Más allá de su dimensión cultural, el mercado del arte funciona como una economía híbrida en la que se cruzan cultura, inversión, sociabilidad y reputación. En el centro está la obra y el artista, pero a su alrededor se articula un ecosistema complejo que, según los últimos datos, movió 59.600 millones de dólares en 2025 a escala global, recuperándose un 4% tras dos años de descenso.
En este mercado global, Estados Unidos sigue dominando con el 44% de las ventas, seguido por el Reino Unido (18%) y China (14%), mientras que Francia crece con fuerza (9%). España, por su parte, se mantiene en una posición modesta: en torno al séptimo puesto mundial y con menos del 1% del volumen global, con Madrid y Barcelona concentrando la mayor parte de la actividad, especialmente Madrid.
Ahora bien, más allá de las cifras: ¿cómo funciona realmente el negocio del galerismo? ¿Dónde se generan los ingresos? ¿Cómo están funcionando los segmentos de arte más accesibles (el ticket mínimo ronda los 3.000 euros)? ¿Y los segmentos más caros e inaccesibles?
"En una galería consolidada, la comisión habitual es del 50%"
El retrato de Elisabeth Lederer de Gustav Klimt, pintado entre 1914 y 1916, fue la obra más cara vendida en 2025. Se vendió en noviembre, en Sotheby’s Nueva York, por 236,4 millones de dólares, acaparando titulares en todo el mundo y alcanzando un nuevo récord histórico: es la pieza de arte moderno más cara subastada.
Pero más allá de estos casos excepcionales y llamativos, el funcionamiento ordinario del mercado y el negocio de las galerías es, en esencia, mucho menos vistoso —y mucho más complejo.
Las galerías no son simplemente puntos de venta. Su función económica es más profunda: crean valor simbólico, construyen carreras artísticas, activan redes de coleccionistas y operan en un mercado con altos niveles de opacidad y asimetría de información. Esta combinación explica por qué el galerismo no puede analizarse solo en términos de transacción, sino como una actividad de generación de valor a largo plazo.
El modelo de las galerías de arte: sencillo en apariencia, exigente en la práctica
“El modelo es muy sencillo de entender porque tiene dos siglos y medio”, resume el galerista y consultor cultural Llucià Homs. El mecanismo es binario: la galería compra obra y la revende, o bien la comercializa en depósito a cambio de una comisión. Este segundo modelo es el predominante.
En una galería consolidada, la comisión habitual es del 50%. “Pocas excepciones te encontrarás”, apunta Homs. En algunos casos, especialmente en mercados como el estadounidense, este porcentaje puede ser superior si existe una apuesta clara de promoción.
También hay galerías que operan con comisiones del 30%, pero con un rol mucho más limitado. “Esto implica que prácticamente solo actúan como intermediarios”, explica. Es decir, menos valor añadido y menor capacidad de influencia sobre el posicionamiento del artista.
En cualquier caso, el 50% es un margen bruto. De ahí, después, deben descontarse impuestos, producción de exposiciones, transporte, seguros, promoción y participación en ferias. El resultado final es un margen neto que, si se sitúa entre el 13% y el 20%, ya se considera un buen margen dentro del sector.
Aun así, el sector arrastra desde hace años una reivindicación estructural que impacta directamente en estos márgenes: la fiscalidad. En febrero, galerías de arte de Catalunya y del conjunto del Estado cerraron sus puertas durante toda una semana para reclamar de forma urgente una reducción del IVA cultural aplicado al arte. Actualmente, la venta de una obra —ya sea una pintura, un grabado, una escultura o una instalación— está gravada con un 21% de IVA, un tipo que el sector considera desalineado con el de otros países europeos y que penaliza la competitividad del mercado español. Las principales asociaciones del sector, Art Barcelona y el Gremi de Galeries d’Art de Catalunya (GAC), se sumaron a la convocatoria impulsada por el Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo, que reclama una rebaja fiscal en línea con el entorno europeo.
Un mercado que se recupera y se desplaza hacia los tramos medios
Tras la caída del 12% en 2024, el mercado ha iniciado una fase de recuperación moderada en 2025. Pero este ajuste no ha sido uniforme. Según el último informe Art Market Report 2025, elaborado por la economista Clare McAndrew, fundadora de Arts Economics, el segmento más alto —obras por encima de los 10 millones de dólares— ha reducido notablemente su actividad, mientras que las franjas medias y bajas (por debajo de los 50.000 dólares) han ganado peso.
"El canal digital representa el 17% de las ventas globales"
En paralelo, el canal digital se ha consolidado como parte estructural del negocio: ya representa el 17% de las ventas globales, y una parte significativa de las operaciones se cierran sin ver físicamente la obra. Plataformas como Instagram se han convertido en canales comerciales clave.
Otro cambio relevante es el avance hacia la paridad de género en el mercado primario: las mujeres artistas ya representan el 45% de las exposiciones en galerías.
Y aunque todas estas son tendencias globales, también marcan —con matices— la evolución del mercado español, todavía poco sistematizado en datos.
Con unos 330 millones de euros anuales, el mercado español sigue siendo reducido en comparación con los grandes centros globales. Históricamente, su cuota se ha situado entre el 0,5% y el 2%. Dentro de este contexto, Catalunya representaría aproximadamente el 25% del mercado estatal, por detrás de Madrid, que concentra más del 40%.
Se trata, sin embargo, de un mercado altamente internacionalizado. “El mercado del arte se ha globalizado completamente”, explica Homs. “Ha pasado de ser local a ser global, gracias a las ferias, la tecnología y el turismo.” Esta apertura ha ampliado la base de compradores internacionales, pero se ha combinado con otra tendencia menos favorable: la reducción del coleccionista local.
Un sector abierto… pero difícil de sostener
El galerismo es un sector con pocas barreras de entrada, pero con una baja tasa de supervivencia en el tiempo. “No hay barreras de entrada: cualquiera puede abrir una galería. Lo difícil es que dure”, señala Miquel Alzueta, galerista barcelonés con una larga trayectoria en el sector.
Y los datos lo corroboran: según el último informe disponible sobre el galerismo en España (2020), una parte significativa de las galerías españolas han nacido después de la crisis de 2008, pero solo una minoría consigue consolidarse a largo plazo. La sostenibilidad del negocio —más que la entrada— es el verdadero reto.
¿Dónde se generan las ventas?
El mercado del arte se divide entre galerías y subastas, con un reparto aproximado del 50%. Sin embargo, dentro del canal galerístico, el peso de las ferias es determinante: aproximadamente la mitad de las ventas se realizan fuera del espacio físico de la galería. “Se vende más fuera que dentro de la galería”, resume Alzueta.
Ahora bien, pese a la creciente competencia de canales digitales, ventas directas de artistas o nuevas herramientas tecnológicas, las galerías siguen siendo el principal canal de comercialización.
Las ferias son una pieza central del modelo de negocio, pero con una rentabilidad directa limitada. “Sin ferias no se puede vivir, pero de las ferias tampoco se vive”, afirma Alzueta, quien apunta que los costes de participación pueden situarse entre los 50.000 y los 70.000 euros, lo que obliga a entenderlas como una inversión en visibilidad, reputación y red. Y Homs refuerza esta visión: “muchas galerías viven de las ferias, pero no todas pueden acceder”, señala.
El caso de ARCOmadrid ilustra su impacto sistémico: más allá de los 95.000 visitantes y los 195 millones de euros generados, activa todo un ecosistema paralelo de exposiciones, compras institucionales y eventos. En este sentido, las ferias no son tanto un canal de venta como una infraestructura de mercado, generadora de oportunidades de negocio que suceden fuera del recinto ferial.
El cuello de botella: el coleccionismo
Ahora bien, pese a las ferias, los artistas y las galerías, no hay mercado sin demanda. Y aquí emerge una de las principales debilidades de Barcelona: la falta de un tejido amplio y constante de coleccionistas.
A pesar de la capacidad de regeneración del sector —con nuevas galerías y una creciente proyección internacional— el mercado sigue condicionado por un coleccionismo local limitado. “El coleccionista local se ha reducido”, resume Homs.
Y el problema parece ser en gran medida generacional. El economista Enrique Lacalle, gran coleccionista, impulsor de By Invitation y presidente del Círculo Ecuestre, lamenta que su generación “compra menos y los jóvenes no acaban de entrar”, explica. “La vida es más compleja y hay otras prioridades.”
Él mismo es ejemplo de un modelo distinto: “Empecé comprando cuadros en lugar de otras cosas. Compraba, vendía… y con poco capital he acabado construyendo una colección muy correcta.” Para él es una manera de vivir el arte: “el coleccionismo es un vicio”.
La falta de coleccionismo joven afecta especialmente al segmento de entrada. ¿Qué es hoy una obra asequible? “Unos 3.000 euros”, apunta Alzueta. Pero este tramo está en retroceso: los nuevos compradores no siempre disponen de ese capital o no perciben suficiente atractivo en la oferta existente.
Iniciativas como By Invitation intentan reducir esta barrera, con piezas a partir de 1.000 o 2.000 euros y una apuesta clara por captar nuevos coleccionistas.
Menos especulación, más criterio
Ahora bien, el perfil del coleccionista también está evolucionando. Según el informe de Art Basel y UBS, el mercado vive una fase de consolidación: menos orientada a la compra especulativa y más centrada en la construcción de colecciones coherentes y sostenibles.
En paralelo, emerge una nueva generación que entiende el coleccionismo no solo como inversión o estatus, sino como una forma de apoyo a la creación contemporánea y de impacto cultural.
A diferencia de otros sectores, el mercado del arte no se rige únicamente por variables objetivas. Los precios no son transparentes, la información es limitada y el valor es, en gran medida, construido.
En este contexto, el papel de la galería es central: no solo como intermediaria, sino como agente que valida, posiciona y genera confianza en un mercado con información imperfecta.
Porque, en el fondo, el galerismo no es un negocio de producto, sino de criterio. Y en un mercado donde el valor no es evidente, el criterio es lo que acaba generando precio.
