ENTREVISTA A CARLOS SOLER CABOT

“Barcelona se tiene que construir con las manos”

Entrevista Carlos Soler Cabot por Àngel Bravo
Entrevista Carlos Soler Cabot por Àngel Bravo
26 de enero de 2026

Carlos Soler Cabot es bisnieto del joyero Joaquim Cabot, también precursor del Palau de la Música y de múltiples iniciativas urbanas en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. Encabeza asimismo la continuidad del negocio de joyería (Soler Cabot, en la plaza Sant Gregori Taumaturg), siguiendo la huella de su fundador y adaptándola a los tiempos actuales.

Procuran no perder en ningún momento ni el refinamiento del estilo, ni la sensibilidad en la actitud, ni el compromiso con la ciudad. Preocupado por Barcelona, considera que los emprendedores deben construirla con sentido del interés general, pero sin aceptar que el sector público tenga que ocuparse de todo. De hecho, si hubiera sido por el Ayuntamiento o las administraciones de la época, el Palau de la Música no habría existido nunca. La joyería Cabot, por supuesto, tampoco.

--- ¿Quiénes sois y qué estáis haciendo en Barcelona?

--- Somos una joyería con una trayectoria histórica en Barcelona, tanto a nivel social como a nivel del oficio. La familia empezó en Sant Andreu de Llavaneres, pero Francesc Cabot i Ferrer fundó en Barcelona la primera joyería en 1842, en la calle Argenteria.

--- Entonces la temática era sobre todo religiosa…

--- Sí, durante unos años trabajó él solo y realizó muchas joyas de tipo religioso (hizo el cáliz de Pío II, custodias que hoy se encuentran en Montevideo, piezas que están en México, piezas para la Virgen de Montserrat…). A veces nos han llamado desde Nueva York diciendo que tienen alguna pieza firmada por nosotros, porque todas esas piezas iban firmadas y acuñadas por la joyería.

--- Y entonces llega Joaquim.

--- Los hijos de Francesc Cabot, Emili y Joaquim, se dedican mucho a la joyería. Y Joaquim, con 18 años, adquiere una técnica (además de otras, como el esmaltado) que es la del filador, una técnica muy depurada: hacer filigranas en oro. Hilar muy fino.

--- Verdaguer incluso le dedica un poema, ¿no?

--- Exacto, El Filador d’or. Amadeu Vives dice de él que es “el joier que ha filat l’or més sonor del món, doncs se li ha convertit en música”. El caso es que Joaquim queda huérfano muy joven, con 18 años, y tiene que entrar en el taller como jefe de taller. Hace muchísimas horas; creo que era un poco obsesivo. Un punto alquimista, también. Empieza a jugar con la técnica del orfilado y la va depurando.

--- Una técnica que todavía se recuerda hoy.

--- Es que nada de esto es casual, porque cuando hemos recuperado el archivo histórico hemos encontrado todas las piezas que se hicieron en aquel momento y que estaban desaparecidas. Y cuando las hemos encontrado, hemos comentado la técnica con expertos internacionales. A través de mis contactos en la Bolsa del Diamante de Amberes, hablé con Elkan Wijnberg, que es un experto internacional, y me comentó que la técnica que utilizaba era absolutamente pionera en aquella época. Entonces, los mejores joyeros del mundo eran europeos: Mellerio, Cartier, Fabergé… Pues me dijo que la técnica era exactamente igual y, a veces, incluso superior. Concretamente, decía que era una técnica mágica. Excelsa.

--- Y es entonces cuando pasáis de la pieza más religiosa a la civil, ¿no?

--- Sí, se evoluciona hacia el arte civil. Pero la técnica, los acabados, eso que te decía de la alquimia, son dignos de una sociedad muy particular. Barcelona era entonces muy exigente, de alto nivel, tenía poder adquisitivo y muy buen gusto. Además, estaba conectada con todo el mundo. Joaquim está en contacto con artistas catalanes que van a París, como Miquel Blay, Eusebi Arnau, Ramon Casas, Rusiñol… Todo eso, y el hecho de ser un gran viajero, te abre las puertas.

--- ¿Y quién tenía entonces como competencia?

--- Digamos que el acabado de Cabot era de perla fina, diamante fino, esmeraldas de altísima calidad, zafiros tallados por él mismo en el taller bajo la joyería de plaza Catalunya… Había también un estilo Masriera, más de esmalte, con figuras más vegetales o con ninfas. Cabot está más cerca de Cartier o Chaumet: un tipo de pieza que no lleva esmalte, sino que es pieza de diamantes, de joyería fina y piedras preciosas.

--- ¿Habéis conservado ese estilo hasta ahora de algún modo? ¿Aún se puede identificar con vosotros?

--- Esta pregunta me encanta, porque siempre digo que las joyas tienen un ADN, tienen un alma. Y nosotros sabemos detectar nuestras joyas antiguas rápidamente, aunque sea una joya de mi abuelo o de mi bisabuelo: por la calidad, los acabados y, a veces, porque están firmadas. Pero incluso sin firma, se ve claramente la armonía de la pieza. Todo eso lo hemos ido aprendiendo, como hacen los enólogos, que tienen un olfato y un gusto especiales para detectar los vinos. Y ese espíritu Cabot lo hemos mantenido mucho: calidad y, a la vez, estar en la actualidad. Por ejemplo, en la época de los felices años americanos (los 60-70) hacíamos joyas más voluminosas, de quilatajes elevados. Nos adaptamos a las tendencias, pero con una calidad que mantiene la moda en un nivel alto.

--- En Barcelona todavía cuesta encontrar joyerías que no sean franquicias o que sean genuinamente barcelonesas. ¿Reivindicáis esa manera de hacer ciudad?

--- A ver, ¿qué es ser joyero? Ser joyero es saber colocar un diamante, saber los milímetros que tiene un diamante, saber cuál debe ser el grosor de un anillo, cuánto oro debe llevar, cómo se dibuja, cómo se perfila, cómo se hila, cómo luce un diamante sobre una montura… Todo eso es ser joyero. Nosotros reivindicamos el oficio de los gremios, que es donde empezamos, en la calle Argenteria. Partir de la materia y convertirla en un diseño, como hacen los arquitectos pero en formato joya. Dibujar a mano con lápiz, luego hacer el modelado y después engastar todo a mano. Todo eso lo hacemos aquí en Barcelona, “indoor”, como hacen las grandes casas de Francia o de Italia. Pero aquí el problema es que hay joyeros que solo se dedican a coger piezas de distintas partes del mundo y etiquetarlas. Eso no es ser joyero, es ser vendedor de joyas.

--- Incluso tu antepasado no se limitaba a ser joyero, sino que se implicaba socialmente, contribuía…

--- Todo eso es muy interesante: documentándonos sobre cómo se hizo el Palau de la Música, nos dimos cuenta de que él, además de financiar personalmente el proyecto, después distribuyó (entre todos sus clientes, amigos y personalidades de la cultura catalana del momento) 2.000 láminas de 100 y 500 pesetas para financiar la construcción del Palau. Conectó la joyería con la iniciativa cultural. Generó una economía social y cultural que fue un éxito brutal.

--- ¿Crees que eso se ha perdido?

--- Creo que ese espíritu está latente. Está latente y muy vivo, pero está camuflado. A ver, esta ciudad está llena de emprendedores: comerciantes, artesanos, empresarios. Barcelona tiene una vida inmensa, pero gracias al esfuerzo de la gente durante muchos años: nadie nos ha regalado nada.

--- Se dice mucho que a las tiendas emblemáticas de Barcelona les cuesta pagar el alquiler.

--- Habría que catalogarlas. Habría que catalogar el oficio, cuidar a los gremios, a los trabajadores, a la gente que aporta riqueza e impuestos. No solo a quienes los consumen (que evidentemente merecen los mejores servicios). Es muy importante promover la participación activa y la emprendeduría. Solo eso hará que Barcelona vuelva a ser como había sido: una ciudad dinámica.

--- ¿Nos hemos acomodado?

--- Desde los Juegos Olímpicos, nos hemos dormido. Tenemos que volver a ser empresarios. Es decir: lo que no haga la administración, ya lo hago yo. Y si hay que hacer el Palau de la Música, se hace. Y si triunfa una persona porque está diseñando unas zapatillas fantásticas, pues adelante con Custo Dalmau. Me sorprende que no sea un personaje más reivindicado por Barcelona. Este perfil de personas, que son incluso verdaderos artistas, son quienes hacen cosas por la ciudad.

--- Hay que abrirse, pero con tu identidad.

--- Exactamente. La identidad por delante.

--- Como vosotros, que ahora tenéis joyas, pero también colecciones de relojes… Este año, esta temporada, ¿hacia dónde vais?

--- Ahora vamos hacia la joya delicada, hacia las esmeraldas de Colombia, los zafiros de Sri Lanka, los rubíes de Birmania… Y los diamantes, que nosotros tallamos con unos tipos de tallas muy únicos.

--- Sois la única, o de las pocas joyerías del país que tiene delegación en la Bolsa de Diamantes de Amberes. ¿Cómo demonios se aprende a distinguir un diamante de otro?

--- He tenido la suerte de nacer donde he nacido, en Barcelona, y en una familia con tradición y mucha seriedad. Creo que esa es la clave. Si tienes rigor y te rodeas de gente seria, se te abren las puertas. Si tienes un trato… ¿cómo lo diría? Noble.

--- Buena palabra.

--- A veces reviso piezas de dos, tres o cinco quilates, y entre nosotros nos las pasamos para saber qué opina cada uno de ese diamante. Y un judío, o un libanés, o un belga, o un coreano me pregunta qué opino yo de un diamante. Cuando has tocado tanto y has visto tanto, a primera vista ya puedes descartar. Luego necesitas la lupa y una luz especial. Por eso te digo que es como el enólogo: prueba-error y, sobre todo, olfato. Pero tiene que gustarte, porque hay gente que se pasa treinta años mirando y no ve nada.

--- Hablabas de un espíritu noble. ¿Barcelona es más burguesa que noble, o conserva algo de nobleza?

--- La tiene. Burguesa o no, la clientela catalana y barcelonesa tiene un gusto muy refinado. Es lo que te decía antes: la sociedad barcelonesa está viva, pero como envuelta en niebla. Tenemos que ayudar un poco a disipar esa niebla. Nos hace falta más atrevimiento para vivir. Tenemos una ciudad única, con edificios únicos, de una belleza extrema. Tenemos que volver a apreciarlo. Lo que pasa es que ha venido gente que ha desvirtuado la película y se ha quedado solo con el “wonderful, beautiful”, sin entender el sentido de todo ello.

--- La trastienda.

--- ¡Exacto! Una manera de ser y una manera de hacer. Y todo eso genera mucha riqueza. Y no volveremos a ello hasta que se entienda que una ciudad se construye con las manos.

--- Artesanalmente.

--- Con las manos. Como se ha hecho siempre.

Sobre el autor

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Jordi Cabré
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