El autor y director Luis Luque toma los fragmentos de este personaje - que podemos calificar de secundario - para darle identidad propia. Como en una especie de spin off de la pieza original, Poncia aporta una mirada tangencial y a la vez también desde dentro del mismo conflicto.
Si visteis a Lolita en el papel de la Colometa en La Plaça del Diamant ya sabéis que la imagen folclórica de Lolita que muestra la TV desaparece encima de un escenario. La interpretación de Lolita Flores es intensa pero también contenida.
Pura emoción que transmite con una bien modulada voz, sin sobreactuación. La acompaña con expresiva gestualidad, un sobrio y oscuro vestuario y algunos elementos simbólicos como el bastón de Bernarda o las cenizas de Adela. Es de destacar también la música a cargo de Luis Miguel Cobo.
Excelente interpretación de Lolita Flores: sentida y contenida
Como en un rompecabezas, Poncia se dirige a los personajes de esta obra de Lorca en diferentes escenas. Empezando por Adela a quien Poncia dedica palabras llenas de amor, pena, impotencia, arrepentimiento y culpa. Un gran abanico de emociones que Lolita expresa a la perfección.
¿Qué podía haber hecho Poncia para evitar el trágico desenlace? En el fondo, no habría podido hacer nada porque ella solo es una criada, como le recuerda a menudo Bernarda. Su única función es servir y sobre todo callar. Un silencio que le remueve las entrañas.
Los reproches, la rabia y el odio los reserva para la intransigente Bernarda que mantiene cautivas a sus hijas, con el inútil intento de mantenerlas lejos de cualquier macho. Sus esfuerzos no sirven para nada. Y también para la hija mayor, la egoísta Angustias que será la escogida para casarse con el enemigo. El hombre encarnado por Pepe “El Romano”, que podía ser cualquier otra persona ya que es solo un arquetipo.
A través de los fragmentos de Poncia que Luque ha extraído de la obra de Lorca, reconstruimos la tragedia de las hijas de Bernarda Alba. Con un espacio escénico, de Mónica Boromello, que destaca por su sutileza y elegancia. Grandes cortinas translúcidas y luces de diferentes colores que nos acompañan por las diferentes escenas, separadas por un “fundido en negro”.
Poncia reivindica la libertad de elegir de las mujeres
En la parte final de la obra, Poncia recupera la propia voz, para mostrarnos el alma y todo aquello en lo que cree. Nos habla de amor y sexo, de educación y clases sociales, de la vida en pareja que las hijas de Bernarda no han tenido ni tendrán nunca. Reivindica la libertad de las mujeres en una sociedad represiva en la que mandan los hombres. Un mundo en el que las mujeres deben obedecer. Sin darse cuenta todas son una especie de sirvientas.
Nacer mujer es una gran desgracia.
El riesgo asumido por Luis Luque de sacar a Poncia de las páginas de La casa de Bernarda Alba es grande. Podía no haber tenido suficiente consistencia como personaje fuera de la obra pero no es así. En cambio, los fragmentos del texto de Lorca, la preciosa puesta en escena y, sobre todo, la interpretación de Lolita Flores merecen un fuerte aplauso.
Apagad los móviles, por favor
Para terminar quiero explicar un hecho que, lejos de ser anecdótico, es cada vez más habitual en el teatro. A pesar de los advertencias previas a la función, durante la intensa actuación de Lolita sonó un móvil rompiendo su concreción. Ella, con elegancia, salió del escenario para volver poco después pero quizás deberíamos preguntarnos lo siguiente: ¿De verdad no podemos estar poco más de 1 hora que dura Poncia sin estar pendientes del móvil? No solo es una falta de respeto para el profesional que está en el escenario sino también para el resto de espectadores
