CONCIERTO DE LLUÍS LLACH

"Que poques paraules tinc"

Lluís Llach en concierto en Barnasants por Juan Miguel Morales
Lluís Llach en concierto en Barnasants por Juan Miguel Morales
29 de enero de 2026 - 10:42

Yo he venido por El Jorn dels Miserables. Mi hermana ha venido por mí, pero también se sabe el disco de memoria. He llegado justo de tiempo, ella ya me había pedido una copa de cava. La foto del cartel de Lluís Llach del 76, en blanco y negro y con la mirada torturada, parece decirnos que ya ha sonado el tercer timbre. Segundo día del mismo concierto, lleno absoluto. Y llenaría un tercero. Dicen que hay Barça, pero hoy eso nos importa bastante poco. Gente que estuvo en el 76, gente que estuvo el 1 de octubre. Gente que se ha puesto el disco miles de veces, que se sabe las pausas y los aplausos en medio de las canciones y el “visca els presos de la Modelo”, y el momento exacto en que a Lluís se le quiebra la voz.

Todo, nos lo sabemos. Marçal Girbau, director del Barnasants, me saluda ufano por cómo está yendo todo. Laura Cendrós ha cogido una buena butaca; en el palco presidencial están hoy Pisarello (probable candidato de los Comuns a la alcaldía de Barcelona) y Francina Armengol, expresidenta de las Baleares. Se apagan las luces. Vídeo introductorio, puesta en contexto. Llach no podía ser más joven (ni más serio). “Ai, que plorarem”, dice mi hermana. Yo he venido por El Jorn dels Miserables, que no hace llorar, pero vaya si lloraremos. Se levanta la pantalla. Estamos en enero del 76.

Gemma Humet. Despertar (que no figura en el disco, pero sí figuró en el concierto). Aciertísima, Gemma. Canción sencilla, trágicamente esperanzadora. Sentido del deber. Levantarse. Y así todo el concierto, casi diría: levantarse, va, arriba. Vaixell de Grècia contextualiza también la época, mediterránea, dulce, cercana, igual que Ma tristesa, medievalizante, trovadoresca. Al piano Manel Camp, como en el 76; Santi Arisa a la batería, como en el 76, pero solo para interpretar El dia (Lluís Ribalta en el resto de piezas).

Levantarse, decíamos. Cal que neixin flors a cada instant, nos cantan ahora, joder. Así será el concierto: una invocación constante a una fe que no es esperar. Volver, y volver, sabiendo que los otros también vuelven. Comentario general: “Parece que no haya pasado el tiempo”. Sensación claustrofóbica, en ese sentido: estamos en el mismo sitio. Estamos en enero del 76, en muchos sentidos. Con rabia, con frustración, con ganas de justicia, con la resaca de una noche más dura de lo esperado. Amnistía, libertad. Estamos ahí mismo. Yo tenía dos años y todo parecía posible, me han dicho siempre.

Joan Reig promete, en esta primera aparición sobre la fe. Promete y jura, y parece alguien embrujado por la fiebre llachiana desde que de pequeño cayó en la marmita. Los micros pitan demasiado a menudo, los técnicos de sonido se despistan. Mi hermana ya se ha sonado la nariz una vez. “En Maurici sap molt bé que si només dubta poca cosa té”. Después, Respon-me se transforma en un nuevo lucimiento de Gemma Humet (y de los acompañamientos de Borja Penalba): la teníamos oxidada, la primera canción del álbum, pero ha aparecido como un juguete precioso guardado en el cajón. “Qui damunt de tants cossos aixafats va aixecar aquella casa per a tothom”. Y luego, Silenci, con la participación mimética del público, tal y como aparece en la grabación. Por alguna razón el concierto de hoy va de lo mismo, y la atención sigue estando compartida entre escenario y público. Pero aún falta la estrella, el icono del cartel. Solo nos piden diez minutos de pausa.

Cuando aparece, Llach hace un discurso largo. Reconocimiento a la burguesía catalana (a una parte de la burguesía catalana, matiza): Oriol Regàs, Espar Ticó, Ermengol Passola. Y bofetadas a diestro y siniestro contra los socialistas, por traidores a la idea, por ser la vergüenza de la izquierda, por haber destruido la esperanza con Felipe González y destruirla también ahora. Pisarello y Armengol no aplauden. Llach se disculpa por la longitud de su invocación a la generosidad ideológica entre independentistas, “pero es que…”. Aplausos y gritos. “In, inde”. Ningún movimiento en el palco presidencial. Reig canta L’estaca, Gemma, La gallineta (aquí Armengol y Pisarello sí vibran), Fredrik Strand hace Si arribeu con el protagonista y Penalba borda Abril 74. Mi hermana es ahora mismo un saco de lágrimas. Yo, por dentro, también. “Porteu tots els meus cants i un ram de flors vermerlles a qui tant he estimat”.

Públic al concert de Lluís Llach per Juan Miguel Morales

Público en el concierto de Lluís Llach. © Juan Miguel Morales

El Jorn dels Miserables es un blues majestuoso o un gospel con trompetas, con su mejor versión en el concierto del Camp Nou del 85, pero el dúo entre Llach y Reig hace que casi tenga que levantarme para bailar. Llach saca su monstruo, el uso de la voz como instrumento inteligible, que es una de sus grandes sinceridades: como dice la canción, a veces las palabras no son suficientes y solo puedes bramar una magia negra (“caldrà buscar nous camins on no calguin les paraules”, tal como sublimó estilísticamente dos años más tarde con la canción Dibuix). Luego iremos a Ítaca, versión integral, con ese repique de platos que emula las olas y una Coral Escriny de Santpedor que eleva sinfónicamente el final. Sin Llach: Llach reaparecerá para la tiernísima A força de nits, apoyado en el piano. Humet acierta magistralmente las teclas. Lluís se equivoca, como hace irremediablemente en casi cada concierto. El bandoler de Reig no tiene nada que envidiar al lucimiento vocal para el que Llach la compuso. Estamos al final, los músicos salen a saludar y acabamos con L’estaca de nuevo, ahora con el joven torturado de Verges presente en el escenario, y desembocando después en nuestro otro himno nacional. Estamos en el año 76, pero hay que levantarse. Levantarse ante las causas y también ante los himnos. Sobre todo si son tantos, y uno detrás de otro.

Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

Jordi Cabré-2
Jordi Cabré
Ver biografía