Enoturismo con valor añadido: escapadas que van más allá del vino

Gerard Domingo, director Escola Enoturisme © Sergio Ros
Gerard Domingo, director Escola Enoturisme © Sergio Ros

En la provincia de Barcelona, las propuestas que conectan paisaje, gastronomía y patrimonio están transformando la experiencia vitivinícola tradicional

12 de agosto de 2025 a las 10:13h

Desde visitas a bodegas hasta yoga entre viñedos, pasando por vermuts musicales o pícnics al aire libre, el enoturismo en la provincia de Barcelona se aleja del modelo clásico y se reinventa con nuevas perspectivas. Las propuestas actuales responden a intereses más amplios ---desde el turismo de bienestar hasta experiencias culturales o familiares--- y nos invitan a descubrir el mundo del vino más allá de la cata.

Comarcas como el Alt Penedès, el Bages, el Maresme, el Vallès Oriental o el Garraf apuestan por un modelo más inclusivo, sostenible y experiencial, con el objetivo de conectar a los visitantes con el territorio de una forma auténtica. Esta evolución refleja un cambio de paradigma: el enoturismo ya no se vive como una actividad especializada, sino como una experiencia cercana y arraigada que pone en valor el viñedo, la gastronomía y la identidad local.

Dejando atrás la cata clásica

“Las bodegas han dejado atrás el enoturismo dirigido únicamente a wine lovers o expertos. Han entendido que la oferta debe ir mucho más allá”, afirma Gerard Domingo, director de la Escola d’Enoturisme de Catalunya. Este cambio ha sido clave para llegar a nuevos públicos: familias, parejas jóvenes, grupos de amigos o personas que simplemente buscan desconectar y disfrutar de una experiencia en plena naturaleza. “Cada vez hay más bodegas que ofrecen mosto. No es anecdótico. Está muy ligado a lo que las familias buscan: experiencias para compartir”.

Esta apertura ha venido acompañada también de un creciente interés por la dimensión cultural. Espacios como el VINSEUM – Museu de les Cultures del Vi de Catalunya, en Vilafranca del Penedès, el Cava Centre de Sant Sadurní d’Anoia, el Centre d’Interpretació de la Malvasia de Sitges o los pequeños museos familiares del territorio cada vez reciben más visitantes interesados por el patrimonio y la historia vitivinícola.

VINSEUM - Museu de les Cultures del Vi de Catalunya invita a descubrir la relación milenaria entre el vino y el territorio.© VINISEUM

Paralelamente, las fiestas de la vendimia se han consolidado como momentos claves del calendario enoturístico. “Al final, son expresiones de la identidad, la singularidad y la historia de un territorio”, apunta Domingo, y añade: “Cuantos más elementos tengamos que puedan explicarse a través de fiestas, museos o incluso festivales de música ---que también se organizan muchos---, más completa será la propuesta enoturística”.

Este mes de septiembre, por ejemplo, la provincia de Barcelona acoge varias fiestas de la vendimia destacadas: la Festa de la Verema del Penedès, con propuestas enogastronómicas en las bodegas durante todo el mes; la XXXVIII Festa de la Verema de Cubelles, los días 5 y 6, con actividades familiares y música en directo; la 51ª edición de la Festa de la Verema d’Alella, del 4 al 10, que llena el pueblo de actividades, catas y cultura popular; y la jornada festiva de Pacs del Penedès, el 28 de septiembre, con una programación que combina gastronomía, música y talleres para todas las edades. Además, el 4 de octubre se celebra en Artés la Festa de la Verema del Pla de Bages, con una muestra de vinos, la presentación anual de los productos de las bodegas, espectáculos, una feria de artesanía y actividades familiares.

Bodegas que marcan la diferencia

La evolución del modelo enoturístico no sólo se percibe en las tendencias generales, sino que toma forma en las prácticas concretas de algunas bodegas que han sabido innovar, conectar con nuevos públicos y redefinir el vínculo con el territorio a través de propuestas singulares.

"Hay un cambio de modelo claro: el enoturismo no puede limitarse a consumir el territorio; debe generar retorno y sentido"
Un ejemplo claro es el Celler Can Roda, en la D.O. Alella, que ha incorporado actividades como yoga entre viñedos, con cata posterior, orientadas a un público que busca desconexión, bienestar e inclusión. Para Gerard Domingo, estas iniciativas convierten la bodega en “un espacio de encuentro y cuidado”, al tiempo que participa en proyectos de salud y cohesión comunitaria.

Propuestas que antes podían parecer puntuales, como los vermuts entre viñedos, se han consolidado como formatos capaces de generar comunidad. A menudo se celebran en espacios con encanto, como terrazas rodeadas de naturaleza, y atraen a un público diverso. “Las bodegas identifican los recursos que tienen a su alcance y los integran en el proyecto”, destaca Domingo. Son experiencias abiertas y accesibles, incluso para quienes no consumen vino, pero desean sentirse parte del paisaje.

También destaca el caso de Oller del Mas, en la D.O. Pla de Bages, actualmente la bodega más visitada de Catalunya, a pesar de no competir en volumen de botellas con otras grandes marcas. Su fortaleza radica en haber entendido cómo funciona el turismo actual y haber apostado por un modelo integrado. Han creado su propio operador turístico para gestionar las visitas y han desarrollado una oferta completa que incluye hotel, campo de golf y cabañas inmersas en el paisaje. Para Domingo, “ofrecen una diferenciación real, con valor y cercanía”.

Enoturismo en la bodega Familia Torres, en Pacs del Penedès. © Ricard Badia / Diputació de Barcelona.

La reconocida Familia Torres también ha dado un paso firme hacia un modelo más arraigado y sostenible. Han abierto el restaurante El Celleret, donde apuestan por el producto de proximidad, y organizan actividades que conectan con la naturaleza y los valores medioambientales. “Aquí hay un cambio de modelo claro: el enoturismo no puede limitarse a consumir el territorio; debe generar retorno y sentido”, afirma el director de la Escola d’Enoturisme de Catalunya.

Finalmente, el caso de Alta Alella, la bodega más visitada de la D.O. Alella, evidencia cómo una apuesta decidida por la singularidad puede reforzar una marca. Desde sus inicios han impulsado un enoturismo abierto e innovador, con iniciativas como el maridaje a bordo de un velero en alta mar. Acciones como esta, que trasladan la experiencia más allá de la bodega y conectan con los valores del territorio, ejemplifican la voluntad de repensar el enoturismo desde una mirada valiente y comprometida.

Colección de vinos históricos en la Escola d’Enoturisme de Catalunya, un archivo líquido que explica la evolución del territorio. © Sergio Ros

Las denominadas Rutas del Vino de Barcelona proponen disfrutar del paisaje y de la cultura del vino, del cava y de los espumosos en tres zonas vitivinícolas con Denominación de Origen ---D.O. Penedès, D.O. Pla de Bages y D.O. Alella---, que ofrecen una amplia variedad de propuestas cerca de la ciudad de Barcelona. A través de las tres rutas ---Ruta del Vino del Penedès, Ruta del Vino D.O. Pla de Bages y Ruta del Vino D.O. Alella--- es posible encontrar opciones para visitar bodegas, realizar catas de vino y vivir experiencias enoturísticas como las mencionadas.

Una visión de conjunto para repensar el modelo

El estudio Wine Travel Observer, impulsado por la Escola d’Enoturisme de Catalunya, ofrece una radiografía detallada del sector y aporta dos ideas clave para comprender el momento actual. Esta segunda edición ha identificado 1.090 negocios vinculados al enoturismo en Catalunya, que ofrecen actividades relacionadas con el vino y el turismo. Entre ellos, destacan 435 bodegas visitables, 470 restaurantes, 102 establecimientos turísticos, 60 agencias de viajes y 23 empresas de servicios.

“El enoturismo, con todos los actores que lo integran, puede ser la punta de lanza de Catalunya para cambiar el modelo turístico y poner en valor el trabajo de los productores”
Tal como explica Gerard Domingo, el estudio arroja dos conclusiones principales. La primera es la necesidad de construir un relato compartido que permita identificar el enoturismo bajo unos mismos parámetros y que actúe como un sello de valor reconocible. La segunda se refiere al equilibrio territorial: “Aunque buena parte de la actividad enoturística se concentra en entornos rurales, las ciudades juegan un papel importante como plataformas de conexión y difusión”, señala. Es el caso de numerosos visitantes que recorren el Penedès, pero se alojan en Barcelona, lo que refuerza la necesidad de establecer vínculos más sólidos entre ciudad y territorio.

Otro de los aspectos destacados del estudio es su análisis territorial, que pone el foco en la distribución de las bodegas visitables. “Los territorios de la demarcación de Barcelona cuentan con 182 bodegas visitables, lo que representa casi la mitad de todas las de Catalunya”, indica. Dentro de la provincia, el Penedès lidera la oferta con 152 bodegas, seguido por la D.O. Pla de Bages, con 17, y la D.O. Alella, con 13. A pesar de sus dimensiones más reducidas, tanto la D.O. Pla de Bages como la D.O. Alella destacan por su intensidad y su madurez dentro del sector.

Domingo analiza los nuevos horizontes del enoturismo, un sector en plena transformación. © Sergio Ros

Alargar la estancia y tejer alianzas: el reto del nuevo enoturismo

De cara al futuro, uno de los grandes retos es aumentar la estancia media de los visitantes. “El enoturismo, con todos los actores que lo integran, puede ser la punta de lanza de Catalunya para cambiar el modelo turístico y poner en valor el trabajo de los productores”, apunta el director. Se trata de un nuevo enfoque que busca contribuir a la dinamización de las economías del interior y a la preservación del territorio.

El especialista también destaca el creciente peso de la restauración dentro de la experiencia enológica. Cada vez más restaurantes apuestan por los vinos locales y se convierten en prescriptores de sus productores. Paralelamente, se multiplican las sinergias entre cocineros y bodegas, dando lugar a propuestas más arraigadas y con valor añadido. “Juntos somos capaces de generar más valor”, asegura Domingo. “Al fin y al cabo, el vino es gastronomía líquida”.

En definitiva, el enoturismo en la provincia de Barcelona ya no puede entenderse como una simple visita a una bodega. Se trata de una experiencia 360°, que implica a diversos actores y que ofrece una gran variedad de propuestas para públicos muy diversos: familias, amantes de los museos, grupos de amigos con ganas de aventura o foodies apasionados por los ingredientes locales. Es una manera de conocer el territorio con todos los sentidos, que al mismo tiempo lo cuida, lo proyecta y lo transforma. Enoturismo cerca de Barcelona, muchas experiencias por descubrir.

Más información en: https://www.barcelonaesmoltmes.cat/es/vinos-bodegas y https://www.barcelonaesmoltmes.cat/es/gastronomia