“Cuando juntas la sabiduría vasca y la catalana no sumas, multiplicas”. Con esta idea, el conseller de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya, Miquel Sàmper, sintetizaba en el Palau de Pedralbes el espíritu de una velada marcada por los pintxos vascos, los vinos catalanes y la voluntad de abrir una nueva etapa de colaboración gastronómica entre Cataluña y Euskadi.
Barcelona acogía por primera vez la presentación de la Guía del Pintxo 2026, pero lo que se vivió anoche fue mucho más que una celebración culinaria. Entre instituciones, cocineros, profesionales del sector y algunos de los bares de pintxos más reconocidos del País Vasco, ambos territorios firmaron un acuerdo de buenas intenciones para impulsar conjuntamente el turismo gastronómico.
En el acto participaron Javier Hurtado, consejero de Turismo, Comercio y Consumo del Gobierno Vasco; Cristina Lage, directora general de Turismo de Catalunya; Libe Otegui, directora de Turismo de la Diputación Foral de Gipuzkoa, y Jesús Santamaría, presidente del Instituto del Pintxo. También asistieron cerca de un centenar de profesionales vinculados al turismo, la gastronomía, la cultura culinaria y los medios de comunicación.
Una alianza que va más allá del plato
Más allá de la parte institucional, el encuentro dejó clara una idea: dos culturas gastronómicas con una identidad muy marcada pueden reforzarse mutuamente cuando deciden colaborar. El futuro del turismo gastronómico pasa menos por competir y más por crear alianzas capaces de dar fuerza al territorio, al producto y al relato.Sàmper: "Los pintxos es solo ir de bares, es una forma de socializar, de relacionarse y de entender el tiempo”“Cuando uno piensa en Euskadi, piensa en ir de pintxos. Y eso no es solo ir de bares, es una forma de socializar, de relacionarse y de entender el tiempo”, explicaba Sàmper durante su intervención. El conseller también insistió en que la gastronomía se ha convertido en una herramienta cultural y económica mucho más poderosa de lo que parecía hace solo unos años y defendió una manera de hacer política basada en “sumar, compartir y construir conjuntamente”.
Un pintxo puede simbolizar toda una cultura
La gran protagonista de la noche fue la Guía del Pintxo 2026, impulsada por el Instituto del Pintxo de San Sebastián. Por primera vez, su presentación salía del País Vasco para instalarse en Barcelona con una selección de bares emblemáticos de Donostia, Eibar, Hondarribia, Getaria y Tolosa.Durante la velada, los establecimientos participantes ofrecieron una degustación de sus pintxos maridados con vinos de las doce denominaciones de origen catalanas, en una propuesta impulsada por el Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI). La combinación funcionaba casi como una metáfora del encuentro: dos culturas culinarias muy distintas, pero perfectamente capaces de dialogar sin perder personalidad.
El contexto servía también para reivindicar el pintxo como una expresión gastronómica mucho más profunda de lo que a menudo parece desde fuera. “Un pintxo puede simbolizar toda una cultura. En Euskadi, el pintxo es historia viva de nuestra manera de socializar. Es cocina tradicional y también de vanguardia. Es producto, es paisaje, es diferenciación y es una auténtica cocina en miniatura”, afirmaba Javier Hurtado, consejero de Turismo, Comercio y Consumo del Gobierno Vasco.
El consejero también recordó hasta qué punto la gastronomía es central en la experiencia turística del territorio: “El 95,5% de las personas que visitan Euskadi realizan actividades relacionadas con la gastronomía y casi el 98% visita bares de pintxos”. No es extraño, por tanto, que el pintxo siga siendo una de las expresiones gastronómicas más admiradas, imitadas y mitificadas de la península.
Una cultura gastronómica que viene de lejos
En la misma línea, Libe Otegui reivindicó el componente cultural, familiar y casi emocional de la cocina vasca. “Nuestra manera de entender la cocina no es casual, es el resultado de generaciones”, explicaba. La directora de Turismo de la Diputación Foral de Gipuzkoa quiso poner especialmente en valor el papel, muchas veces silencioso, de muchas mujeres en la transmisión de esta tradición culinaria: “Fueron las madres y las abuelas quienes transmitieron los secretos de la auténtica cocina guipuzcoana y quienes abrieron el camino del éxito de nuestra gastronomía”.
Otegui: "El pintxo lleva la creatividad de la alta gastronomía a la barra y al día a día”Ese legado convive hoy con un presente gastronómico de primer nivel. Otegui recordaba que Gipuzkoa es “el territorio con mayor densidad de estrellas Michelin del mundo”, pero insistía en que en el centro de todo sigue apareciendo el pintxo. “Es alta cocina en miniatura, que hace accesible el lujo porque lleva la creatividad de la alta gastronomía a la barra y al día a día”.
Por su parte, Jesús Santamaría, presidente del Instituto del Pintxo, reivindicó el trabajo invisible que hay detrás de una buena barra. “Para nosotros no es solo ir de bares. Es una manera de vivir”, afirmaba. En este sentido, subrayó que la Guía del Pintxo no nace para inventar nada nuevo, sino para reconocer, proteger y proyectar una cultura gastronómica que ya existe y que continúa plenamente viva.
Más que turismo gastronómico
El acto también sirvió para confirmar una tendencia que lleva tiempo consolidándose. El turismo gastronómico ya no gira únicamente alrededor de los grandes restaurantes. El viajero actual busca entender los territorios a través de lo que come, descubrir productores, probar elaboraciones vinculadas a la historia local y vivir experiencias con identidad.
Y aquí tanto Cataluña como Euskadi tienen mucho terreno ganado. Dos destinos capaces de combinar alta cocina, tradición popular, producto local, paisaje vinícola y cultura gastronómica sin caer en el exceso de postal turística.
Pero más allá de los datos y de los discursos, lo que se respiraba en Pedralbes era otra cosa: la gastronomía continúa siendo una de las pocas herramientas capaces de crear vínculos reales entre territorios. Y, cuando dos culturas culinarias con tanta identidad deciden sentarse en la misma mesa, lo que nace no es solo una alianza turística, sino una manera compartida de explicarse al mundo.