En este espectáculo nos invitan a colarnos en el cuarto de atrás, ese cuarto reservado para los juegos, la imaginación y la creatividad. El cuarto que está oculto de las miradas de los vecinos y donde todo puede pasar. Aquí es donde la escritora se reencuentra con cartas, papeles, personajes y recuerdos de su vida y de su literatura.
La escenografía es espectacular: un cuarto a doble altura, con unas escaleras llenas de libros y una bañera en el centro, el lugar donde la protagonista se baña en sus recuerdos y en sus palabras. Es una noche de insomnio, no puede dormir y se ha tomado una pastilla, así que asistimos a una noche de delirios donde diferentes apariciones van personificándose en ese cuarto y acompañan a la autora a hacer un viaje por su vida y sus emociones.
Las apariciones son de Alberto Iglesias y Nora Hernández y ayudan a darle ritmo a la obra, a dar un contrapunto a la historia y crear un hilo conductor de las fantasías de Carmen (protagonizada por Emma Suárez).
Una obra un poco caótica y confusa
En la sinopsis se nos explica que El Cuarto de Atrás es un viaje por la luz y el recuerdo, con miedo a las sombras y a la búsqueda de sentido. Y esto es claramente lo que vemos en el escenario. Pero no termina de funcionar. La narrativa es un poco caótica y las interpretaciones son extrañas y confusas.
El elenco defiende muy bien sus papeles: con energía, entusiasmo y fuerza. Pero la dirección de actores no ha sabido aprovechar el enorme talento y ha apostado por un experimento que, a mi parecer, no acaba de funcionar. En el caso de la protagonista, se ha apostado por una interpretación donde prima la confusión y el olvido. Esto obliga a Emma Suárez a mantener la misma energía en la mayor parte de la obra, algo que hace que se vuelva un tanto plana y repetitiva. No acaba de enganchar, de despertar ese interés, esa tensión dramática tan necesaria en el teatro.

Las interpretaciones de las apariciones son muy confusas: hacen movimientos extraños con el cuerpo, gestos que no acabamos de entender y que rompen con la naturalidad de la interpretación de la protagonista. Y, al final, el conjunto no encaja en el escenario. Queda raro, confuso e inconexo.
El Cuarto de Atrás es una obra que, visualmente, es muy atractiva: con un escenario imponente, una buena selección musical y canciones en directo de la mano de Nora Hernández (sublime). Pero, la energía de la obra es demasiado abrumadora, con demasiada confusión y una dirección de actores que no ayuda a conectar con los personajes.
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