CARAS DESCONOCIDAS

Una barcelonesa en Padua

Anna Trilla davant de la seva botiga
Anna Trilla davant de la seva botiga

Como tantos otros jóvenes universitarios, Anna Trilla se fue de Erasmus. Era estudiante de Psicología en la Universitat de Barcelona, y el curso 96-97, se fue a hacerlo a la ciudad italiana de Padua, donde está la segunda universidad más antigua del mundo, muy cerca de la primera, que es la de Bolonia. Y, como tantos otros participantes en el programa Erasmus, Anna ya no volvió. En Italia conoció a su pareja, tuvo una hija y abrió una preciosa tienda de ropa y complementos que bautizó con el nombre de La República dels Estels, Barcelona. Está en el núcleo antiguo de la ciudad, a muy pocos metros de la iglesia donde se venera a San Antoni de Padua. En su tienda, esta barcelonesa vende moda hecha por pequeños diseñadores en Barcelona y en otros lugares de España, que llenan de color y vida su tienda y el armario de su clientela.

19 de diciembre de 2025

Caminando por el entramado de pequeñas calles del barrio histórico de Padua, callecitas hechas con piedra, sorprende, de repente, levantar la vista y leer en el letrero de un local ‘La República dels Estels, Barcelona’. En el escaparate, ropa de mujer, colgantes, cinturones, bolsos, pendientes... Dentro, paredes de color rosa, un baile de mariposas decorando un espacio, chaquetas, pantalones, faldas y trajes diferentes, coloridos, originales, y ramos de flores que dan la bienvenida a una tienda especial. Es uno de esos comercios que más que nunca queremos encontrar en el centro neurálgico de las ciudades que visitamos. Son negocios con personalidad propia, de los que nos atrae la cuidadosa selección de artículos que no encontramos en todas partes. Y donde se respira una atmósfera, un ambiente de hogar particular, de confort, que invita a entrar y a quedarse conversando. Al frente de esta república de las estrellas, esta boutique cargada de romanticismo, encontramos a la barcelonesa Anna Trilla.

El programa europeo de intercambio estudiantil de jóvenes universitarios Erasmus la llevó a comprarse un billete de avión para aterrizar en Padua para pasar todo un curso. Era el año 1996 y aquella estudiante de Psicología de la Universitat de Barcelona, disciplinada, que no se había saltado nunca una clase, quiso vivir plenamente la experiencia de Erasmus, con mucha fiesta por la noche. “Empecé haciéndolo todo, dormía muy poco porque salía, pero iba a clase cada día. Después del primer semestre me di cuenta de que la formación en la universidad de Padua era muy diferente a la de la UB. En Barcelona era fundamental ir a clase, pero en Padua debatían, hacían preguntas, pero el núcleo del estudio era la bibliografía, que era muy amplia. Yo no quería perderme la fiesta, así que empecé a levantarme cuando el cuerpo quería y estudiar. Así pude vivirlo todo”.

Recuerda como un verdadero caos la convivencia en el primer piso de estudiantes donde estuvo. “Teníamos que ser seis, teóricamente, pero muy a menudo éramos doce, porque llegaban parejas, amigos, perros... Acabé buscando otro alquiler”, dice.

Todas las clases en la universidad eran en italiano, lengua que ella ya conocía un poco porque el curso antes, en Barcelona, había seguido un primer curso de italiano con créditos universitarios de libre elección. Ni dos semanas le hicieron falta en Padua para conocer la que sería su pareja, un estudiante de ingeniería. Aquella relación hizo que Anna pidiera, ya fuera del programa Erasmus, poder quedarse en Padua a hacer las prácticas del siguiente año de carrera, y las dos universidades lo aceptaron.

Después de dos años de relación, la pareja vino en Barcelona, él para hacer un Erasmus en Terrassa y ella para hacer un máster de Psicología de Pareja y Familia en la Universitat Ramon Llull. Después de aquel año, él volvió solo a Italia y la relación hizo una pausa, antes de volver a coger impulso en la distancia. Y en el 2003, Anna se instaló en Padua porque a él le salió una muy buena oportunidad de trabajo.

Esta es, pues, otra pareja de europeos de diferentes países engendrada por el programa Erasmus, la fundadora del cual moría en Roma el pasado 18 de octubre. Era la pedagoga italiana Sofia Corradi y tenía 91 años. Deja como legado esta iniciativa, que es una de las más conocidas y solicitadas por los jóvenes europeos, enviar a universitarios a estudiar en universidades de otros países desde el año 1987. Y en los campus universitarios, relaciones como la de Anna Trilla han ido propiciando migraciones por amor. “El programa Erasmus nos ha mezclado mucho, nos ha enviado a conocer mundo y a poner raíces en otros lugares”, expresa Anna, veintitrés años después de llegar a Padua para hacer su curso de Erasmus.

Anna Trilla se fue a Padua de Erasmus, y se acabó quedando.

Una vez se estableció para vivir allí, lo primero que hizo fue apuntarse a un curso de decoración y diseño de interiores, y buscó trabajo de profesora de español. Le fueron saliendo muchos trabajos en escuelas. “Había entonces, y todavía ahora, mucho interés por la lengua española. Y también hice una clase particular de catalán”.

La moda siempre le había interesado, y en el 2008, ante la precariedad que le ofrecían las clases, decidió dejarlo todo y abrir una tienda. “Mi abuelo materno y sus padres habían fundado en Barcelona una peletería. Tenían su propio taller y hacían abrigos. De alguna manera, había un antecedente familiar en la moda”.

El mundo de la moda siempre le había interesado y en Barcelona unos antepasados habían tenido un negocio de peletería.

Una vez eligió el local, le colgó el nombre de La República dels Estels, “y añadí Barcelona para hacer referencia a mis orígenes”, puntualiza. “La idea de la tienda me vino bastante intuitivamente. Sí que fui viendo cómo era el mercado, pero no hice un estudio en profundidad. Tenía claro que todos mis proveedores tenían que ser españoles, para cambiar, la moda italiana tiene fama internacionalmente, pero la española es diferente. Y era la que yo quería vender. Primero vendí solo ropa de mujer, y cuando tuve a mi hija, Gaia, me gustaba ponerle ropa mucho más elegante de la que se suele vender. Y mis amigas me preguntaban: ¿De dónde sacas estos trajes? Y acabé abriendo un corner en un ángulo de la tienda, con ropa de niña. Pero fue un paréntesis. De moda para niños en España hay mucha más oferta que en Italia y es un estilo totalmente diferente”, explica. “Ahora solo vendo ropa de mujer y complementos. Todo de un estilo muy original con mucho color. Me gusta que los tejidos sean naturales y que estén bastante trabajados, bordados, con aplicaciones...”.

Y, entre los proveedores de España, tiene algunos que son diseñadores de Barcelona. De Italia, solo tiene uno: Antonio de Canistris, que trabaja con ella en la tienda atendiendo al público. Antonio es hijo de Padua y “crea a partir de material preexistente, que recicla dándole una nueva vida. Puede ser un cinturón, un broche, unos zapatos, puede transformar cualquier cosa que se le pasa por la cabeza”. 

Todos estos detalles ayudan a conformar lo que es La República dels Estels. Es la nota que hace la diferencia, el atractivo de una tienda en el centro neurálgico de una ciudad con mucha historia. “Padua tiene varios lugares que son Patrimonio de la Humanidad, y esto ha impulsado mucho el descubrimiento de la ciudad, que había quedado eclipsada por Verona y Venecia. Entre los lugares que figuran en la lista de la UNESCO está uno de los huertos botánicos más antiguos de Europa, y el Palazzo della Ragione, que es también muy visitado”, explica Anna. Su tienda está cerca de todo ello, en el barrio judío de la ciudad, donde los turistas pasean con toda la calma del mundo y, aunque no busquen su tienda, es muy fácil que la descubran.

“Creo que esta tienda es como un puente. El nombre en catalán hace referencia a mis raíces. He visto que posteriormente han puesto tiendas en el barrio con el nombre en español, a pesar de ser italianos los propietarios, pero eso le da un toque exótico. En mi caso no es esto, sino que realmente reflejar mis raíces, que soy catalana, me gustaba. Aunque es largo y la pronunciación no se conoce, por lo tanto, se hace más complicado, pero no me importa. Más de una vez han entrado catalanes, bastantes veces, por curiosidad, a preguntar”.

La ubicación de su tienda favorece a que la descubran muchos visitantes de Padua.

De uno de los grupos de catalanes, concretamente, Anna siempre se acordará. “Mi hija tenía unos tres años cuando, un día que estaba en la tienda conmigo, se atragantó comiendo un caramelo de chocolate que llevaba un grano de café dentro. Se estaba ahogando en el preciso momento en el que entraron unos catalanes porque habían leído el cartel y me iban preguntando, mientras yo estaba pasando aquel momento de nervios porque mi hija se ahogaba, y ellos enseguida llamaron a uno del grupo que era médico y le hizo la maniobra para que expulsara el caramelo”.

Viajes a Barcelona

Tres veces al año, como mínimo, Anna y su familia vienen a pasar unos días a Barcelona, y en verano, disfrutan de un tiempo en la Costa Brava. “Cada vez que vengo veo cambios en Barcelona. La veo más globalizada, que pierde las raíces y la lengua, y me sabe mal que todo esto se pierda”, dice. Le parece muy curioso que especialidades catalanas, como la crema catalana, se ofrezcan en muchos restaurantes en Italia, y tiene la sensación de que Barcelona, en cambio, "al ser más cosmopolita está perdiendo muchas de sus cosas más auténticas". 

"En Barcelona encuentras guacamole, burrata, un montón de cosas italianas, e incluso una buena parte de población que ahora vive en Barcelona viene de Italia, y han llevado allí su gastronomía. Esto está bien, porque implica estar abierto a otras cosas, pero, en cierta forma, se ha convertido en un parque de atracciones y la vida auténtica de la ciudad prácticamente ha desaparecido. Por ejemplo, cuando vengo en Barcelona, encontrar a un taxista que hable catalán es un milagro. Nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo. De hecho, yo me he encontrado con muchos italianos que creen que el catalán es un dialecto del castellano y, si partimos de esta ignorancia, realmente no sabemos cuál es la situación". 

Anna cada detalle de su tienda con mucho gusto.

Visitar las ferias de moda como la MOMAD de Madrid y los mercados de Ibiza como destino muy creativo siempre le sirve de inspiración. “Constantemente estoy haciendo investigación de nuevas ideas, porque la característica de mi tienda es la originalidad”. Pero la psicología no le ha dejado nunca de interesar. Ahora Anna compagina el trabajo en la tienda con una formación sobro bioneuroemoción. Sus días de estudio no se detuvieron después de su Erasmus. Solo se la llevaron a vivirlo ya casi todo bastante lejos de su ciudad.

Sobre el autor

Carme Escales
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