La Rambla está en obras y, de nuevo, se prepara para reinventarse. A pocos metros, una de sus instituciones más activas también vive su propio momento de transformación: Elisava celebra sus 65 años de trayectoria abriendo una nueva etapa. Lo hace consolidada como facultad universitaria, con investigación propia, proyección internacional y una ampliación que reforzará su presencia en el centro de Barcelona.
La decisión de quedarse en la Rambla no es casual ni solo logística. “Podríamos habernos mudado, pero, para nosotros es identitario”, explica la decana, Cristina Taverner. En un momento en que muchas instituciones optan por trasladarse a nuevos polos universitarios, Elisava reafirma su compromiso con el centro. Tanto es así que no solo se queda, sino que crece: a partir de 2027 ampliará las instalaciones a Nou de la Rambla, en un edificio que suma 3.000 metros cuadrados y que permitirá reforzar espacios comunes y entornos de encuentro para el alumnado: "No sustituye el edificio de la Rambla, sino que lo complementa y amplía".
Este será un paso más en el crecimiento de una escuela de diseño que nació en 1960. En plena posguerra, la gestora cultural Maria Rosa Ferré impulsó una escuela de diseño con una mirada insólita para su tiempo: quería abrir nuevas oportunidades a mujeres y a perfiles creativos que buscaban una formación moderna, con una mirada hacia la industria y con una fuerte base humanística. Aquella apuesta pionera situó Barcelona en el mapa del diseño contemporáneo en el Estado, como rememora la que es la primera decana de Elisava, y que antes fue alumna y profesora.
Este nuevo cargo al frente de Elisava es significativo, puesto que implica que ha dejado de ser escuela adscrita para ser una facultad integrada en el ámbito universitario —concretamente, a la Universidad de Vic - Universidad Central de Catalunya. El cambio, formalizado hace cinco años, no es solo administrativo, sino que conlleva una estructura académica propia, profesorado con trayectoria investigadora, generación de conocimiento y una gobernanza equiparable a la de cualquier otra facultad universitaria.
Barcelona, capital del diseño
La trayectoria de Elisava es inseparable de la de Barcelona. La ciudad ha construido a lo largo de décadas una identidad internacional asociada al diseño, e instituciones como Elisava han tenido un papel clave. Hoy, Barcelona es una de las capitales europeas con más centros formativos especializados en diseño, un ecosistema que ha atraído talento e inversión.“El diseño moderno en España nace en parte aquí”, defiende el director de Elisava, Javier Peña. “Tener una facultad como Elisava en Barcelona aporta valor estratégico a la ciudad.” Para Peña, el principal impacto de la institución es el talento: más de 30.000 alumni han pasado por sus aulas en 65 años.
Actualmente, cada año estudian entre 2.400 y 2.800 alumnos, repartidos a partes similares entre grados y másteres. Los grados son mayoritariamente de perfil nacional, mientras que en los másteres el 70% del alumnado es internacional. Esta combinación permite que estudiantes locales trabajen en entornos altamente diversos, una apuesta deliberada para incorporar la mirada global dentro de las aulas.
Pero el impacto no se mide solo en diplomas. Cada año, Elisava desarrolla alrededor de 700 proyectos con empresas. La relación con la industria es intensa y diversa, desde grandes marcas hasta proyectos con empresas emergentes o entidades sociales. Uno de los casos recientes es el desarrollo, conjuntamente con Mango, de un nuevo material para ropa que incorpora un 65% de residuo textil y utiliza aglutinantes compostables de bajo impacto ambiental. El material se ha testado en una tienda piloto en La Roca Village, y está en proceso de patente.
Este tipo de colaboraciones implican directamente al alumnado. “Nos gusta decir que el estudiante sale con un expediente y con un portafolio de proyectos reales”, apunta Peña. Así, el contacto con CEOs, equipos de marketing o departamentos técnicos forma parte de la experiencia formativa.

Más allá de la formación
Así, Elisava no se queda en su faceta formativa. Pero va más allá de las colaboraciones con empresas, y también tiene otra pata relevante: la de la investigación. Actualmente, la facultad desarrolla cerca de 40 proyectos activos. Es una dimensión relativamente reciente —el área se ha consolidado en los últimos seis años— pero ya forma parte estructural del modelo. La línea más potente es la de biomateriales, con investigaciones centradas en nuevos materiales sostenibles aplicables al producto, el interiorismo o el bienestar.Este salto hacia la investigación es, según la dirección, uno de los grandes diferenciales respecto a otros centros de diseño. “No somos solo una escuela profesionalizadora”, defiende Taverner. “Generamos conocimiento y lo aplicamos al entorno.”
A esta dimensión se suma la incubadora Elisava Impuls, que acompaña ideas con potencial empresarial detectadas dentro del entorno académico. Desde su creación, ha incubado una veintena de proyectos, que incluyen iniciativas como la de Unifit, plataforma digital que conecta estudiantes universitarios, y Atom H2, proyecto de acumuladores de energía basados en hidrógeno.
Son pruebas de que el diseño, entendido en sentido amplio e interdisciplinario, puede traducirse en impacto social y económico. “El diseño tiene la responsabilidad de mejorar el mundo y el planeta”, remarca Peña. Esta vocación transformadora conecta con el origen humanista del centro y con su voluntad de liderar la reflexión sobre los grandes retos contemporáneos.
65 años, 65 formas de celebrar
Elisava ha ido dando forma a la facultad que es ahora y a sus múltiples facetas a lo largo de 65 años. Para celebrar el aniversario, ha previsto 65 formas de conmemorarlo durante este año: exposiciones, encuentros, cenas, intervenciones urbanas y un gran showcase de los proyectos finales que implicará al entorno de la Rambla.La voluntad es abrirse todavía más en la ciudad y celebrar no solo el pasado, sino el potencial de futuro. Cuando las obras de la Rambla acaben y los nuevos espacios de Nou de la Rambla estén en funcionamiento, la coincidencia será simbólica: ciudad y facultad estrenarán etapa casi a la vez, 65 años después de la apuesta de Maria Rosa Ferré.
