ese mundo que mata. “Ahora mismo, además de un nuevo poemario, estoy trabajando en un nuevo ensayo ficción centrado en la figura del artista Ricard Opisso”, anuncia, a propósito de uno de los más ilustres dibujantes y cronistas gráficos de Barcelona.

El escritor Álex Chico

Desde 2005, Chico se dedica a enseñar en un instituto y a ejercer la crítica literaria desde la revista Quimera. © Javiera Gaete

Una discussió entranyable

“Barcelona es la ciudad que ha configurado mi forma de ver el mundo, la que más me acepta y más me rechaza, la que me ha hecho disfrutar más y sufrir más, el lugar al que quiero volver cuando estoy en otro lugar”, explica el parroquiano, que también ha vivido en Plasencia y Granada. “Barcelona es, como la describe Josep Pla, una discussió entranyable”.

La ciudad, que tiene presencia en toda la obra del autor, es objeto de su adoración, aunque, como buen barcelonés, no puede evitar esa parcial componente de odio, “por su despiadada desmemoria, por cómo olvida muchos de los nombres que la han cimentado, acordándose sólo de unos pocos y obviando todos los demás”, lamenta, liquidando de un último trago su cerveza y liándose un cigarrillo que va a salir fuera a fumar.

El escritor Álex Chico.

El escritor descibre Barcelona como "el lugar al que quiero volver cuando estoy en otro lugar". © Javiera Gaete

--- Lo que no debe caer en esta amnesia forzada es la oferta gastronómica de este Bar. No sé si, siendo la hora que es, te apetecerá cenar algo de la carta, unas tapas o un bocata…

Álex Chico sonríe. El ritmo festivo de Centro di gravità permanente de Franco Battiato sobrevuela la atmósfera del local. La noche se anima.

--- Venga, haré unas tapas--- decide el escritor, rememorando con afecto su paso por los mejores y peores bares de Granada.

Sobre el autor

Alberto Valle
Alberto Valle

Escritor, periodista, gestor cultural

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