“Barcelona debe ejercer de capital de un territorio vitivinícola rico y diverso”

Moments Estel·lars, enoturisme a prop de Barcelona
Moments Estel·lars, enoturisme a prop de Barcelona

El director de Escola d’Enoturisme de Catalunya, Gerard Domingo; el sociólogo especializado en enoturismo, Lluís Tolosa; y la presentadora del programa 'Tast Vertical', Empar Moliner, reivindican en una nueva sesión del ciclo Moments Estel·lars el valor y la variedad de las propuestas que, en las comarcas barcelonesas, consiguen conectar vino con paisaje, gastronomía e historia. Unas actividades que incluso pueden convertirse en una oportunidad para “reducir la masificación turística que sufre la capital catalana”

16 de septiembre de 2025 a las 02:07h

Hace más de 2.700 años que Catalunya produce vino. Desde entonces, el territorio catalán se ha convertido en una tierra dominada por viñedos y una gran variedad de bodegas desde las que se comercializa incluso internacionalmente este producto considerado la bebida preferida de los Dioses. Una producción y tradición con carácter milenario que, sin embargo, ha ido evolucionando y profesionalizándose con el paso de las décadas. De hecho, en los últimos años, viñas y bodegas han conseguido reinventarse para ofrecer a visitantes nacionales e internacionales experiencias que logran conectar vinos de gran calidad con el paisaje, la gastronomía y el patrimonio y que, además, atraen a nuevos públicos, a través de actividades como yoga entre viñas o vermuts musicales.

“Contrariamente a la concepción general, no fueron los griegos ni los romanos quién introdujeron el vino y las ánforas en Catalunya. El vino fue introducido como producto exótico por los fenicios, proveniente de la primera colonia fenicia a Gádir (Cádiz)”, ha aclarado el sociólogo y experto en enoturismo Lluís Tolosa a la sesión Enoturismo cerca de Barcelona, muchas experiencias por descubrir, organizada por The New Barcelona Tabla dentro del ciclo Moments Estel·lars.

Tolosa, quien ha estudiado la historia de esta bebida en las tierras catalanas en su libro Origen de la vinya i el vi a Catalunya. Una perspectiva arqueològica i sociològica junto con Dani López, ha concretado que la primera prensa para extraer el zumo de la uva y convertirlo en vino tuvo lugar en 700 a. C. en Avinyonet del Penedès. Dos milenios más tarde, el Penedès, aquella primera región donde se inició la tradición del vino y la viña, continúa jugando un papel destacado dentro del panorama vitivinícola catalán, concentrando 152 de las 435 bodegas visitables que existen actualmente en Catalunya.

Pero esta no es la única región que cultiva uva y produce vino. Según el estudio Wine Travel Observer, impulsado por la Escola d'Enoturisme de Catalunya, Catalunya dispone de 1.090 negocios vinculados al enoturismo en más doce denominaciones de origen. Entre estos establecimientos, destacan 435 bodegas visitables, 470 restaurantes, 102 establecimientos turísticos, 60 agencias de viajes y 23 empresas de servicios. La provincia de Barcelona concentra casi la mitad de estas bodegas abiertas al turismo, con un total de 182. 

“Catalunya cuenta con una variedad de vinos maravillosa: desde el xarel·lo del Penedès hasta el picapoll o el mandó —variedad recientemente recuperada— de la DO Pla de Bages, pasando por el trepat de la Conca de Barberà”, ha ejemplificado la escritora y presentadora del programa de Catalunya Ràdio Tast Vertical, en el que se pasea por bodegas, DO y propuestas sorprendentes para acercar el público a esta riqueza existente.

“Una variedad y riqueza que consigue dejar boquiabiertos sumilleres y profesionales del sector del todo el mundo”, ha afirmado Moliner en una sesión moderada por el periodista y profesor de la UPF-BSM Toni Aira, y organizada con la colaboración de la Diputació de Barcelona, Casa Seat, Barcelona GlobalMust Media Group. Las comarcas barcelonesas concentran tres denominaciones de origen propias: además de la extensa DO Penedès —con más de 24.000 hectáreas—, también destacan la DO Bages y la DO Alella que, todo y sus dimensiones más reducidas, sobresalen por su intensidad y madurez dentro del sector.

Moliner, que en el programa radiofónico Tast Vertical recorre las diferentes bodegas y DO, ha enfatizado la riqueza de un territorio con doce denominaciones de origen. © Marc Llibre

A pesar de contar con esta tradición milenaria, las bodegas han sabido no solo sobrevivir al paso del tiempo, consiguiendo incluso exportar y brillar a nivel internacional, sino que, además, desde hace unas décadas, también se han abierto al turismo nacional e internacional. “El sector del vino es un sector en crecimiento y que cada vez está más profesionalizado”, ha afirmado el director de Escola d’Enoturisme de Catalunya, Gerard Domingo. Una profesionalización que, desde 2014, acompañan e impulsan a través de formaciones y cursos desde este centro situado en Vilafranca del Penedès.

“Hace unas décadas el sector estaba dominado por campesinos que, además de cultivar sus tierras, también producían sus vinos. Pero, desde hace unos pocos años, estos productores también han dado un paso más y se han abierto al turismo”, ha valorado Domingo. Así, bodegas y viñas ofrecen experiencias innovadoras que no solo seducen al visitante a través del paladar, sino que también consiguen maridar la experiencia con historia, cultura, patrimonio y respeto hacia el paisaje y los productores locales.

Domingo, que dirige la Escola d’Enoturisme de Catalunya desde hace cerca de dos años, acumula casi una década en la institución que tiene por objetivo profesionalizar y ofrecer formaciones para los profesionales del vino. © Marc Llibre

Experiencias completas como la de Oller del Mas, en la DO Pla de Bages, que se ha conseguido convertir en la bodega más visitada de toda Catalunya, con una oferta que combina vino con golf y cabañas en medio de la naturaleza. Unas experiencias especialmente ricas en momentos como los de la vendimia, que se extiende desde finales de agosto y hasta principios de octubre. Desde los inicios del tiempo, la recolección de la uva se ha asociado a cierto ritualismo y todavía hoy, cuando el proceso ya se ha mecanizado casi por completo, es motivo de fiesta y celebración en todas las denominaciones de origen de la provincia de Barcelona.

Una nueva dimensión del sector vitivinícola, en el que, en realidad apenas las bodegas empiezan a sumergirse. De hecho, la ruta enoturística catalana más antigua, la ruta de la DO Penedès, apenas ha celebrado 20 años desde su creación. Así, “las bodegas todavía tienen camino para recorrer y continuar profesionalizándose”, afirma Domingo, ya que, por ejemplo, de las 435 bodegas visitables solo un 20% cuenta con un gestor de reservas integrado dentro de su web.

Un nuevo reclamo turístico

"Barcelona debe ejercer de capital de un territorio vitivinícola diverso y rico”, ha reivindicado Lluís Tolosa, quien ha recibido 12 premios nacionales e internacionales, incluido el de Best Wine Tourism Book in The World de 2021. “Así como la ciudad vecina de Burdeos ejerce sin complejos de capital mundial del enoturismo sin disponer de ninguna viña en su interior, la capital catalana también debería poder reivindicar su capitalidad y su papel destacado en el mundo y el sector”.

"Barcelona tendría que empezar a mirar dentro de su propio territorio e identificarse con su parte más rural", ha reivindicado el director de la Escuela de Escola d’Enoturisme de Catalunya. “El turismo hacia el interior, a través de bodegas que conecten vino con paisaje e historia, puede ser una oportunidad, además, para conseguir esponjar y reducir la masificación turística que sufre la capital catalana”, ha defendido Domingo.

Los expertos en enoturisme han coincidido al señalar que este tipo de actividades pueden convertirse en un potente reclamo turístico internacional. © Marc Llibre

En un momento de debate sobre el modelo turístico de la capital catalana, la escritora Empar Moliner ha defendido que “el enoturista es un tipo de turista con un mayor grado de implicación y de respeto hacia el territorio, un turista que no solo visita, sino que también alquila bicicletas o prismáticos, compra libros y aceite y, en definitiva, se implica en el entorno”. Así, las actividades en viñas y bodegas no solo pueden servir como experiencias complementarias durante la visita en Barcelona, que consiga distribuir el turismo hacia otros territorios, sino que incluso puede erigirse como un reclamo para el visitante nacional e internacional. Todavía hoy un 50% de los visitantes a bodegas son catalanes, motivo por el cual estos establecimientos todavía pueden hacer para atraer un turista internacional que está en auge.

Como ejemplo de buena práctica, el sociólogo Lluís Tolosa, que ha publicado 25 libros sobre vino y enoturisme, ha citado el ejemplo de China, que en los últimos años está convirtiendo una gran cantidad de tierras en viñas, con el objetivo de convertirse en el país con un mayor número de viñas y bodegas en los próximos años. “En Europa se destruyen viñas mientras que en China se construyen y se reproducen por todo el territorio, porque el país está apostando por el vino como un sector económico con gran potencial”, ha afirmado el sociólogo.

El sociólogo Lluis Tolosa ha defendido la creación de la Catalan Wine House, al estilo de los centros temáticos sobre vinos que existen en otras ciudades europeas. © Marc Llibre

"Un sector potente a ojos de China porque, por un lado, consigue multiplicar por más de diez el precio del producto inicial, la uva, al transformarlo en vino. Y porque, además, consigue conectar todos los sectores económicos: el primario, secundario y terciario, además de recordar que la viña sirve de cortafuego de cara a los incendios forestales", ha defendido el sociólogo. Y ha añadido: “es hora que Catalunya, con Barcelona como capital y ciudad que nos representa internacionalmente, empiece a valorar este sector no solo como potente sino casi como esencial”, ha afirmado Tolosa. El experto ha reivindicando también la construcción de la Catalan Wine House, un anteproyecto para construir un centro lúdico y cultural del vino y el enoturisme en Catalunya, al estilo de la Cité lleva Vin de Burdeos.

Una reivindicación de las denominaciones de origen propias de Catalunya en la que también debe jugar un papel esencial la restauración, para que bares y restaurantes empiecen a contar con una variedad mayor y recomendar cada vez más productos y bebidas de la zona. En un año en el que Catalunya se reivindica como Región Mundial de la Gastronomía, el territorio tiene una oportunidad de presentarse al mundo como referente internacional no solo con una cocina creativa, pero que no olvida sus raíces, sino también a través de unos vinos y cavas que consiguen seducir paladares de todo el mundo.

La sesión, moderada por el periodista Toni Aira, ha servido para reivindicar la diversidad y potencial de este sector económico en crecimiento. © Marc Llibre

“El sector vitivinícola y el enoturismo en Catalunya viven un momento excepcional porque Barcelona y sus comarcas empiezan a creerse y reivindicar su potencial en el sector internacional”, ha afirmado Empar Moliner, mostrándose esperanzada y asegurando que la población tiene un interés mayor por aprender sobre los vinos blancos, rosados, negros y espumosos autóctonos. Con este objetivo, bodegas y viñedos tienen que continuar ofreciendo no solo propuestas cada vez más variadas —desde el yoga hasta los vermuts musicales—, sino que también consigan seducir a nuevos públicos. Públicos con un perfil cada vez más joven y femenino, ya que tradicionalmente estos perfiles han quedado relegados de estas actividades y experiencias.

La presentadora de Tast Vertical ha reivindicado que, además, los productos de las doce denominaciones de origen de Barcelona se ajustan a las demandas actuales de los consumidores internacionales, quienes reclaman “vinos con menos grados de alcohol, más elegantes, finos y etéreos”. "Con todo, Catalunya no tiene nada a envidiar en otras regiones vitivinícolas del mundo y, si continúa reivindicando su diversidad y riqueza, puede acabar ocupando el lugar destacado en el mundo que le corresponde en este ámbito", ha concluido la escritora.

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