Más de 500 barcos, grandes esloras, yates de lujo, un nuevo village, gastronomía de estrella Michelin y grandes marcas han tomado el Port Vell en el regreso del Salón Náutico. Tras una edición de parón por la Copa del América, el evento ha vuelto a llenar el puerto con un aire renovado y un nuevo foco: atraer a un público con más capacidad de compra y más profesional. Todo como una declaración de intenciones, y con un objetivo: consolidarse como una cita imprescindible en el calendario náutico europeo y escalar posiciones entre las grandes ferias.
Con más de 200 expositores y 130 embarcaciones en el agua, el salón será hasta el domingo un escaparate de embarcaciones de todo tipo y tamaño, además de un escenario de conferencias vinculadas a la náutica dentro del Àgora Port, y también de presentaciones de nuevos modelos, desde barcos de vela y motor a catamaranes y grandes yates, pasando también por todo lo relacionado con la navegación, ya sean accesorios, servicios o equipamientos.
Con una nueva distribución y con más espacio, el salón se extiende en esta renovada edición desde el Moll de la Fusta hasta parte de los muelles de Espanya, del Dipòsit y Sota Muralla, a los que por primera vez se suma el Moll de Barcelona, abierto recientemente a la ciudadanía junto al World Trade Center. Numerosos visitantes se pasean por los muelles, algunos curioseando entre los modelos, y otros van más directos, buscando la ubicación precisa de la embarcación que ya tienen en el punto de mira.
Saludos en idiomas y acentos varios se mezclan con el sonido del mar y los barcos, que exhiben una gran diversidad de ángulos y formas, con una tendencia a ensanchar el casco, líneas modernas y una apuesta decidida por el confort. Para no perderse ninguno, los visitantes pueden desplazarse entre los muelles del salón con una lanzadera gratuita, que conecta la Marina Port Vell con los grandes yates atracados en el Moll de Barcelona, a pocos metros del nuevo village y de su propuesta de alta gastronomía a través de Rafa Zafra, enmarcada en la apuesta del salón por reenfocarse hacia un público más exclusivo.
“El cambio de foco nos permite acercarnos mejor a este público”, defiende Albert Cardona desde la empresa de venta de barcos Hermanos Guasch. “Los barcos se dirigen a un público muy concreto, y nuestro objetivo es cerrar ventas y generar clientes potenciales”, remarca Cardona, que elogia la nueva línea del salón: “Hay ocasiones en las que atiendes a un 80% de curiosos sin intención de comprar, y hay que ir a revertir la cifra”. Destinar demasiado tiempo a operaciones que no pueden conducir a una venta representa un hándicap para este tipo de empresas, ya que “el coste y la logística de mover los barcos hasta una feria es complicado”.

Desde la empresa de venta y alquiler de embarcaciones Med Cat Yachts, José Antonio Rojo lo corrobora: “Traer los barcos hasta aquí puede suponer un coste de entre 40.000 y 50.000 euros”. Sin embargo, “estar en Barcelona es una apuesta”, resalta el gerente de la empresa. El salón de Barcelona, de hecho, está posicionado como la cuarta cita ferial náutica a nivel europeo, por detrás de Dusseldorf, Cannes y Génova, y quiere ahora ir escalando posiciones para acercarse a los otros eventos de referencia y apuntalarse como punto clave tanto para vendedores como para compradores. Y aunque esta venta es el objetivo de la mayor parte de los expositores, algunos llegan al salón con otros propósitos, como lo hace la Facultad de Náutica de Barcelona (FNB), de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Con una embarcación a vela que fue donada a la facultad hace medio siglo y que utilizan los alumnos para su formación, la FNB desembarca en el salón para levantar vocaciones náuticas.

El salón no termina en el agua: centenares d’empreses exponen a lo largo de los muelles decenas de embarcaciones, y mucho más. Desde velas hasta cubiertas calefactadas para los barcos, material de salvamento marítimo, motores e incluso vajillas y botas de agua; todo aquello que pueda necesitar un barco para navegar y para todo lo que implica hacerlo, ya sea referente al mantenimiento como al ocio. Scooters submarinos, motos acuáticas y colchonetas de diseños innovadores como las de Bayfloat llenan el Moll de la Fusta junto a los barcos y todo tipo de accesorios, como los del distribuidor alemán SVB.
“Estamos a Barcelona para seguir dándonos a conocer”, aseguran desde la empresa. Lo mismo pretenden desde la empresa Arcos de Popa Veleros, que diseña y fabrica estas estructuras desde Catalunya para colocarlas en la parte posterior de las embarcaciones. “Durante 15 años hemos vivido del mercado francés, pero ahora se ha reducido drásticamente, y estamos entrando en el mercado español y portugués”. Para dar fuerza a esta entrada, acuden al Náutico, aplaudiendo su reenfoque hacia un público con más capacidad de compra: “Para nosotros es preferible atender a diez potenciales clientes en cinco días que a 100 curiosos sin pensamiento de comprar”.

Es una visión que comparten otros expositores, como Miquel Vilanova y Oriol Santos, impulsores de Marconn. La empresa se dirige a puertos y marinas con sus torretas de servicio inteligentes, que dan una nueva dimensión a estas estructuras, que proporcionan los suministros básicos a las embarcaciones atracadas en los muelles. La estructura, que se conecta con una app para hacer seguimiento del consumo, está fabricada con productos reciclados que cambian según el modelo y que van desde tapones de botella hasta redes fantasma recuperadas del mar.
La oferta expositiva del salón se complementa este año con el nuevo village, que incluye un restaurante exclusivo con un menú diseñado por el chef Rafa Zafra, que cuenta con dos estrellas Michelin. El lujo conecta con más lujo junto al village, con las grandes esloras del Moll de Barcelona. Entre ambos espacios, la Terminal Drassanes acoge hasta el sábado el Àgora Port, como punto de conexión profesional con un amplio programa de conferencias, mesas redondas y presentaciones vinculadas al ámbito marítimo.
Cerca de estos profesionales y de los visitantes más exclusivos que se acercan al village, los expositores de grandes yates confían en atraer a un público con interés en comprar a lo largo del salón. Desde Marivent Yachts, Álvaro Alegre pone en valor la importancia de la náutica en la economía catalana, más allá de la compra-venta de embarcaciones, y que va “desde los patrones hasta los distribuidores y los servicios de mantenimiento, con puestos de trabajo cualificados”.
Para seguir potenciando este sector y poniéndolo en valor, el salón aspira a seguir posicionándose entre las grandes citas náuticas, con una oferta que va más allá del agua y con la que se propone mirar de tú a tú a los principales salones europeos. La primera edición del Náutico renovado —la 62 del evento— llega así como un aviso a navegantes: el salón barcelonés está determinado a ganar posiciones en la escena ferial internacional.

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