La Boqueria ha editado un libro conmemorativo.

180 años del mercado de la ciudad

El libro La Boqueria 1840-2020 conmemora el 180º aniversario del mercado en su emplazamiento actual y da voz a sus protagonistas, los comerciantes

Si Barcelona fuera un mercado, todos sabemos cual sería. La Boqueria no es solo parte de la historia de la ciudad, sino que es uno de los grandes iconos de su paisaje sentimental. El libro La Boqueria 1840-2020 repasa los últimos años de la historia del mercado a través de planos e imágenes, pero sobretodo dando voz a sus protagonisas.

 

La obra, editada por la Asociación de Comerciantes del Mercado, fue presentada ayer en la misma plaza, coincidiendo con los actos conmemorativos del 180º aniversario del emblemático recinto. Los autores, Matilde Alsina —responsable de Comunicación del Mercado de La Boqueria— y Genís Arnàs —jefe del Departamento de Mercados de Barcelona—  han querido relatar la evolución de la Boqueria desde su instalación en el antiguo Convent de Sant Josep hasta el emblemático mercado que es hoy.

En La Boqueria, desde 1867, la familia Graus siempre ha vendido olivas y conservas. En la imagen, Mercè, abuela de los actuales concesionarios del puesto, en vísperas de la Navidad de 1956.

Para hacerlo, no han seguido un orden cronológico sino temático, que “ayuda a entender mejor la fuerte relación que el mercado mantiene con el barrio, con los vecinos y con la ciudad,” en palabras de los autores. La obra enfoca la historia del mercado desde diferentes ángulos, explorando aspectos como los orígenes del mercado en la propia Rambla, las particularidades del edificio, los productos, los puestos del mercado y la historia de sus comerciantes.

Los autores, grandes especialistas y estudiosos de los mercados, han querido aclarar algunos mitos, como por ejemplo los que rodean el origen del nombre Boqueria. Como ellos mismos explican, “el proyecto surge de la voluntad de escribir una historia documentada del mercado que complemente la tradición oral que ya existe”. Gracias al libro podemos confirmar que el mercado toma su nombre de la carne de macho cabrío —boc, en catalán— que vendían aquellas carnicerías de la Barcelona del siglo XIII, en las que solo se despachaba carne de segunda calidad, y en torno de las cuales se juntaban payeses a vender sus productos.

Entrega del premio a la calidad profesional a la Carnicería Alonso a principios de la década de 1960.

La historia de este mercado de abastos, ubicado en el epicentro de Ciutat Vella, ha estado muy definida por su carácter popular y vocación de servicio público. Como explica Matilde Alsina, “la dimensión popular del mercado se explica porque no es solamente un lugar de compra, sino un punto de encuentro: es una plaza entendida como espacio de intercambio, en todos los sentidos”. Pero también que “a lo largo de la historia, su situación de centralidad ha jugado a favor, pero otras veces en contra”, recordando como el mercado fue blanco de las bombas anarquistas a principio de siglo XX.

La obra ha sido editada por la Asociación de Comerciantes del Mercado.

El libro, que en su repaso histórico recuerda también el pasado mayorista de un mercado que ahora es minorista y  a la vez polo gastronómico,  no ha querido ser ajeno a la realidad de un presente que lo ha trastocado todo. En su último capítulo se hace alusión al estallido de la pandemia causada por la covid-19, contando de qué manera vivieron los comerciantes aquellos momentos tan críticos. Sin dramatismos, el libro recoge el testimonio de los trabajadores del mercado que, a pesar de todo, decidieron permanecer abiertos en las semanas más duras del confinamiento, pensando en cómo seguir ofreciendo servicio a sus clientes.

La Boqueria, mercado popular y emblema de Barcelona, ha sabido adaptarse al paso del tiempo y resistir en un barrio que necesita urgentemente volver a sentirse vivo. Más que un homenaje, La Boqueria 1840-2020 es un mapa que ayuda a hacer confluir los diferentes caminos de un relato histórico y social que sigue en construcción.

El mercado durante los días de confinamiento. ©ACMB – Matilde Alsina