© Festival Cruïlla

El ICF junto a las empresas: el caso del Festival Cruïlla

El cultural ha sido uno de los sectores más fuertemente golpeados por la crisis económica surgida a raíz de la COVID-19. El cierre, por motivos sanitarios, de museos, teatros, cines y salas de conciertos, así como la cancelación de diferentes festivales y espectáculos, han provocado que numerosas entidades, empresas y pymes del sector hayan visto en el ICF una opción para financiar sus necesidades de circulante y tener la solvencia necesaria para adaptar aquellos proyectos que tenían en marcha. Uno de los casos más relevantes ha sido el Festival Cruïlla, este año reinventado en el Festival Cruïlla XXS.
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na de las consecuencias más evidentes de la COVID-19 ha sido la parada de la actividad cultural, que ha provocado que un gran número de microempresas, pymes y entidades del sector, que dependen de unos ingresos muchos ligados a la agenda cultural anual, se hayan visto con dificultades de liquidez a corto plazo. Vista la situación, el ICF y el Departamento de Cultura de la Generalidad de Cataluña, a través del ICEC, impulsaron los préstamos ICF Cultura Liquiditat, una línea de financiación sin comisiones dirigida a empresas del sector afectadas por la pandemia.

Una de estas empresas ha sido el Festival Cruïlla, que este año llegaba a su 15 aniversario, posicionado como uno de los festivales musicales de referencia de la temporada de verano en Barcelona. Desde que se trasladó a la ciudad condal en 2008, el Festival Cruïlla no ha parado de crecer, llegando a alcanzar en su edición pasada la cifra récord de 77.000 asistentes, casi 20.000 más que el año anterior. Las restricciones sanitarias causadas por la COVID-19, sin embargo, hacían imposible que la edición de 2020 se celebrara con las características pensadas desde la organización, y hacían aún menos posible alcanzar cifras de asistencia como las de ediciones anteriores.

Dada esta situación, la organización del festival decidió solicitar un préstamo al ICF a través de la línea ICF Cultura Liquiditat para adaptar el formato, reduciendo los aforos y limitándolos a capacidad de entre 200 y 800 personas en diferentes espacios de la ciudad, así como asumiendo todos los requerimientos sanitarios pertinentes para asegurar la salud de trabajadores, artistas y asistentes. De este modo, nacía el Festival Cruïlla XXS. Paralelamente a la creación de esta nueva propuesta, Festival Cruïlla tuvo que gestionar el retorno del dinero en concepto de abonos y entradas de aquella parte del público que así lo decidió.

 

El ICF, como banca pública de Cataluña, continúa apoyando al tejido económico para financiar proyectos que permitan construir un futuro sostenible en el que el crecimiento y la innovación sean ejes vertebradores de la economía y las empresas.