EL BAR DEL POST

Enric Chalaux: Sin salir de esa otra dimensión

Enric Chalaux
Enric Chalaux
(Escritor, periodista, gestor cultural)
28 de julio de 2025 - 22:43

“Vivo en dos dimensiones, una más terrenal y otra, que para mí es imprescindible, en la que me paso el día pensando en canciones, escribiendo, componiendo, tocando, grabando tomas o construyendo sintetizadores modulares y pedales de guitarra”. Sentado en la terraza, oyendo cómo desde dentro del Bar emergen los sintetizadores cósmicos y la spoken word de las Zodiac series de Mort Garson, Enric Chalaux degusta un vermú Iris y se lía un cigarrillo. “Mis amigos son los que me suelen bajar a la tierra porque, si fuese por mí, estaría todo el rato en esa otra dimensión”, ríe.

Cuando entró en la escena musical barcelonesa, integrándose en la banda Stay, el músico ya tenía un rodaje cuanto menos insólito. “Yo tocaba el sitar, que había aprendido con Jesús de Sidonie y con un gurú indio afincado en Barcelona, y otros instrumentos como el saz turco, percusiones africanas o el theremín”. Aquel bagaje llevó a Stay a virar hacia un sonido más centrado en la psicodelia de los 60: algo menos rocanrolero y mucho más permeable a patrimonios sonoros no occidentales. “A todas esas músicas de ahí fuera”.

Sonidos que habitan en esa otra dimensión de Enric, alma viajera que exultó aquel día en Honolulu, “cuando aterricé tras pasar un mes en Los Ángeles, donde me habían robado la maleta y, de pronto, me tumbé en la hierba y me dejé arrastrar por los sonidos, la brisa, el rumor de las guitarras hawaianas, y aquella experiencia me reconfiguró como persona”.

O aquel otro día, en el Rif de Marruecos, buscando la Joujouka de Brian Jones, “tocando con gente de ahí y sumiéndome en un estratosférico estado de trance”, rememora el músico y compositor, que confiesa que, aunque el directo le gusta, su hábitat natural es el estudio de grabación, “donde puedo experimentar y desarrollar el sonido. Donde, a veces, de los descartes de una canción, nacen otras dos”.

De vampiros y amores psicodélicos

Tras su paso por Stay, que recientemente han cumplido sus dos décadas de andadura, Enric Chalaux fundó Aleppo Pine, un proyecto centrado en el folk ácido, con los que grabó dos álbumes exquisitos, “aunque el segundo sólo vio la luz en formato digital, porque en cuanto acabamos de grabarlo, el grupo se disolvió”.

La siguiente aventura fue la de Magma Malone, con los que grabó el EP Le ciel interdit y el single Les vampires bronzées ---del que se muestra especialmente orgulloso---, y con la que llegó al hartazgo “de una Barcelona donde tienes que pagar por tocar en los locales en vez de actuar y cobrar tu caché”, por lo que se trasladó a Lyon. Ahí refundó la banda y se dedicó a tocar y organizar eventos, “hasta que llegó la pandemia y todo aquello se terminó, pero a la vez me dio tiempo a montarme un estudio en casa”.

Enric Chalaux, músico

Enric Chalaux con el sitar.

Una vez instalado entre instrumentos y amplificadores, alimentando su otra dimensión, el artista empezó a trabajar en su siguiente proyecto, Vampirámide, nombre que delata su amor por el escritor y dramaturgo Théophile Gautier, autor de La morte amoureuse.

Por avatares de la vida, el parroquiano tuvo que dejar Lyon y, tras recalar brevemente en la Ciudad Condal, se vio en la obligación de dejarla “por sus precios abusivos que echan literalmente a la gente de aquí”. Ahora vive en Benicarló, “pero cada dos por tres estoy en Barcelona, porque tengo aquí todo el tinglado que me permite tirar adelante con Vampirámide”. Ya tiene grabados varios discos de este proyecto y, en breve, verá la luz el primero de la mano de Flower Canyon Records, tras publicar en redes el single de adelanto, Romance vampiro, con videoclip realizado ---cómo no--- por el propio Enric.

¿Dónde está el sentimiento artístico?

“En Barcelona hay cosas maravillosas, como por ejemplo Magick Brother & Mystic Sister, que hacen cosas maravillosas, pero a la ciudad le falta tener el sentimiento artístico en el aire, que sí he visto, por ejemplo, en Lyon u otras ciudades a las que he viajado”, razona el músico.

--- ¿A qué te refieres con sentimiento artístico?

Sorbe un trago de vermú. “Me refiero a que aquí está todo tan institucionalizado que mucho talento se va de aquí, porque esta ciudad no permite hacer cosas de una forma libre, independiente y minoritaria. O pasa por el filtro institucionalizado o pasa por las lógicas del mercado, y eso aleja a muchos artistas que no se ajustan a ese esquema”. Y liquida su bebida, antes de rematar: “Y es una lástima, porque algo que me encanta de Barcelona es la actitud abierta y el espíritu colaborativo de mucha gente. Se podrían hacer muchas más cosas”.

--- Mientras piensas en todo lo que se podría hacer, y teniendo en cuenta que ya se ha hecho la hora de comer, ¿te podemos tentar con nuestra oferta gastronómica?

Enric Chalaux baja instantáneamente de su dimensión, de ese trance vital de canciones y arreglos y sonidos al borde de la realidad palpable, y sonríe.

“Una ración de calamares a la plancha con su ajo y perejil me haría muy feliz”, responde. Y antes de dar tiempo a cursar la comanda, añade: “Y luego querré ver qué hay de postre, porque, eso sí: ¡el postre no lo perdono nunca!”.

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Sobre el autor

Alberto Valle
Alberto Valle

Escritor, periodista, gestor cultural

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