LA SEMANA DE LAS GALERÍAS

El arte entre la grúa de lujo y la persiana bajada

MAYORAL- La monnaie vivante© Cecilia Díaz Betz
MAYORAL- La monnaie vivante© Cecilia Díaz Betz

25 de marzo de 2026 a las 23:55h

Barcelona siempre ha tenido una relación complicada con su propia imagen. Nos debatimos históricamente entre ser una capital global que compite con París y Londres, o ser una ciudad que protege su tejido vecinal y creativo más frágil. Hoy, en la primavera de 2026, esa tensión ha dejado de ser un debate de café para estallar en el lugar donde suelen proyectarse nuestras mayores ambiciones y fracasos: el arte contemporáneo.

Hace un mes, las galerías de Barcelona hicieron algo inaudito, bajaron la persiana no por falta de visitantes —las cifras de asistencia a las inauguraciones siguen siendo aceptables—, sino por un exceso de invisibilidad política. Mientras el sector público se entrega a una coreografía de inauguraciones y primeras piedras, el sector privado, el que realmente sostiene el día a día de los artistas, ha dicho basta.

Por un lado, el MACBA celebra sus cimientos de 16 millones de euros en el Raval, y el MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) está ejecutando su plan estratégico hacia el centenario de la Exposición de 1929 con su expansión hacia el Pabellón de Victoria Eugenia. Pero por el otro, el sector que realmente mueve la carrera de un artista local se asfixia con un IVA del 21% que parece diseñado por alguien que odia el coleccionismo.

El museo es el final del camino; la galería es el entrenamiento, la promoción y el sustento
Por ejemplo, en Francia el IVA sobre la importación y primera venta de objetos de arte se sitúa en un competitivo 5,5%, mientras en España el mercado se ve lastrado por una fiscalidad que trata al arte contemporáneo como un artículo de lujo suntuario, equiparable a un yate o un coche de alta gama, y no como un bien cultural.

Esto ha provocado una fuga de capitales sin precedentes. Los coleccionistas catalanes prefieren comprar en las ferias de Basilea, París o Londres, donde la carga impositiva es menor. Las galerías de Barcelona no solo compiten contra el desinterés institucional, sino contra una desventaja competitiva legal que las está borrando del mapa internacional. "No somos tiendas de cuadros, somos gestores de carreras de artistas", comentaba recientemente un veterano galerista. Y tiene razón: sin la galería, el artista local no llega al museo. El museo es el final del camino; la galería es el entrenamiento, la promoción y el sustento.

La Barcelona de 2026 es una ciudad de contrastes feroces. Por un lado, tenemos el relato institucional con museos que aspiran a ser faros internacionales, ampliando metros cuadrados para albergar colecciones que, irónicamente, a menudo dependen de la investigación y el archivo de esas mismas galerías que hoy se plantan. Las instituciones están en "modo expansión", pero corren el riesgo de convertirse en hermosos contenedores vacíos de alma local.

L'exposició 'La monnaie vivante' a la Galería Mayoral durant la Barcelona Gallery Weekend. © Cecilia Díaz Betz

Ante la presión inmobiliaria de Barcelona —donde el precio del metro cuadrado de local comercial ha subido un 12% en el último año debido a la proliferación de oficinas de coworking y tiendas de conveniencia—, el arte ha buscado refugio en la periferia.

L'Hospitalet ya no es el plan B; es el centro de gravedad. Allí, entre naves industriales y estudios compartidos, el arte no espera el permiso del Ayuntamiento. Es un ecosistema orgánico que sobrevive a pesar del sistema, no gracias a él.

No podemos pretender ser una capital del arte contemporáneo si tratamos a las galerías como simples tiendas de lujo y a los museos como parques temáticos de arquitectura
Aquí, la arquitectura es industrial, los alquileres son (todavía) razonables y existe una sinergia real entre talleres de artistas y salas de exposición. Lo que Barcelona está perdiendo por su propia inercia institucional, L’Hospitalet lo está ganando por pragmatismo. Sin embargo, este éxito también es un arma de doble filo: la sombra de la gentrificación ya planea sobre los barrios de Santa Eulàlia y Pubilla Cases.

El conflicto actual es un síntoma de un divorcio anunciado. En 2026, la patronal de galeristas ha dicho basta. La huelga de servicios de gestión documental que se planteó a inicios de año ha puesto en jaque varias exposiciones antológicas programadas para el otoño. El mensaje es claro: si el sistema público ignora la precariedad del mercado privado, el mercado privado dejará de subvencionar con su trabajo gratuito la excelencia de los museos. No podemos pretender ser una capital del arte contemporáneo si tratamos a las galerías como simples tiendas de lujo y a los museos como parques temáticos de arquitectura.

Oriol Enguany a la Galeria Mayoral.

Barcelona tiene el talento y la infraestructura, pero le falta la cohesión. Un ecosistema sano es aquel donde el museo compra lo que la galería descubre y el coleccionista apoya. Si seguimos alimentando solo los cimientos de los grandes edificios mientras dejamos que las persianas de las galerías se oxiden, acabaremos teniendo una ciudad muy bonita de ver, pero completamente vacía de contenido propio.

La gran pregunta que flota en el aire de las redacciones de cultura es ¿tenemos contenido y presupuesto de funcionamiento para llenar tanto continente?

¿De qué sirven los nuevos muros del MACBA si el tejido que debe llenarlos está herido de muerte? Barcelona necesita menos metros cuadrados de hormigón y más "kilómetro cero" creativo. Menos expansión y más protección. Si no cuidamos el mercado primario y los espacios independientes, acabaremos teniendo museos espectaculares para exponer, simplemente, el vacío que dejamos marchar a Berlín.