Construir la infraestructura tecnológica que posibilita la prestación de servicios financieros de forma ágil y rápida. Este es el objetivo con el que Belvo nació en Barcelona en 2019, con la mirada puesta, sin embargo, al otro lado del Atlántico. Desde su puesta en marcha, la compañía ha desarrollado la plataforma de open finance que permite a empresas y administraciones en Latinoamérica conectarse con los datos financieros de sus usuarios, así como realizar pagos entre cuentas de forma segura.
“Belvo no presta servicios financieros; ayuda a las empresas a prestarlos”, aclara Uri Tintoré, cofundador de Belvo junto a Pablo Viguera. Con 85 personas en plantilla y con la base en Barcelona, Belvo lo hace ofreciendo acceso a información financiera y laboral y procesando pagos, centrada en México y Brasil. La startup, pese a que descarta detallar su facturación, está posicionada como uno de los posibles futuros unicornios catalanes.
El origen de Belvo viene de otra plataforma de pagos, y explica por qué dos barceloneses optaron por el mercado Latinoamericano. Viguera y Tintoré se conocieron trabajando juntos en Verse, fundada en 2015 en Barcelona. La compañía cerró en 2023, pero antes se planteaba expandirse por Latinoamérica, opción que se encargó estudiar precisamente a Viguera y Tintoré. Pese a que constataron que tratar de llevar la plataforma al mercado latinoamericano no era una buena opción, detectaron otras oportunidades: no existía una infraestructura de open finance que permitiera a nuevos negocios poderse conectar a redes con las que acceder a la información de sus clientes y mover dinero de forma sencilla.
“Ahí vimos una oportunidad, y comprobamos que se había detectado también desde dentro del propio ecosistema”, rememora ahora Tintoré. Durante este proceso, se toparon con un inversor que buscaba a un equipo que desarrollara esta infraestructura, y ambos decidieron lanzarse a emprender este proyecto.
Así, se propusieron generar esta infraestructura latinoamericana desde Barcelona, “con todas las dificultades que conlleva”, como explica Tintoré. Estas dificultades se convirtieron en anécdotas, como el hecho de que no pudieran abrirse una cuenta bancaria y lo tuvieran que hacer por ellos personas del grupo inversor. A partir de este punto, Belvo “se expandió muy rápido” a países como México, Colombia y Brasil, donde empezó conectando con datos bancarios y después se amplió a datos financieros y laborales.
Tras esta rápida expansión, la startup decidió redimensionarse y priorizar, porque “tratar de abarcar demasiado es difícil”. A raíz de un proceso de reflexión y evaluación sobre qué soluciones de Belvo eran las que mejor funcionaban, decidieron centrarse en México y en Brasil, en productos focalizados en información laboral y fiscal en México, y también en datos bancarios en Brasil, extrayéndolos de organismos como la Seguridad Social Mexicana y su sistema tributario.
Además de la vertical de datos, Belvo también se centra en los pagos. Y es que en Latinoamérica existen otras opciones de pagos instantáneos, pero no permiten pagos recurrentes. Ahora, además, desde la startup están creando modelos de estimaciones y predicción de ingresos a través de su “cantidad brutal de datos”, y se está expandiendo en la IA, con el objetivo de que sus clientes puedan utilizar estos datos de forma rápida y ágil.
Desde su puesta en marcha, Belvo ha levantado cerca de 55 millones de euros distribuidos en tres rondas —una preseed de unos ocho millones de euros en 2020, otra de 35 en 2021, y otra de 12 millones cerrada recientemente— y ha llegado a millones de usuarios: “Este año lo cerraremos con más de 50 millones de usuarios que han pasado por los flujos de Belvo para obtener algún servicio financiero”.
Además, la startup procesa cerca de dos millones de transacciones de pago de cuenta a cuenta mensualmente, lo que se traduce en un volumen total de pagos anuales superior a los 420 millones euros —500 millones de dólares—, explica Tintoré, y no se quedan aquí: “Y el objetivo es doblar el volumen de pagos actuales”.