El pensamiento sistémico lo popularizó hace más de treinta años el ingeniero norteamericano Peter Senge en el MIT. En La quinta disciplina, Senge nos invita a mirar a las organizaciones como sistemas vivos: entramados complejos donde todo está conectado. Nos enseña a identificar patrones, relaciones de causalidad y puntos de apalancamiento capaces de generar cambios profundos y duraderos.
Desde esta mirada podemos hablar de problemas sistémicos, impacto sistémico, inversión sistémica… prácticamente de todo lo que importa hoy. La idea es tan simple como poderosa: todo lo que hacemos impacta en nosotros y en nuestro entorno. No basta con entender por qué, cómo y quién debe hacer las cosas; debemos preguntarnos también si hace falta seguir haciéndolas.
S i s t é m i c o.
Esta fue, sin duda, la palabra más repetida, escrita y respirada durante los dos días del Ship2B Impact Forum en Barcelona. Un ecosistema entero ---inversoras, emprendedores, filántropos, administración, académicos, activistas, sector público y privado--- se sentó a desgranar este quinto elemento. El reto es tan ambicioso como urgente: transformar cómo invertimos, cómo creamos empresa y cómo hacemos coexistir capitalismo, sostenibilidad, impacto social y legado. Para lograrlo, nos propusieron cambiar del impacto individual al impacto colectivo; de la mirada restrictiva a la mirada holística; de la certeza a la humildad. Sin humildad, lo sistémico es imposible.
Hubo una idea que me pareció transformadora. Esa frase que escuchamos tantas veces ---“o eres parte del problema o eres parte de la solución”--- se deshace cuando pensamos sistémicamente. Somos parte del problema y parte de la solución. Y esto nos obliga a compartir agendas, deseos y dificultades. Cambia la intención con la que enmarcamos el reto, y cambia también la calidad de la conversación para resolverlo.
En marketing hablamos de clientcentric. Aquí nos invitan a algo mucho más desafiante: ser challengecentric. Enamorarnos del problema, no de la solución.
Coordinar este quinto elemento implica sentar en la misma mesa a quienes sufren el problema y a quienes pueden resolverlo. Porque se necesita un sistema entero para transformar el sistema existente. El reto es pensar como un sistema, pero actuar como un emprendedor: desde la complejidad, ser ágiles. Parece imposible… hasta que entiendes que el problema es de todos —también tuyo— y que la solución también es de todos —también tuya—. Ahí cambia la actitud. Cambia el vínculo. Cambia todo.
Hay algo profundamente socrático en este enfoque: solo desde el diálogo honesto entre todas las partes afectadas podemos transformar la realidad. Y que esto ocurra en Barcelona no es casualidad. Quizás la ciudad esté empezando a pensarse, también, de manera sistémica.