Un año más, el Cruïlla ha demostrado que es uno de los festivales más barceloneses que hay en nuestra ciudad. ¿Por qué? Pues porque solamente atravesar su puerta en la que lanzan su reclamo de que Cruïlla es casa, te encuentras con un espacio en el que, realmente, te sientes como en casa: mucha gente local, familias, personas de todas las edades y un cartel en el que el talento nacional y el internacional convergen a la perfección.
La 16ª edición del festival ha conseguido congregar a 73.000 personas que se han distribuido a lo largo de los 4 días de duración. El Parc del Fòrum se ha convertido en una especie de hogar compartido en el que podías disfrutar de actuaciones musicales en directo, comer en sus food-trucks, tomar una copa en una de sus terrazas, o disfrutar de un espectáculo de comedia o danza junto al mar.
Música, nostalgia y diversión
El cartel de este año se ha presetnado como el más completo y el más equilibrado de la historia del festival. Entre sus artistas, nos hemos encontrado con una gran variedad de estilos musicales que demuestran que la organización rehuye de los géneros y las etiquetas con la voluntad de congregar a artistas internacionales y nombres esenciales de nuestra casa.
Garbage, Pixies, Suede, Standstill, Sidonie, Mishima, Mazoni, Maika Makovski, David Byrne, The Black Crowes, Ezra Collective, Bomba Estéreo, Alizzz, La La Love You, Ultraligera o Zahara Rave fueron algunos de los artistas que pudimos disfrutar las noches del jueves y viernes. Una de las grandes sorpresas fue el concierto de Arde Bogotà el viernes bajo el nombre de Bigger Splash: la banda anunció horas antes que, tras ese pseudónimo, se escondía su actuación.
La tarde del sábado nos recibió con el cielo nublado, reduciendo el impacto de los rayos de sol y permitiendo que el público pudiera respirar un poco más. Porque el coprotagonista de esta edición del Cruïlla ha sido termómetro: en plena ola de calor, el Fórum y su cemento se convertía en un lugar poco apetecible para visitar. Pero desde la organización del festival lo tenían todo pensado y, por eso, regalaban sombreros de paja a los asistentes, así como abanicos de cartón para poder lidiar con las altas temperaturas.
Els Pets fue uno de los grupos que inauguró la tarde del sábado, ofreciendo un concierto nostálgico, divertido y muy cercano. Lluís Gavaldá, el vocalista de la banda, se entregó a su público de una manera efusiva y acabó bajando a la pista para darse un baño de masas. Su gente, todos rondando más la cuarentena que la treintena, estaba eufórica recordando las canciones que marcaron su juventud y, por eso, se vivió un momento de explosión y diversión entre el público que decidió lanzar los sombreros de paja y crear una danza en el aire al ritmo de sus canciones.
Y aquel fue solo el principio de una jornada musical que se extendería hasta las cinco de la madrugada y en cuyos escenarios se pudo ver a Jon Batiste, Rigoberta Bandini, La Ludwing Band, Polo & Pan, The Hives, Two Doors Cinema Club, Svetlana o Judeline, entre muchos otros.
Mucho más que conciertos
Pero, además de música, lo más destacado del Cruïlla es su apuesta por el arte en todos los sentidos. Y es que, a diferencia de otros muchos festivales en los que solo puedes ir de concierto en concierto, en este tienes a tu alcance una gran variedad de propuestas aptas para todos los públicos. Porque, ¿qué pasa si tienes dos horas "muertas" en las que no hay ningún artista que conozcas? Ese nicho lo ha cubierto el Cruïlla con una vasta programación cultural que se mueve entre el stand-up, la danza urbana, el street art o la gastronomía.
No hay momento para aburrirse: en el escenario Bon Preu-Esclat, una construcción junto al mar que ofrece unas vistas impactantes de la belleza del Fórum y de sus piscinas saladas, es donde se concentran las artes escénicas. Monologuistas y cómicos de aquí se suben al escenario para ofrecer su show de risas, humor y complicidad. El público está situado en las gradas laterales o sentados en el césped artificial que hay junto al escenario; todo ello, genera una sensación de cercanía y autenticidad únicas.
En este mismo escenario es donde también se dan cita las batallas de danza en la que un dúo de bailarines compite con otro dúo delante de tres jueces; los que van pasando las batallas, van compitiendo en nuevos encuentros hasta que uno solo se alza como el dúo ganador. Hip-hop, breakdance, danza contemporánea y movimientos de ballet se vieron en el cuerpo de estos artistas que consiguieron la ovación y los aplausos del público.
La gran variedad de oferta que ofrece el Cruïlla es lo que hace que sea un festival family-friendly, sobre todo, en horario de tarde. Grupos de amigos con hijos e hijas bailaban y jugaban en el Fórum abriendo, así, el universo "festivalero" a todas las edades. Porque, como bien remarcan en su eslogan de este año, Cruïlla es casa y, en una casa, se siente la seguridad, la tranquilidad y la diversión. En el espacio del Fórum hay sitio para todos e, incluso, había instalaciones como la de Imagin Music Sessions, un estudio musical portátil en el que podías convertirte en el protagonista de un videoclip musical.
La cultura popular también ha estado presente este 2026 con la participación de uno de los elementos más significativos de las fiestas y tradiciones catalanas: els Gegants. La Federació d’Entitats de Cultura Popular i Tradicional de Barcelona Vella exhibió sus figuras y ofreció un espectáculo de bailes tradicionales y folclóricos que animó toda la “plaza” del Cruïlla. El espíritu de la fiesta mayor se vivió en el Parc del Fòrum.
¡Pero aún hay más! Porque si vas caminando por "las calles" de esta mini-ciudad llamada Cruïlla, te encontrarás con una gran variedad de instalaciones artísticas, graffitis y dibujos de artistas que consiguen darle, aún más, ese toque tan único y personal que tiene el festival. Una de las propuestas más llamativas de esta edición fue la estatua a modo Venus de Milo que portaba un secador de cabello en la mano, ¡seguro que será una de las estampas de esta edición!
Un festival de Barcelona hecho para Barcelona
A diferencia de otros grandes festivales de música de Barcelona (como el Sónar o el Primavera Sound), el público mayoritario del Cruïlla es gente de Barcelona. De hecho, según ha contabilizado la organización, este año el 95% de los asistentes han sido público local y, lo más llamativo de todo, es que la media de edad es de entre 35 a 45 años. Estos dos factores son muy diferenciales con respecto a otros grandes eventos musicales que se realizan en nuestra ciudad. Esto hace que el ambiente sea cercano, distendido, relajado y donde el buen rollo y la complicidad sea lo que más se palpa en el ambiente.
Y el compromiso del Cruïlla con el progreso y la solidaridad se ha visto este año más claro que nunca gracias al Escenario Transforma't, un espacio en el que se bailaba bajo el lema de "Jo no ballo amb l'odi" y donde se animaba a la gente a disfrutar de músicas del mundo y, al mismo tiempo, a reflexionar sobre los discursos de odio que hoy en día están en auge. Pero también, la vertiente solidaria la vimos en su afiliación con Worldcoo y su campaña "Cruïlla per Gaza", donde se destinaba una parte del dinero a tareas humanitarias en la Franja.
Un año más, el Festival Cruïlla ha vuelto a demostrar que se puede hacer un macro-festival pensado para la gente de Barcelona, para las familias, para la gente joven, para la gente no tan joven, y para todo aquel que quiera disfrutar de la cultura y la música en un espacio junto al mar. ¡Contando los días para el Cruïlla 2027!
