Barcelona es uno de los principales polos de las ciencias vinculadas a la vida y a la salud. Lo dicen los datos, los informes y el dinamismo del ecosistema. Ahora, todo ese liderazgo queda reflejado en una sola operación en el mercado de oficinas: el espacio que dejó libre AstraZeneca para seguir creciendo desde el Edificio Estel, ahora ha pasado a ser la oficina desde la que la startup Biorce propulsará su crecimiento acelerado.
Las nuevas oficinas de Biorce, de unos 2.000 metros cuadrados, se asoman a la Diagonal desde el edificio conocido como El Dau, a tocar de la plaza Maria Cristina. La oficina, de Colonial SFL, dará espacio al equipo de Biorce, desde sus ingenieros hasta marketing, pasando por atención al cliente y producto. Mientras decenas de mesas van encontrando su sitio definitivo, miembros del equipo ya trabajan en espacios que incluyen salas de reuniones, rincones distendidos e incluso cabinas individuales, mientras enseñan por primera vez la recién estrenada oficina, con una distribución muy similar a la que AstraZeneca dejó atrás al trasladarse.
Así, un gigante del ámbito farmacéutico crece para dar espacio a los pasos también agigantados de una startup que, en un año, ha multiplicado por diez su plantilla (de hecho, analistas la sitúan entre las tres empresas que más están creciendo, a nivel mundial). En este baile de oficinas, el espacio que deja Bioce también servirá para seguir agrandando el ecosistema: hasta ahora operaba desde el hub de emprendeduría tecnológíaca y de impacto de Norrsken, en la Barceloneta.
Este efecto en cadena ilustra el dinamismo de un ecosistema desde el que Biorce está despuntando con su plataforma de IA para acelerar ensayos clínicos —también como reciente ganadora del 4YFN Award—. Y es que, de media, los ensayos clínicos tardan más de una década y más de 6.000 millones de euros en llevar un nuevo fármaco al mercado; con la plataforma de Biorce, el proceso se acelera, acortando plazos de los múltiples procesos que implican los ensayos, y eliminando errores que se producen en más de la mitad de los casos, y que implican más retrasos.
El propio proyecto de Biorce nace de la experiencia del que es ahora su CEO, Pedro Coelho, y de la pérdida de su padre por un melanoma. Coelho había fundado años antes en Londres una empresa de gestión de ensayos clínicos (conocidas como CRO), que despegó de cero a 23 empleados en tres meses. “Empezamos a crecer cada vez más, hasta que un día mi padre me llamó para decirme que tenía un melanoma, y empezó la montaña rusa”. Pocos meses después le dieron un pronóstico de tres meses de vida, y Coelho empezó a buscar hasta que dio con un ensayo clínico experimental en el que pudo participar. Con el ensayo, su padre vivió diez meses más, “pero si hubiera empezado unos meses antes, habría superado la enfermedad. Y ahí nació Biorce”. Coelho decidió vender su empresa y apostarlo todo a acelerar los ensayos, con un objetivo: que los fármacos lleguen antes a los pacientes.
Para lograr este objetivo, Coelho se alió con Clara Bernardes, José Faria y Diogo Pisoeiro ---amigos entre ellos y todos de origen portugués--- y pusieron en marcha Biorce en 2024. Ahora, la plataforma de IA de la startup, Aika, acorta los tempos de los ensayos en aproximadamente un 30%, como explica Coelho desde Estados Unidos, donde Biorce dispone de una nueva sede. Y una vez Aika tenga en marcha todas las funcionalidades, se alcanzará, al menos, un 50%. ¿Y cómo lo logra? Aika bebe de más de un millón de ensayos clínicos publicados, con datos que permiten evitar errores y acelerar los procesos, como explica desde la startup Pia Sarrió.
“Aika facilita el diseño del protocolo, los estudios de viabilidad, incluso indica los lugares ideales en los que hacer el estudio. La cuestión es encontrar procesos farragosos y agilizarlos”, remarca Sarrió. Así, Aika permite acortar cada una de las fases: “Si normalmente se tardan unos seis meses en diseñar un protocolo, con Aika puedes tardar una semana. Se ahorra tiempo, dinero y errores”.
Para seguir construyendo su plataforma, Biorce se centra tanto en mejorar las funcionalidades ya existentes como en poner en marcha nuevas piezas que permitan seguir acortando los largos procesos de los ensayos clínicos. “Tenemos identificados los diversos procesos que se pueden agilizar. Tenemos todo el scope que queremos atacar”, avanza Sarrió.
Con el objetivo de atacar estos puntos, Biorce ha ido ampliando su plantilla de forma exponencial. Desde las 12 personas que formaban parte del equipo hace un año, ya supera las 120, con 81 de ellas en Barcelona. De ellos, la mitad se ha incorporado en los últimos cuatro meses: en diciembre, eran unas 60 personas. “En las últimas cinco semanas, hemos crecido un 25%”, detalla Sarrió. La plantilla, además, es más que diversa: no solo incluye 33 nacionalidades, sino que el 74% del equipo es internacional. Y en este equipo, el 51% son mujeres. Para la atracción de talento, Barcelona y su atractivo ayudan; el propósito y el impacto en la salud de Biorce, también, como explica Sarrió.
Para mantener este ritmo de crecimiento, necesitaban encontrar más espacio (y rápido). Multiplicar la plantilla de forma acelerada llevó a Biorce a estudiar varias alternativas, y la antigua oficina de AstraZeneca parecía hecha a medida: con todas las instalaciones necesarias y recientemente reformada con este estilo diáfano, con espacios de trabajo, salas de reuniones y espacios también para la distensión —como atestiguan una mesa de ping pong y un futbolín—.
Crecer en Europa, y en Estados Unidos
Para impulsar todo este crecimiento, Biorce cerró en febrero una ronda de inversión de 44 millones de euros. Con estos recursos, no sólo está reforzando su equipo en Barcelona, sino también su presencia en Estados Unidos. Desde Nueva York, con una oficina comercial, y sobre todo desde Austin, con una sede centrada en I+D. “La previsión es que acabe siendo tan grande como la de Barcelona”, destaca Sarrió.Todo ello para seguir liderando una carrera en la que Biorce es la única empresa que trabaja para ofrecer una solución que abarque todos los procesos de los ensayos clínicos. “Hay competidores, pero se centran en una parte de los procesos, no son 360”, destaca Sarrió. Así, Biorce seguirá trabajando para liderar esta aceleración de los ensayos, siempre con un propósito: que los fármacos beneficien lo antes posible a los pacientes.
