De residuos orgánicos a bioplástico con las superbacterias de Benviro

Patricia Aymà de Benviro
Patricia Aymà de Benviro

La 'startup' catalana, inmersa en una nueva ronda de financiación, pone el foco en el sector de la cerveza para generar su plástico de origen natural y biocompostable, mientras mira al ámbito del a cosmética para su comercialización

(Redactora)
12 de agosto de 2025

Todo empezó con una tesina sobre bacterias que generan una reserva de grasa interna que, procesada adecuadamente, reúne características equiparables a las del plástico. Un bioplástico que ya se obtiene en determinados proyectos a partir de aceites y azúcares, pero que la biotecnóloga Patricia Aymà buscó en otro origen alternativo: los residuos orgánicos. Así, dio con el primer plástico libre de microplásticos, también en su origen, con una tecnología que aspira a ser revolucionaria.

Mediante esta tesina, comprobó que era posible cerrar el círculo: aprovechar desechos orgánicos para crear un plástico de origen natural y biocompostable. Y no sólo era posible, sino que era “sencillo y fácilmente escalable”, recuerda Aymà, que destaca también el impacto positivo que genera el proyecto en la sociedad y el medio ambiente.

A raíz de ese trabajo, Aymà se propuso trascender el ámbito académico y lanzarse a impulsar lo que ahora es Benviro. Desde su vertiente cientificotécnica, Aymà abrazó el ámbito empresarial a través de un programa mediante el que conoció a Noelia Márquez y Jordi Margarit, que se sumaron al proyecto en 2017. Un año después, cerraron su primera ronda de inversión, de 250.000 euros.

“Con esa ronda, pudimos validar la tecnología a escala piloto, y demostrar a los inversores que había empresas que querrían tener esa tecnología para transformar residuos en bioplásticos”, rememora Aymà. Esa primera planta se abrió con BonÀrea como aliada, para aprovechar los residuos orgánicos que genera y que gestiona. La planta piloto, en un espacio cedido por la empresa agroalimentaria, “trabajó durante seis meses sin descanso para validar la idea”. Y así lo hizo: “La validó y confirmó que se podía generar el bioplástico a nivel industrial”.

Con esa confirmación, en 2019 la startup cerró otra ronda, de 2,1 millones de euros, con la que construyó su sede, en Santa Perpètua de Mogoda, con laboratorios y una planta piloto interna. En paralelo, empezaron a cerrar acuerdos con grandes empresas también del ámbito agroalimentario para poder realizar más estudios y pilotos, que se fueron cerrando a lo largo del año siguiente.

Fue ese mismo año cuando cerraron otra operación de 11 millones de euros, que Aymà describe como una “ronda histórica”, con la que pudieron disponer de nueva maquinaria y ampliar el equipo; actualmente, Benviro cuenta con una treintena de profesionales.

Desde entonces, la compañía no sólo ha ampliado su equipo, sino también los pilotos y acuerdos, como el alcanzado con un grupo cervecero. Y es que elaborar cerveza implica utilizar una levadura que, una vez terminado el proceso y a través de la tecnología de Benviro, ahora deja de desaprovecharse para convertirse en bioplástico. De hecho, “la idea es poder escalar en el sector de la cerveza” para la producción del bioplástico de la startup catalana.

Laboratorio de la startup catalana Benviro.

Instalaciones del laboratorio de Benviro.

Tras estas primeras plantas, la startup se marca como estrategia dirigirse a grandes empresas generadoras de residuos orgánicos para después cocinarlos con un primer consorcio de bacterias, para dar después este residuo cocinado a las superbacterias de las que se obtiene el bioplástico. Una vez se tiene la bacteria acumulada, se extrae el bioplástico, con las mismas virtudes que el plástico tradicional, pero sin las características que dañan el medio ambiente tanto en su producción como cuando deja de tener uso.

El bioplástico, con un aspecto arenoso blanquecino, se convierte luego en el gránulo que luego vende Benviro. Para esta venta, la startup pone ahora el foco en el mercado de la cosmética, la perfumería y el lujo, sin cerrarse al resto. De hecho, una de las principales colaboraciones de la startup es con Pujolasos, empresa del ámbito del packaging de lujo especializada en tapones de madera para el sector de la belleza. Pese a ser de madera, los tapones necesitan un adaptador de plástico, y ahí es donde entran las superbacterias de Benviro.

Benviro prevé facturar más de siete millones este año
De este modo, así como hasta ahora la compañía se ha centrado en I+D, ahora empieza a facturar con acuerdos como estos. Tanto es así que tiene la previsión de alcanzar los siete millones facturados este año: “Estamos cerrando muchos acuerdos, con diversos en cosmética y perfumería”, resalta Aymà, que ha destacado también como speaker en TED Talks.

Todo ello con la mirada puesta en la internacionalización. De hecho, aunque por ahora la generación del bioplástico es a nivel peninsular, “la inserción en el mercado siempre se ha planteado de forma internacional”. Así, muchos de los contratos que está cerrando Benviro van más allá de las fronteras, con una proyección que sobrepasa su mercado original.

Ahora, Benviro está inmersa en una nueva ronda de inversión, con la que busca captar unos diez millones de euros, para seguir avanzando tanto en la generación de su bioplástico como en su comercialización y su estructura. Actualmente, la startup que nació de una tesina tiene la capacidad de generar unas cinco toneladas de bioplástico a la semana; el objetivo es multiplicarlo a través de sus diversas verticales para expandirse y, naturalmente, ir ganando terreno al plástico.

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Anna Badia López
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