El Bosque tenebroso de Mercè Rodoreda

El bosc tenebrós de Mercè Rodoreda. © Alice Brazzit
El bosc tenebrós de Mercè Rodoreda. © Alice Brazzit

El CCCB presenta 'Rodoreda, un bosc', una exposición dedicada a la autora catalana más universal a más de cuarenta años de su muerte. La muestra pretende reinterpretar su obra con ojos nuevos estableciendo un paralelismo entre la naturaleza que describe en sus textos y el simbolismo orgánico de su obra.

13 de marzo de 2026 a las 15:24h

La exposición Rodoreda, un bosc, comisionada por Neus Penalba, profundiza en el imaginario de la escritora catalana destacando su radicalidad. Mediante un recorrido temático, se analizan los grandes motores de su literatura que conforman una especie de red de significados. Usando una metáfora muy de la autora, parecieran ramas y raíces de un árbol desplegándose complejas y entrelazadas en su significado.

Así, pues, los temas de sus obras se seccionan en las raíces; literarias y vitales, y el desarraigo de su exilio. El tronco; la vivencia de la guerra, un tronco lleno de nudos y cortezas. Las ramas; que se alzan aspirando alcanzar a los artistas que ella admiraba. Las copas; que rozan el cielo, y donde anidan alto, los pájaros. Las semillas; que germinan y terminan por dar el fruto de su obra

Mercè Rodoreda es una de las voces más relevantes y universales de la literatura catalana y su obra, donde abundan las casas, las calles, las plazas, los jardines, y sobretodo, los árboles y los bosques, se centra, principalmente,  en la muerte, la guerra y el exilio. Toda la crueldad de la historia del siglo XX atraviesa su literatura siendo un testimonio único, directo, crudo y fácil de comprender. Su creatividad está basada en los contrastes. Capaz de mezclar lo real y lo irreal, lo infantil con lo adulto, lo bello y lo macabro. Un jardín, en sus manos, contiene las más bellas flores y delicadas, junto a las hiedras venenosas y mortales.

Según la comisaria de la exposición, que se podrá visitar hasta el próximo 25 de mayo, la obra de Rodoreda es plenamente contemporánea y plantea siempre una tensión universal entre la luz y la oscuridad. Sus textos deambulan entre la ambigüedad de la existencia a través de un lenguaje sencillo que esconde personajes de una gran profundidad.

Neus Penalba aleja a la autora de los puntos de vista canónicos hasta el momento, muchos de ellos, establecidos a partir de la transición y especialmente de los años ochenta. Un ejemplo de su vigencia es el éxito de la reedición de su obra póstuma y una de las más misteriosas, La mort i la primavera (Club Editor, 2017), que se ha convertido en un claro referente para las nuevas generaciones de escritores y artistas como cineastas, dramaturgos, coreógrafos, músicos o pintores, que ven en su obra la fuerza perturbadora del deseo, entendido como una sed de libertad de las mujeres. Todo esto, bajo el manto de un naturalismo que emparenta al ser humano con el lado más salvaje de la naturaleza.

Neus Penalba aleja a la autora de los puntos de vista canónicos hasta el momento. © Alize Brazzit

Mercè Rodoreda i Gurguí nació en Barcelona el 1908 y falleció en Girona el 1983. Está considerada la escritora catalana más importante del siglo pasado y famosa por sus obras La plaça del diamant (1962) o Mirall trencat (1974). Rodoreda usa bellas palabras, pero sin artificios. Ahonda en las tinieblas del corazón humano sin miedo a mostrar lo abyecto, y sin miedo a mostrar lo inocente. La lectura tradicional y reduccionista siempre nos ha mostrado una autora de dos caras: la del jardín de infancia y la del bosque sangriento y tenebroso. Una nueva y necesaria relectura, nos sugiere una inseparable continuidad de temas y temores que, pese a lo presentado siempre en escena, ocultan los mismos procesos creativos y pensamientos razonados. La constante referencia a la naturaleza no es nostalgia del paraíso infantil, sino una correspondencia simbólica con temas como el deseo, el suicidio y el desarraigo.

En palabras de la escritora Marina Enríquez, referente actual de la novela de terror y encargada del prefacio de La mort i la primavera: "Rodoreda plasma una crueldad gratuita que pone en sus textos". Enríquez destaca la deliberación del uso del shock, casi gratuito, y con humor. Las situaciones macabras que relata la autora, constituyen un ensayo sobre lo deliberado del mal. Rodoreda, a más, huye de la etiqueta de que una mujer no puede ser cruel, y lo hace jugando con el hecho de cuán retorcida y potente puede ser la idea de que esto no sea cierto.

Mercè Rodoreda és l'escriptora catalana més important del segle passat, famosa per obres com La plaça del diamant. 

Mercè Rodoreda fue la primera mujer en recibir el Premio de Honor de las Letras Catalanas (1980). Pese a ser objeto de numerosas investigaciones académicas sobre su obra, Rodoreda no obtuvo un reconocimiento a la altura de su repercusión por parte de la mayoría de lectores y críticos de la época, y es que la autora, por su condición de señora mayor, fue vista como una narradora cursi ocupada de cuidar sus flores. Esta visión general, junto con el machismo imperante y cultural, la relegaron a ser una escritora menos interesante y destinada a ser leída únicamente en los estudios de secundaria.

Que sus narradores, jóvenes o ancianos, sean cándidos, en parte, e ingenuos, es un ejercicio consciente de plantear un necesario retorno a la infancia,a al inocencia, a al mirada limpia y sin complejos ni prejuicios que observa el mundo descubriendo y sorprendiéndose del mismo y de su misterio

La exposición Rodoreda, un bosc, comisionada per Neus Penalba, profundiza en el imaginario de la escritora catalana destacando su radicalidad. © Alice Brazzit

Los ojos de un niño plantea un conflicto con crecer y hacerse mayor. El niño descubre la mentira de la vida adulta y entiende que integrarse en el mundo significa renunciar al deseo, corromper el cuerpo y el alma, y ser domesticado. La rebeldía consiste, pues, en mantener esa mirada inocente en un mundo de mayores que han dejado morir sus sueños. Y el suicidio es la expresión final de esa rebeldía. Los personajes, jóvenes, desesperados, pero libres, optan por suicidarse huyendo de una vida adulta insoportable, violenta y llena de mentiras. Ejemplos son María en Mirall trencat o Cecília en El carrer de les Camèlies.

El deseo se muestra, a veces, como un juego de dominación entre hombres y mujeres. Rodoreda plasma, de un modo casi pionero, la gran mentira del relato del amor romántico. Los hombres no siempre son caballerosos. Los hay violentos, maltratadores, sádicos y mirones. Las mujeres también envidian, son frívolas, matan a sus hijos y defienden al patriarcado. En el ecosistema natural que describe, la belleza estereotipada del novecentismo va más allá del símil con las flores, una belleza femenina destinada a marchitarse. Hay dominación masculina, la de los señoritos acosadores de criadas, la de la mirada del hombre que cosifica el cuerpo de la mujer, y como este queda reducido a un mero objeto. También ellas asumen, dóciles, ese rol, e interiorizan esa mirada.

"Que sus narradores, jóvenes o ancianos, sean cándidos, en parte, e ingenuos, es un ejercicio consciente de plantear un necesario retorno a la infancia,a  al inocencia, a al mirada limpia y sin complejos ni prejuicios que observa el mundo descubriendo y sorprendiéndose del mismo y de su misterio"
Rodoreda escribe sobre aquello perverso, el espía, el mirón, el controlador y el poderoso que mira a través de mirillas y cerraduras. El matrimonio se torna una mera transacción por interés, un modo de ascender socialmente. Los infieles son retratados, las amantes descubiertas y los secretos no tienen ningún valor, porque atienden a intereses de poder y corrupción. Existe, también, un amor puro expresado por la autora, un amor lejos de la dominación sexual; como el de Colometa con el superviviente estéril y lisiado de la guerra, o como el del protagonista de su obra póstuma, enamorada de seres de fantasía. 

La muestra se podrá visitar hasta el próximo 25 de mayo en el CCCB. © Alice Brazzit

La sexualidad femenina está presente en todas sus etapas. También la represión sexual y la represión de la rebeldía, el estigma social del diferente, del disidente, y el posterior e inevitable linchamiento.

El uso de los espacios también es excepcional. La diferencia entre el lúgubre interior y la luz del jardín. Las casas que habita Colometa, dominadas por hombres y animales, son un ejemplo de un uso magistral de estos términos: una azotea con palomas y unos bajos con ratas. 

"Rodoreda escribe sobre aquello perverso, el espía, el mirón, el controlador y el poderoso que mira a través de mirillas y cerradura"
Sus narradores, cuando no son en primera persona, hecho que sucede la mayor parte de veces en sus cuentos, parecen hablarnos desde otro plano de existencia. Desde el más allá, como si los personajes hubiesen trascendido a la muerte y nos contaran su historia desde un punto de vista omnisciente. Todas sus novelas, por realistas que parezcan, contienen episodios fantásticos y elementos extraños. Las visiones oníricas y surrealistas combinan la locura con lo inexplicable. Rodoreda era ferviente lectora de Jung. "Detrás del espejo está el sueño: todos quisiéramos alcanzar el sueño, que es nuestra más profunda realidad, sin romper el espejo". 

Los horrores de la guerra y el exilio que vivió en sus carnes están representados en los cadáveres, la sangre, las violaciones y la hambruna, siempre la hambruna. Su cuento Noche y Niebla, que referencia el decreto asesino y nazi Nacht und Nebel (1941), fue escrito entre 1945 y 1946 en Burdeos, antes de la publicación de la obra de Primo Levi, y antes del documental de Alain Resnais del mismo nombre (1956). El relato, que describe el horror y la deshumanización de los cuerpos moribundos, que se hacinaban en las literas, en las barracas, fue publicado por primera vez en 1978 en Cataluña, en su antología Parecía de seda y otras narraciones.

Mediante un recorrido temático, se analizan los grandes motores de su literatura que conforman una especie de red de significados. © Alice Brazzit

Sola y exiliada en Ginebra, viajó varias veces a París, y añoró siempre su ciudad natal. Su retorno a Barcelona fue mental y literario. La prostitución y las bailarinas del Paralelo, las azoteas de Gràcia durante la guerra civil, los depravados señores del Eixample, las barracas de Montjuic, el campo de claveles de Sarrià, las joyas del Liceo o una torre demolida en Sant Gervasi, son ejemplos de la influencia de la ciudad en su obra. Barcelona, sus calles, sus plazas, su gente, se tornan decorado, lugares comunes, también una Barcelona negra, la de las brujas y las prostitutas.

En seis años en el exilio, Rodoreda escribió Jardí vora la mar (preludio de Mirall Trencat), La plaça del diamant, Flors de veritat los relatos sobre animales y la metamorfosis en Cristina i altres contes, El carrer de les Camèlies, y dedicó tres años en trabajar sobre su obra entonces incompleta La mort i la primavera

Rodoreda, un bosc, presenta 400 peces entre pintures, dibuixos, gravats, escultures, i fotografies, entre documents i peces audiovisuals. © Alice Brazzit

Rodoreda, un bosc presenta 400 piezas entre pinturas, dibujos, grabados, esculturas, y fotografías, entre documentos y piezas audiovisuales, que establecen un diálogo con artistas como Remedios Varo, Pina Bausch, Marc Chagall, Leonora Carrington, Picasso, Suzanne Valadon, Ramón Casas, Fina Miralles, Joan Ponç, Tura Sanglas, Dora Maar, Toni Catany, Man Ray y Laia Abril. Contiene originales de la Fundación Mercè Rodoreda, fotografías y obras de Èlia Llach, Mar Arza, Cabosanroque, Oriol Vilapuig y Carlota Subirós, todos ellos a cargo de Martí Sales.

La exposición, que se podrá visitar hasta el 25 de mayo, se enmarca en los universos que ha explorado el CCCB con autores como Pere Calders, Salvador Espriu o Ramón Llull; así como Borges, Joyce y Kafka. Con la muestra, se intenta incentivar su lectura, multiplicar su influencia, aumentar la proyección internacional de una autora esencial y referencial que ha sido traducida a más de treinta lenguas y publicad en cuarenta países. En la actualidad, con los tiempos convulsos que vivimos, vale la pena ahondar en su obra porque eso supone profundizar en lo más esencial del alma humana y a encontrar la belleza en la oscuridad que nos cubre.

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