El Gran Gatsby llena de brillo y desenfreno el Teatre Victòria

"El Gran Gatsby, el Show" estará en el Teatre Victòria hasta el 31 de mayo
"El Gran Gatsby, el Show" estará en el Teatre Victòria hasta el 31 de mayo

El mito de F. Scott Fitzgerald cumple cien años y, sin embargo, parece que habla de nosotros. "El Gran Gatsby – El Show" llega al Teatre Victòria con solo 13 funciones de la mano del aclamado coreógrafo Enrique Gasa Valga.

(Redactora)
25 de mayo de 2026

Llega al Teatre Victòria la adaptación de El Gran Gatsby en formato danza, en el marco del ciclo "Victòria xDance". Enrique Gasa Valga es el coreógrafo y director de esta pieza emblemática que ha apostado por hacer una reinterpretación de este clásico con canciones que se mueven de Duke Ellington a Freddie Mercury de manera orgánica y natural.

El inicio de El Gran Gatsby fue bajo la pluma de F. Scott Fitzgerald

Pero, primero, debemos viajar un siglo atrás en el tiempo. En 1925, F. Scott Fitzgerald retrató como nadie los "locos años veinte" en su novela El Gran Gatsby. Aparentemente era una historia de amor pero, en el fondo, su historia analizaba a una sociedad obsesionada con el dinero fácil, la ley seca, las fiestas desfasadas y, sobre todo, la pura apariencia.

El libro nos mete en la piel de Nick Carraway, un tipo normal que llega a Long Island y se queda alucinado con su vecino, Jay Gatsby. Gatsby es un misterioso multimillonario que organiza las fiestas más salvajes y lujosas de Nueva York. ¿El motivo? Conseguir que Daisy, su amor de juventud y ahora casada con un hombre rico llamado Tom, vuelva a sus brazos.

Lo que empieza como un juego de seducción y champán a borbotones termina con traiciones, choques de clases y tragedias que culminan con sangre y un crimen que ya es mítico en la historia de la literatura. Fitzgerald nos dejó claro que el "sueño americano" era una mentira muy brillante. 

Enrique Gasa Valga, el coreógrafo bajo la adaptación en el Victòria

Ahora, podemos disfrutar de la historia de Fitzgerald de una manera totalmente inédita: bajo el lenguaje de la danza. Y el encargado de realizar tal hazaña ha sido Enrique Gasa Valga, un reputado coreógrafo catalán nacido en Esparreguera que, actualmente,  es una de las figuras con más peso y proyección internacional.

Gasa Valga se formó a conciencia: pasó por la Escuela de Danza María de Ávila en Zaragoza y luego consiguió una beca para la Escuela Nacional Cubana de Ballet, llegando a bailar en la compañía nacional de la isla. Pero el gran salto de su carrera lo dio en Austria. Durante más de catorce años ha sido el director del Ballet de la Ópera de Innsbruck (la TanzCompany del Teatre Estatal del Tirol), donde ha firmado más de cincuenta producciones que mezclan danza, ópera y musical, como Jesus Christ Superstar o Madama Butterfly.

La temporada pasada ya estrenó en nuestra ciudad su propuesta de Frida – Pasión por la vida en el Teatre Coliseum, y ahora, asentado con su propia compañía independiente y con residencia en el Deutsches Theater de Múnic, vuelve a casa para cerrar la temporada por todo lo alto.

Enrique Gasa Valga es el coreógrafo de "El Gran Gatsby - El Show"

El Gran Gatsby en el Victòria es jazz y movimiento sin ataduras

¿Cómo se traduce el universo de Fitzgerald a un escenario donde nadie habla? Esa es la magia de esta versión, titulada El Gran Gatsby – El Show. Gasa Valga, junto a Birgit Edelbauer-Heiss en el libreto, ha optado por hacer una adaptación diferente del libro: en el escenario no se ve a los personajes recitando textos; se ve el deseo, la avaricia y la frustración a través de las coreografías de los 23 bailarines en escena. La propuesta transforman el drama literario en una experiencia visual y musical.

Uno de los secretos del éxito de esta producción es la música en directo: una banda de jazz y swing de primer nivel está situada a lo alto del escenario, en un decorado propio. Esto hace que los músicos también jueguen un papel fundamental en la dramaturgia, interactuando con los bailarines al ritmo de la música y de la emoción de la trama.

Es una obra espectacular, sobre todo a nivel musical, donde la cantante y el bailarín principal consiguen que la función brille por todos los costados.

Lujo, desfase y la cara oculta del telón

La puesta en escena de El Gran Gatsby - El Show es impresionante. El espectáculo presenta de manera genial lo que son las escenas de fiesta, con el brillo y el lujo propio de los clubes de baile y de jazz de los años veinte.  Sobre todo los primeros 20 o 25 minutos nos meten de lleno en ese ambiente: hay música swing, bailes muy animados y una energía propia del desfase, de la seducción, del champán y de ese desenfreno y lujo a borbotones. Se nota que para el propio coreógrafo entrar en el Teatre Victòria es todo un acontecimiento de cara al verano, tal y como nos comentaba en la entrevista que le pudimos hacer, momentos antes del estreno: "Esto es una fiesta, tiene que ser una fiesta y vamos a pasarlo bien".

Pero el montaje también tiene otra cara a nivel escenográfico es un gran acierto. Cuando llegan los momentos más íntimos, románticos o de disputa entre los personajes, la opulencia se frena en seco: cae la cortina, cambian las luces y se crean esos momentos más privados. Con la caída de la cortina se consigue esa intimidad necesaria para ahondar en el conflicto de los personajes: este recurso nos muestra lo que hay detrás de todo el lujo, lo que se oculta tras las bambalinas. En ese espacio es donde se presencian los momentos más emotivos y poéticos de la obra, como el baile que acompaña la canción Ne me quitte pas.

En esta canción hay una combinación de voces que funciona a la perfección: Locke Venturato (el artista que interpreta a Gatsby) nos deleita con su voz cargada de potencia y emoción que se fusiona con la de Greta Marcolongo, que canta en francés. Los dos logran una fusión muy potente con una intensidad que te llega directo al pecho. Es la manera perfecta de plasmar la traición y el vacío de la novela a través de la danza, algo que el director coreográfico confía ciegamente a su elenco: "La música en directo ya te transporta a cada sentimiento, a la fiesta, a la melancolía, a la tragedia... Mi gente es muy buena y transportar emociones al público es su calidad".

Escena íntima y poética de "El Gran Gatsby, el Show"

El coprotagonismo inesperado de Locke Venturato y Greta Marcolongo

Locke Venturato posee una presencia escénica imponente. Baila con una mezcla de energía, fuerza y elegancia; hay momentos en los que le basta con mover la espalda o la cintura para acaparar la atención de todo el teatro. El papel de Gatsby le encaja a la perfección porque sabe jugar muy bien con las dos caras del personaje: la parte seductora y romántica, y ese lado más oscuro, posesivo y de confrontación en las escenas de pelea. Aunque está fantástico en los momentos de grupo, donde de verdad demuestra de qué está hecho es en las escenas íntimas tras la cortina. Ahí es donde asume el control absoluto del show, se atreve a cantar y termina de redondear una actuación impecable.

Mención aparte merece Greta Marcolongo, la cantante. Y es que, sin quererlo, es la coprotagonista de la obra, un personaje más que tiene una gran presencia y magnetismo. La música la atraviesa y eso se nota porque vibra con cada nota, sintiendo cada canción y viajando con la historia. Su presencia lograba eclipsar por momentos el propio baile. Transmitía las canciones de una manera impresionante, casi desgarbada, dejándose atravesar por la música con una entrega brutal.

La banda de música en directo que vemos en el espectáculo

Una selección musical impecable

La selección musical es, sin duda, otro de los grandes logros de este montaje. Le preguntaba precisamente al coreógrafo cómo podían casar en un mismo show desde clásicos de Duke Ellington hasta temas de Freddie Mercury o Meghan Trainor, y la respuesta fue clara: "La suerte es contar con un compositor y director de banda fantástico, Roberto Tubaro, que logra que todo tenga siempre ese perfume de la época de los locos años 20 y la ley seca".

El viaje musical y dramatúrgico es tan fluido que las canciones actuales encajan a la perfección, sin romper la atmósfera de la época. Disfrutar de una banda en directo con este nivel técnico es una maravilla; unos músicos que ya se ganaron al público en el pre-show del vestíbulo y que luego sostienen el ritmo durante las casi dos horas que dura el espectáculo.

A nivel de danza, las coreografías definen muy bien a los personajes según su estilo. Por ejemplo, se entiende perfectamente quién es el personaje de la prostituta por su desparpajo y su manera de moverse tan poco sutil, más ligada al jazz, al claqué o al contemporáneo. En cambio, la de clase alta opta por moverse con una elegancia mucho más cercana al ballet clásico. El estilo de danza está escogido a la perfección para cada personaje y cada momento, ayudando a que entiendas quién es quién sin necesidad de palabras.

Coreografía individual de "El Gran Gatsby" en el Teatre Victòria

Una historia difícil de seguir

La ausencia de texto o de una voz en off pasa factura a la hora de entender el desarrollo de la historia. Quien no tenga fresco el libro o la película encontrará dificultades para conectar todas las piezas del espectáculo. Se interpretan y se disfrutan las escenas de celos, el ambiente de los clubes o la tragedia final, pero el hilo cronológico de la trama se vuelve difícil de comprender.

Aprovechando que estamos en el Teatre Victòria, que es un gran formato, hubiera sido un gran acierto optar por subtitular las letras de las canciones. Al fin y al cabo, El Gran Gatsby es una historia, y si las canciones en inglés son las que van explicando la dramaturgia a través de la danza, poder entenderlas y leerlas habría ayudado a que la historia no quedara diluida para el público.

Los clásicos en la era de Instagram

Más allá de estos desajustes en el guion, el montaje cuenta con una gran fuerza escénica: te atrapa por los ojos y por el oído, y sabe llevar al público entre el desfase y la melancolía.

Es inevitable conectar el vacío de Gatsby con nuestra propia realidad. Y justamente, le hice esta pregunta al coreógrafo antes de salir a escena: ¿Somos hoy en día, con TikTok e Instagram, un poco como Gatsby viviendo en la pura apariencia? Su respuesta fue un cierre perfecto que me hizo reflexionar: "Exacto, eso es lo que tienen los clásicos, que se escribieron hace 100 años y hoy están igual de vigentes. Todo es una fiesta, todo es aparentar y ser en Instagram, todo este postureo. Pero al final, la última fiesta de tu vida tendría que ser con la gente que quieres y que te quiere, y no quedarte solo. La superficialidad, a veces, puede provocar que esos amigos que creías que estaban, ya no estén".

El Gran Gatsby – El Show es una obra espectacular, sobre todo a nivel musical, donde la cantante y el bailarín principal consiguen que la función brille por todos los costados. Además, su mensaje está muy relacionado con el mundo actual: nos demuestra que el postureo no lo inventaron las redes sociales y que el drama de vivir de cara a la galería es terminar completamente solo.

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Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

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