Del programa de mano se extrae esta afirmación: "El Casalot es un ejercicio delirante sobre lo imposible: el terror en un escenario de teatro". Y, si bien es cierto que la obra respira un aroma de misterio y thriller, catalogarla como "terror" no acaba de encajar del todo.
Gemma Deusedas y Anna Carreño son las dos actrices de El Casalot. Dos actrices que interpretan múltiples papeles: el de una pareja, el de dos hermanas, el de dos primas… Y es que la misma escena se va reproduciendo de manera constante, con personajes diferentes e historias diferentes, pero que siempre se mueven sobre el mismo esqueleto: un accidente, un centro psiquiátrico, un acantilado, un asesinato, un cuchillo y sangre, mucha sangre…
La ambientación de la obra es oscura, tétrica y bien diseñada. Te adentras en una casa de pueblo, de aquellas donde hace frío y hay mucho silencio. Aquí viven dos mujeres, solas y aisladas, que entre delirios y realidades, nos van explicando diferentes posibles historias que suceden dentro de aquellas cuatro paredes.
Un ritmo intermitente
El Casalot tiene la primera parte muy potente. La trama que se presenta, con la repetición en bucle de la misma situación y la aparición de diferentes personajes, hace que las expectativas estén muy altas: ¿qué está pasando en aquella casa?, ¿quién tiene razón?, ¿por qué aparecen siempre los mismos elementos?
Esto hace que, al inicio, estemos muy atentas al diálogo y a todas las referencias que aparecen en la obra. Pero, a partir de la mitad, el ritmo decae. La acumulación de historias, personajes y tramas rocambolescas, hacen que el bucle se vuelva pesado y que sintiera que no hay resolución posible. Y, precisamente, es lo que pasa.
Un final muy poco verosímil y forzado
Después de todas las puertas abiertas que se han ido creando durante el transcurso de la obra, el final resulta poco creíble. Ni las historias se explican, ni se da una coherencia a la repetición de los elementos, ni una explicación a lo que pasaba realmente en la casa. Se opta por un final totalmente ajeno a la narrativa y con un cariz distópico e inverosímil. Me sentí como al final de Lost: una resolución del conflicto inesperada totalmente, pero que no tiene suficiente fuerza para que sea convincente.
El Casalot es una propuesta que tiene un muy buen punto de partida: una casa en la montaña, dos mujeres solas y elementos que se repiten. Las actrices trabajan de forma espectacular, encarnando a diferentes personajes y dándoles fuerza y misterio. Pero el final de la obra no cumple las expectativas creadas y sales del teatro sin saber muy bien qué te querían decir.
