Brugués Mitjans: Más allá de la evasión

Brugués MItjans 002
Brugués MItjans 002
04 de julio de 2026 a las 05:30h

“Hay dos Brugués Mitjans. Por un lado, la abogada, extremadamente seria, disciplinada, casi una auditora que hace frente a ingentes cantidades de trabajo. Por el otro, la Brugués que escribe, que trata de evadirse de la rigidez del lenguaje jurídico y dar rienda suelta a las historias que imagina”. Da la sensación de que la que está sentada ahora mismo en la terraza del Bar, tomándose una copa vespertina de vino blanco de aguja y dejándose embelesar por las notas del Summer wind de Frank Sinatra, es, más bien, esta segunda.

En su niñez y adolescencia no paraba de imaginar relatos que iba escribiendo, pero luego llegó la universidad. Derecho. Y luego las oposiciones, tras las cuales los hijos —“mi mayor orgullo es, sin duda, mi familia”— y un trabajo muy demandante. Pero la fantasía ahí seguía, haciendo su trabajo. Por ejemplo: “Cuando mis hijos eran pequeños y me pedían que les contara cuentos, yo me los inventaba”, ríe.

En 2010 fue cuando las esencias se impusieron. “Estaba en una situación laboral de mucho trabajo y muchas incertezas y necesitaba escaparme de aquello”. Así se puso con la que sería su novela de debut, El ventall finès, “ambientada en el Barrio Gótico, donde estaba trabajando en aquel momento, y que es pura evasión”. 

Con su siguiente novela, Quan el destí conspira a favor teu, la escritora fue un poquito más allá. “La escribí tras la muerte de Joan Prunera, un primo con el que pasé muchas horas en la infancia”. El resultado fue una historia de tono hermosamente nostálgico ambientada en el —no menos hermoso— pasaje Permanyer del Eixample. Un homenaje a aquella figura de la niñez que todavía conservaba el tono evasivo de la anterior novela. Pero todo iba a cambiar (para mejor) con la siguiente.

Encontrar la voz literaria

Brugués Mitjans asegura que, con su tercera novela, la recién publicada Els hereus de la cobdícia (RBA), ha encontrado su voz literaria. “No es sólo evasión, sino que hay una clara voluntad de hacer reflexionar al lector sobre cuál es su relación con el dinero”. A partir de ahora, advierte, los tiros de sus siguientes obras irán por ahí. La consigna: trascender la literatura estrictamente escapista e ir plantando espejos sobre los que el lector se pueda ir reflejando.

El punto de partida para Els hereus hay que ir a buscarlo en la niñez de la autora. “Tenía siete años y, una gélida tarde de invierno, mis padres me llevaron a casa de unos tíos abuelos que vivían en un entresuelo de la calle València. Me quedé de piedra al ver a aquellos dos ancianos, ateridos por el frío, en aquella casa hecha caldo”.

Cuando salió de la visita, Brugués preguntó a su padre si no podrían ayudar a aquellos dos pobres ancianos. “Mi padre, currante, que llegó a tener tres trabajos, se echó a reír y me explicó que aquellos dos ancianos eran muy ricos”. Y, en efecto, aquella pareja aparentemente desvalida era propietaria de varios edificios en Barcelona. “Una riqueza que disfrutaron sus hijos y nietos, ¡pero no ellos!”.

Els hereus de la cobdícia -

Sobre esta anécdota se edifica esta historia de familias cegadas por la ambición, la sed de dinero y la consiguiente ausencia de escrúpulos, en una Barcelona que une (y desune) la Zona Franca con las casas nobles del centro. Traducida al castellano (Los herederos de la codicia), esta tercera novela es la que busca proyectar a la autora en el mercado español y latinoamericano.

Plató literario

“Nací en Gavà y a los doce años nos vinimos a vivir a Les Corts”, rememora la escritora y abogada, para la que Barcelona se convirtió en un lugar con una doble naturaleza: “Por un lado, avenidas señoriales como la Diagonal o la Gran Vía y, por el otro, barrios que todavía seguían teniendo espíritu de pequeños pueblos”. En este sentido, asegura, Les Corts le permitió seguir siendo “una chica de pueblo”.

Pero no es sólo una cuestión de barrios. “Por su riqueza, historia, mestizaje y cosmopolitismo, Barcelona es un gran plató literario, un inmejorable escenario de personajes e historias a la altura de Nueva York o Londres”, sentencia dando cuenta de la copa de vino. La ciudad, “que sería perfecta si la temperatura bajara de unos cuatro grados durante todo el año”, es —y va a seguir siendo— una protagonista más de sus novelas.

Brugués MItjans acaba de publicar su última novela.

— Lo que puede acabar coprotagonizando una de tus novelas es nuestra oferta gastronómica. Se acerca la hora de cenar y tal vez te apetezca tapear o mirar la carta…

Una sonrisa amplia se dibuja en el rostro de Brugués Mitjans. Las notas de Nothing but the best, de Sinatra, se escapan desde dentro del Bar y, con el crepúsculo, ha refrescado un poquito. 

“Si algo me gusta mucho, cuando estoy fuera, es tapear”, anuncia esa segunda Brugués, la que escribe y deja que la imaginación vuele alto, aleteando sobre los tejados de la ciudad.