Empieza la batalla por Barcelona

A diferencia de muchos países del mundo, como Estados Unidos o Italia, nuestra capital es el centro neurálgico de la política nacional, y todo lo que acontece aquí marca el inicio de futuras luchas y desvaríos. Aún faltan muchos meses para las municipales de 2027, pero las máquinas de los partidos ya empiezan a ejercitar la bullanga y, a su vez, la segunda ola del barómetro municipal ha certificado algunos datos ya intuídos, como que el futuro de la ciudad -y también del país- se dirimirá entre el intento de pax autonómica impulsada por el PSC y la capacidad de Aliança Catalana para neutralizarlo. Pese a no aprovechar demasiado el glamour que regala la alcaldía, Jaume Collboni se consolida como el líder municipal más conocido con la valoración más alta, pero con un simple aprobado (5,2). En cuanto al orriolismo, se confirmaría la tendencia demoscópica nacional con un 3,9% de intención directa de voto, en parte gracias al ocaso parcial de Junts per Catalunya (3,4%). 

El triunfo aparentemente tranquilo del PSC tiene sus matices; por un lado, la mayoría de conciudadanos (55%) consideran que la ciudad ha empeorado durante el año 2025, aunque también dicen opinar que el actual equipo de gobierno ha hecho una gestión muy buena (45,7%) o normalita-regular (16,2%). Estos datos traducen perfectamente el perfil político del alcalde Collboni, un líder que no ha compartido una idea clara sobre qué rumbo debe guiar Barcelona pero que, superando la capacidad de gestión del día a día y de orden público de Ada Colau, ya tiene suficiente como para continuar flotando por el mundo. A su vez, Collboni se ha beneficiado de que mis correligionarios independentistas le regalen competidores de la altura de Elisenda Alamany, una política con una profundidad equivalente a sus espantosos vídeos promocionales de Instagram, o Jordi Martí Galbis, un buen chaval y notable concejal que, pese a lo que digan los barómetros, no le conocen ni en su casa.

En resumidas cuentas, el único interés que presenta la dinámica actual en Barcelona es el enigma del approach que propondrá Sílvia Orriols en la capital. De momento, la líder de Aliança calmó las aguas barcelonesas iniciándose en el arte de la mentira, afirmando que ya tenía un candidato muy atractivo en la cabeza. La cosa está muy lejos de ser real, y la muestra del hecho es que su partido ha tenido que desmentir posibles alcaldables que alguien (incluido ellos mismos) había disparado como globo sonda. Aunque los problemas asociados a la inmigración ya sean el cuarto motivo de inquietud de los conciudadanos (en un raquítico 6% de los encuestados), Orriols sabe que Barcelona no es Manlleu o Banyoles, y que el fenómeno de la inmigración -y la diferencia, en general- siempre tiende a desvanecerse en un entorno más urbano. Barcelona no pide campesinos motivados, ni cuñados oportunistas porque, pese a los malos tiempos, todavía no nos hemos vuelto totalmente majaras.

"Por el momento, hay un 55% de barceloneses a la espera de una propuesta motivadora"
Más allá de un aspecto tan importante como es el candidato, yo diría que Aliança podría abrir un espacio importante en Barcelona si presentara un equipo de gente realmente dolida con la decadencia de una capital de nación y, ya que estamos, con recetas para resucitarla que vayan más allá de mantras como “turismo de calidad” o “movilidad sostenible”.  Esto requeriría un candidato que pudiera explicar a la ciudadanía que la capital del país sólo podrá subsistir si se descastellaniza y apuesta por recuperar la Barcelona catalana que es, a su vez, la auténtica capital de Mediterráneo. Jaume Collboni podrá contrarrestar con facilidad un alcaldable semi-convergente de aquellos que disparan muchas cifras sobre seguridad o que ponen cara de lástima cuando te dan la turra de los problemas habitacionales (ecs). Por el contrario, lo tendría muy peludo contra algún tipo o tía que conecte el futuro de la ciudad con su historia más profunda.

La batalla por Barcelona comienza justo ahora porque el país tampoco acaba de estar contento con un gobierno nacional que se escuda en la eficiencia de una gestoría y se contenta con la estética del pujolejar. Será interesante ver quién se atreve a no adaptarse a esta paz impuesta tras los tiempos del 155 y también tiene la suficiente fuerza como para ensuciarse con nuestros problemas, evitando aquella sempiterna vocecita y pose de intentar quedar bien con todos y de no cabrear a nadie. Nos espera un año interesante, queridos barceloneses, y aunque el paisaje parezca moverse poco... las corrientes subterráneas ya empiezan a fer bullir l’olla. Por el momento, hay un 55% de barceloneses a la espera de una propuesta motivadora. Veremos

 

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Bernat Dedéu
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