Campanyà MNAC
Exposición de Antoni Campañà en el MNAC.
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La Barcelona de guerra y coches de Antoni Campañà

Dos exposiciones, en el MNAC y Casa Seat, rinden homenaje al fotógrafo que mantuvo escondida 70 años una caja con miles de imágenes de la contienda civil

Queda poco menos de una semana para poder visitar la exposición Campañà: la estética de la modernidad mecánica, pero aún podremos disfrutar de La guerra infinita, en el MNAC. Ambas muestras son el homenaje que Barcelona ha rendido al fotógrafo Antoni Campañà (1906-1989), cronista de un convulso siglo XX que incluyó la tragedia de una Guerra Civil que quiso olvidar y sepultó en una caja roja de cartón durante 70 años, hasta que la reencontró su nieto.

La exposición de Casa Seat se mantendrá abierta hasta el próximo martes y, a través del objetivo de Campañà, ofrece un viaje a través de la estética y las formas de los automóviles Seat. El fotógrafo dedicó medio siglo a retratar la evolución del coche. De ese trabajo, el nuevo espacio cultural de Diagonal con Paseo de Gràcia expone 237 fotografías, la mayoría en un magnífico y añorado blanco y negro. El propio fotógrafo aparece en varias imágenes, entre las que destaca una junto a un Seat 600 restaurado. Campañà no solo inmortalizó las imágenes publicitarias más icónicas de la marca, sino que a través de ellas retrató también la evolución de un país hacia la modernidad urbana.

La muestra del MNAC ofrece la Barcelona más trágica, la de la guerra, que Campañà plasmó en todo su horror. La guerra infinita se podrá contemplar hasta el 18 de julio. El fotógrafo vivió la contienda con su Leica en la mano, enfocando escenas de la vida cotidiana de esos años, pero también de la muerte y la destrucción. Al final, la exposición es un desgarro que transmite la angustia vivida por el propio autor.

Campanyà Casa Seat
Campañà también se dedicó a fotografiar coches.

Todo el conjunto de fotografías, inéditas hasta el momento, tiene un valor documental enorme, que se amplifica con su historia casi de leyenda. Campañà, tras retratar aquella cruda realidad, la quiso olvidar, como si no hubiera existido jamás. Encerró los negativos con miles de imágenes en una caja roja de cartón en la que escribió copias y la depositó en el garaje de su casa en Sant Cugat. Pasó página de los bombardeos y el hambre, y volvió a centrarse en los coches, los deportes, los paisajes, aquello que retrata un fotógrafo en tiempos de paz. En la guerra, mientras unos disparaban balas y bombas, el disparaba instantáneas para la historia.

Escondió la caja de los negativos de la guerra pero no los destruyó, quizá con el nunca expresado deseo de que algún día vieran de nuevo la luz y que décadas después del horror se pudieran admirar desde la distancia de los años y una sociedad transformada. Y así fue cómo su nieto encontró el tesoro en 2018, casi 20 años después de la muerte del abuelo. La icónica caja ocupa hoy un lugar central de la exposición como símbolo de todas las imágenes que la rodean. Roja, sí, lo que reforzaría el deseo de Campañà de que algún día se desenterrara, porque no hay caja menos discreta que una roja. Pero eso es solo una suposición. La verdad se la llevó a la tumba.

Entre las fotos expuestas, destacan imágenes de milicianas, de casas destruidas, de los comedores populares, trincheras y hasta del desfile de la victoria de las tropas franquistas. Y allí cerró aquel capítulo de violencia. Pero entre todas ellas, hay una serie que golpea el alma, que es la de las momias expuestas en plena calle de las monjas Salesas del Paseo Sant Joan. Y no lo es tanto por la visión grotesca de los cadáveres de las religiosas. Lo que realmente angustia son los rostros de los curiosos, la gran mayoría de los cuales no expresa piedad alguna, sino más bien complacencia con la barbaridad. Incluso muchos llevan a sus hijos con ellos.

Entre las fotos expuestas, destacan imágenes de milicianas, de casas destruidas, de los comedores populares, trincheras y hasta del desfile de la victoria de las tropas franquistas

Esas escenas me recuerdan a mi madre, que, siendo aún muy joven durante aquellos sucesos, acabó conducida medio engañada por unos familiares a contemplar las momias de las monjas. Lo explicaba a menudo, como una de las escenas más horripilantes de su vida. Como consecuencia, le brotaron llagas en la boca y jamás lo borró de su mente.

En definitiva, vale la pena repasar la obra de uno de los grandes fotógrafos barceloneses del siglo XX que, además de narrar décadas de historias con su objetivo, se adentró en las vanguardias y fue uno de los grandes referentes de la fotografía pictorialista.

Campanyà MNAC
Campañà escondió la caja de los negativos de la guerra pero no los destruyó, quizá con el nunca expresado deseo de que algún día vieran de nuevo la luz.