Ya se sabe que la ironía es uno de los mejores hallazgos de la cultura occidental, el invento socrático por excelencia que reivindicar... hasta que alguien la utiliza para chotearse de lo que tú amas de corazón. Así podría haberme sentido a raíz del último anuncio de Desigual, un filme aparentemente simpático en el que una chica estupenda camina por las calles del Gòtic frivolizando sobre la presunta mala fama del lugar; la mujer se desmaya en un taxi y lamenta el tráfico salvaje, se planta ante la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia pontificando que los barceloneses aman mucho a sus palomas (con dos pobres bicharracos encadenados como chuchos) y, en el Carrer del Bisbe, camino de Sant Jaume, se ríe a carcajadas afirmando que "everybody wants your bag", insinuando que en mi barrio tienes muchos números para que te roben la cartera.

La caricatura contiene muchas exageraciones, por fortuna; el café con hielo aún no lo pagamos a 9,5 ñapos, por mucho que nos lo tomemos en una terraza y, aunque pese, tampoco acabamos de ser la ciudad con más estilo del mundo. En efecto, y para desgracia de sus vecinos, el centro histórico de Barcelona no es el lugar más seguro de la ciudad ni del planeta, y la dificultad de moverse como un ser normal (entre semejante marea de turistas, ejércitos de patinetes de repartidores de comida a domicilio y las obras de muchas calles que nos recuerdan cada día la proximidad de las elecciones municipales) resulta más que familiar a un servidor.

Pero resulta significativo que una marca de la tribu sólo haga aparecer el catalán cuando alguien se enfrenta a la prota para dispararle una frase absolutamente irreal ("Amor, estàs al mig, deixa’m passar!"), mientras la protagonista recita, la mar de contenta, que la ciudad es "the quietest place for a walk". Puedo entender la caricatura, insisto, pero los dueños de esta luminosa marca de trapos deberían entender que, si la gente del Gòtic a menudo refunfuña, es justamente porque chicas como esa modelo son las que nos encarecen el barrio con sus latte-matchas a precio de oro y sí, cuando nos las topamos en la calle, tan despreocupadas como sinuosas, puede entrarnos un ataque de rabia…

Estoy seguro de que una marca con tanta implantación barcelonesa como Desigual ha querido poner agua al vino con tal de frivolizar el propio malestar de los convecinos, pero la ironía puede acabar siendo una burla demasiado cruda, sobre todo para quienes vivimos en un barrio donde la lengua catalana está llegando a porcentajes muy inferiores a la minorización. Que nadie se equivoque; yo sigo residiendo aquí, militancias aparte, porque me parece uno de los lugares más bellos del mundo, pues hay pocos lujos tan maravillosos como divagar cada mañana por la Baixada de Santa Eulàlia hasta el Jardín Romántico del Ateneu (donde los socios de la Docta Casa todavía podemos tomar un café por un ero con cincuenta) y leer un rato en el lugar mientras me casco un puro, desayunar los espléndidos bocadillos del Bar Haití o los mantecosos cruasanes de Brunells, aprovechar que tengo a pocos metros de casa las dignísimas exposiciones del MUHBA o la excelente programación cultural de la Fundación Joan Brossa y, de noche, volver al bar Ascensor, uno de los más bellos del universo.

No sé si todo esto se considera algo cool o de estilo, pero merecería la pena que nuestras empresas lo reivindicaran y, a poder ser, desde una visión poderosa y digna de los catalanes (los cuales, dicho sea de paso, han hecho grandes empresas como Desigual a base de comprarles ropa cuando no eran aventuras tan mastodóntica). Los publicistas que trabajan para la marca en cuestión, que ya había protagonizado anuncios polémicos como el de aquella señora que iba agujereando condones para embarazarse, se han ganado el sueldo, porque ahora lo importante es que la información corra y se disemine por doquier, pese a su insensatez.

Una de las imágenes de la campaña de Desigual. © Desigual

Pero el estilo, en cuanto a la ropa y la vida en general, también se gana desarrollando un nivel de ironía algo más sofisticado. Puestos a hacer sarao, y para mostrar que son tan valientes, a ver si los chavales de Desigual se atreven con los expats o los extranjeros, y así sabremos si la ironía va por barrios o solo se dispara a la gente que intenta pasear alrededor de casa sin hacer auténticos eslalones entre cretinas que no saben ni dónde coño viven.

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