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El gran tesoro exclusivo del Cercle del Liceu

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El elitista club privado conserva una valiosa colección de arte, donde destacan los 12 cuadros de Ramon Casas en el salón La Rotonda

15 de abril de 2026

Juan Carlos López era el jefe de los bomberos de Barcelona cuando el fatídico 31 de enero de 1994 las llamas devoraron el Gran Teatre del Liceu. Fue de los primeros en advertir que había que salvar la valiosa colección de pinturas y otros objetos artísticos del vecino Cercle del Liceu. Así fue como bomberos, policías municipales y empleados del club se apresuraron a descolgar los lienzos y transportarlos a pie y en una furgoneta hasta el cercano Palau de la Virreina. Pese a la alarma, el fuego, iniciado en unos trabajos de soldadura en el escenario del teatro, no afectó al Cercle, de modo que se conserva intacto, así como el tesoro que protege.

El Cercle del Liceu es un club privado relacionado con el teatro lírico pero independiente de él, aunque el primero no se entiende sin el segundo. Su carácter privado hace que el acceso sea solo permitido a los socios. Eso significa que admirar su interior está vetado al resto de ciudadanos. Solo se hace una excepción cuando alguien ajeno a la entidad es invitado por uno de los socios, ya sea a su restaurante o a cualquier otra actividad.

Una vez al año, el club abre sus puertas para que la asociación 48H Open House Barcelona organice una visita para quienes han conseguido una plaza previa inscripción. Es una de las contadas excepciones que el público —escasas personas— tiene el privilegio de resolver el misterio de saber cómo es el Cercle por dentro y admirar de cerca lienzos que solo pueden contemplarse en fotografías, de Casas, Rusiñol, Masriera, Brull, Miralles, Ribera, Urgell, Cusachs y Canals, entre otros.

"Hasta 2001, solo podían ser socios los hombres. Las mujeres fueron admitidas tras una larga batalla y una reñida votación"
El Cercle del Liceu cumplirá el año próximo 180 años, igual que el gran teatro. Desde entonces, ser socio es solo accesible para las élites de la burguesía. Hasta 2001, solo podían ser socios los hombres. Las mujeres fueron admitidas tras una larga batalla y una reñida votación. Actualmente, congrega alrededor de un millar de socios.

El club y sus salas son un monumento al modernismo. Todos los espacios tienen su singularidad y uno se pasaría uno o varios días enteros admirando casa rincón. Algunos se ellos invitan a sentarse y contemplar. Nada más y por tiempo indefinido. Por ejemplo, en la sala conocida como Peixera, un conjunto de butacas con vistas a la rambla a través de unas cristaleras y desde una ligera elevación respecto al nivel de la calle. Uno puede pasarse horas allí sentado viendo pasar gente —en estos momentos, obras— por el cosmopolita paseo.

Interior del Cercle del Liceu

Pero la gran joya es el conjunto de 12 lienzos de Ramon Casas en la antigua sala de juego hoy conocida como La Rotonda. Se trata de una docena de plafones encargados al célebre pintor catalán alrededor de 1900. Las pinturas se inspiran en temas musicales y en la vida del público durante las representaciones en el teatro. La Rotonda debe su nombre a la forma semicircular del salón, donde arquitectura y obras de arte dialogan en perfecta armonía. Es otro de los lugares donde evadirse del tiempo sentado en un sofá a los pies de los cuadros.

Ramon Casas tiene una presencia distribuida por todo el Cercle. En el Gran Saló, se encuentra una de sus obras más conocidas. Se trata del retrato de Júlia Peraire, joven modelo y amante del artista. El lienzo se conoce como La Sargantain y produce una especie de efecto hipnótico contemplarlo. El Saló Xemeneia, el Alexandre de Riquer y la Cocteleria son otros de los espacios que vale la pena recorrer, así como el vestíbulo y las cuatro vidrieras instaladas en 1905 obra de Oleguer Junyent con temática wagneriana. Y es que el compositor alemán mantiene desde mediados del siglo XIX un idilio especial con Barcelona, donde cuenta con multitud de seguidores.

Retrato de Júlia Peraire, de Ramon Casas

El Cercle del Liceu se creó el 20 de noviembre de 1847, a los pocos meses de finalizar el gran teatro, aunque su origen hay que buscarlo unos años antes en la Societat Auxiliar de Construcció, constituida en 1844 para obtener financiación para el teatro. En su historia, solo cerró durante la guerra civil. Siempre ha mantenido su carácter exclusivo. Tanto, que hasta el fuego de 1994 tampoco pudo entrar.

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Xavi Casinos
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