De los dueños de Casa Amàlia en Barcelona: Barra Cal Pla

Jordi Castán y Sergi Suaña dieron una nueva vida a este clásico junto al mercado de la Concepció
Jordi Castán y Sergi Suaña dieron una nueva vida a este clásico junto al mercado de la Concepció

Un bar de 1965 (Bar Pla) con arraigo en el barrio de la Dreta de l’Eixample llega a buenas manos

22 de julio de 2026 a las 06:46h

El binomio que forman restaurantes y mercados, cuando apenas los separan unos pasos, es una apuesta ganadora si el hostelero se aprovisiona en esa corta distancia. Como hace Casa Amàlia desde hace cuatro años, en Barcelona, cuando los socios Jordi Castán y Sergi Suaña dieron una nueva vida a este clásico junto al mercado de la Concepció. Tras triunfar con su revisión de la cocina catalana y de ultraproximidad, de forma natural ahora le han dado un ‘hermano pequeño’: Cal Pla, justo al lado
(pasaje de Pla, 6 ).

Fachada del bar Cal Pla, con la barra como protagonista al fondo -

Ampliar miras de negocio hacia bares con ‘caliu’ es una tendencia clara en la ciudad, donde resucitan bodegas y barras por doquier. La gracia de Cal Pla es que se trata de un bar de 1965 (Bar Pla) con arraigo en el barrio de la Dreta de l’Eixample, cuyo último titular se acaba de jubilar dejando el pequeño local en buenas manos. Y que la pasión que Castán y Suaña han volcado en él para darle continuidad no es impostada, sino sincera.

Croqueta de pollo ecológico envuelta en cogollo de Tudela. -

Todo lo que te puedas comer en la Barra Cal Pla, que se define como una “barra de mercado contemporánea“, está muy rico. Pero los socios no se han conformado con atender al paladar del comensal, sino que aspiran a un vínculo más emocional. Quieren preservar el bar se siempre que uno tiene al lado de casa, del trabajo o del mercado y al que no se puede resistir para una incursión. Sea para desayunar, vermutear, comer o cenar, y por supuesto como punto de encuentro. La nueva etapa no defrauda, avalada por la dirección gastronómica de Gabriel Sunyer, y una cocina hecha en el propio establecimiento.

Abierto todos los días para el barrio

Por que en el acogedor bar apenas bajan la persiana (lunes a sábados, de 8.00 a 22.00 h. Domingos, de 9.00 a 16.00 h.) más que para dormir. Así que es frecuente el trajín de trabajadores y vecinos a primera hora, dando cuenta de bocadillos fríos de embutidos cuya procedencia (proveedor o tienda) se apunta en la carta, al igual que sucede en Casa Amàlia; también calientes (de clásicos a tentaciones como el Bikini de cecina de Astorga, brie y trufa) o de placeres dulces como la ensaimada de la pastelería Sauleda, o el Pain au Chocolat de Éric&Benjamin, siempre referenciados.

Berenjena asada con straciatella y picada de menta y chile verde -

La gula del desayuno de tenedor o del mediodía ya pasa a palabras mayores, porque desde las 9.00h ya está disponible su guiso del día, que lo mismo puede ser ‘capipota’, que carrilleras, un fricandó casero o unas albóndigas con sepia, al precio cerrado de 9 euros. Y es a partir de las 12.00h cuando su vitrina deslumbra con tortillas, esqueixadas y otros reclamos que varían al son del mercado y su oferta de temporada.

Los aperitivos para un buen vermut abarcan de gildas a una selección de latas, a diario.

Corazón de alcachofa confitada con crema de queso y yema. -

En su ponderada carta abundan los platos fríos como corresponde a un local pequeño y sin salida de humos. No faltan ostras o jamón de bellota como delicatessen, pero si un platillo ha hecho ya ‘leyenda’ en el entorno es su versión de la Ensaladilla rusa protagonizada por la gamba roja, que la corona y que los dos socios definen con vehemencia como “la mejor de Barcelona”. No es una ensaladilla al uso, sino una feliz alianza de la patata con el aceite en dos texturas que preparan con la cabeza y la cáscara del marismo. El resultado es adictivo (media ración, 7€ y completa, 12,5€). Al igual que sucede con la croqueta de pollo ecológico dentro de un cogollo de Tudela –una versión fabulosa de una ensalada César–, a 4 euros el redondo bocado.

Sus torreznos de Soria, o cansalada de Cal Pla. -

También hay que prescribir la Berenjena asada, con straciatella, picada de menta y chile verde (5 euros la media ración), y darse el capricho del Tartar de atún, que aquí vuela alto con ajoblanco.

Barra para compartir

La sinergia con su restaurante, al lado, y un horno propician una estimulante selección de calientes, con hits como los atómicos torreznos –cansalada al horno Cal Pla– a baja temperatura, o el Corazón de alcachofa confitada con crema de queso curado y yema de huevo, una conjunción de texturas y sabores que te harán poner los ojos en blanco.

Tosta de fricandó de ternera con crema de setas. -

No probamos el canelón de la abuela (un mítico ya del grupo Casa Amàlia), que nunca falla, ni los macarrones del Cardenal que ahora afloran en tantos establecimientos… Pero sí la poderosa Tosta de fricandó de ternera y crema de setas (9 euros), sabores reconocibles y con memoria gastronómica, con formato informal. Se agradece que, pese al formato relajado, se mantenga el listón de calidad de la casa madre. Y se aconseja estar también atento a su pizarra de sugerencias del día, que da forma al mejor producto del mercado anexo, sin artificios.

Otro infalible es rematar la incursión con su cremoso Pastel de queso de Casa Amàlia 1950, aunque los chocolateros hallarán una propuesta a la altura con la que debatirse.

En bodega, despliegan una solvente selección de vinos de DO catalanas pero también del resto de España, así como de cavas, que lucen en sus neveras; sin que falte el repertorio de vermuts de Reus que han elevado el listón de los mediodías de fin de semana en el barrio.

Un rincón del bar Cal Pla, junto al mercado de la Concepció. -

En general, su cocina mediterránea invita a ser compartida, a disfrutar entre amigos o familia, probando de aquí a allá. El verano tórrido impide estos días exprimir su coqueta terraza en un tranquilo pasaje, pero el interior climatizado es fantástico por su tamaño también para pequeños eventos grupales si uno quiere reservar sus mesas altas. Las paredes del espacio destilan historia, pero han logrado una reforma estilosa y con carácter, donde es fácil sentirse cómodo.

No obstante, la joya de la corona es su espectacular barra, que se come la mayor parte del espacio convirtiéndose en epicentro del trajín de tapas y de cháchara con los camareros. Porque Suaña y Castán quieren distancias cortas, conocer el nombre de los clientes. O que estos sepan que siempre se encontrarán con la sonrisa y los sabios consejos de Isabel en la sala, curtida en el grupo, empática y entregada con el comensal.