Albert Guinovart: “Lo que me gusta es servir a la música y entusiasmar al público”

El compositor de música Albert Guinovart © Àngel Bravo
El compositor de música Albert Guinovart © Àngel Bravo

El compositor Albert Guinovart se despide de 'Mar i Cel' con una doble sinfonía a sus espaldas y la convicción de que la música no debe hacer sufrir. Reivindica una sensibilidad directa, popular y honesta, y recuerda la máxima de Victoria de los Ángeles: el músico debe servir a la música, no servirse de ella.

29 de julio de 2025 a las 09:22h

—Empecemos por lo más reciente: larga vida a Mar i Cel, ¿no?

--- Sí, bueno… se ha terminado. O no. Siempre digo que lo que se ha acabado, al parecer, es Dagoll Dagom. Y ni eso: simplemente cierran el chiringuito, digamos.

--- Y han dejado la puerta abierta para que se pueda seguir representando.

--- És clar. Com a companyia han decidit plegar, però lobra queda. I tota la seva altra obra, també: nhan fet tanta que ja és patrimoni del teatre català. Mar i cel, per exemple, es va fer a Alemanya, i això pot tornar a passar.

--- ¡Incluso en la playa de la Barceloneta!

--- Aquello fue muy emocionante. Tengo bastante relación con la Orquesta y el Coro del Liceu: desde hace nueve años dirijo El conte de Nadal, y antes estuve tres años con Els Pastorets. En la Barceloneta, estaba integrado dentro de la orquesta, con la compañía delante y el coro detrás... Fue mi auténtica despedida. No pude asistir a la última función oficial porque estaba en una boda en Italia.

--- Un éxito, vamos.

--- Se teatralizó un poco, como una ópera semiescenificada, pero no se pudo hacer todo por cuestiones de tiempo. Creo que al público le gustó.

--- Y con subtítulos: exponer la obra al público internacional también ayuda.

--- Todo suma. También sirve para decir: “Eh, que aquí también hacemos cosas que están bien”.

--- ¿Cuál es tu relación actual con Mar i Cel?

--- Muy buena. Aunque durante un tiempo no me resultaba cómoda.

"Cuando Mar i Cel tuvo tanto éxito, lo viví con una sensación de injusticia: había estudiado muchísimo piano, y, en cambio, como compositor me sentía poco preparado"
--- ¿Por cansancio?

---No exactamente. El tema es que, cuando hice Mar i Cel, me estaba formando como pianista, no como compositor. Había estudiado armonía, contrapunto… pero ese no era mi camino natural. Cuando la obra tuvo tanto éxito, lo viví con una sensación de injusticia: había estudiado muchísimo piano, y, en cambio, como compositor me sentía poco preparado.

--- Te pareció que te había costado demasiado poco.

--- Exacto. Pensaba que había que revisarla. Cuando el TNC propuso reponerla en 2004, no dejé ni una nota tal como estaba: revisé orquestaciones, canciones… Y me reconcilié con la obra. Aquella música tan espontánea hecha por alguien joven, con ganas de gustar, me pareció muy honesta.

--- ¿Qué va primero: tu música o el texto de Bru de Sala?

---Él. Normalmente, la palabra debe ir por delante. La música tiene que servir al momento dramático que se está explicando. Aunque hay libretistas que prefieren hacerlo al revés, porque así pueden controlar mejor los acentos. Pero no es fácil en ninguno de los dos casos. Con Flor de nit, por ejemplo, me costó mucho cuadrar las letras.

"La composición no se puede enseñar. Puedes enseñar las herramientas, pero el artista tiene que tener algo que decir"
--- Ahora estás inmerso en dos sinfonías. Primero, la Simfonia Gaudí. 

--- Sí. El musical Gaudí se hizo en 2003, pero no acabó de funcionar. Gaudí no da mucho juego escénico. Pero musicalmente, sí que me dio mucho. Con Rafael Pascual Vilaplana, director de la Banda Municipal, decidimos hacer una sinfonía instrumental. Y L'Auditori me la encargó.

--- El mismo año en que la Franz Schubert Filharmonia te encarga la Simfonia dels Àngels.

--- Imagínate: de no tener ninguna, a tener dos de golpe. Fue un encargo también de Tomàs Grau.

"Se hace música muy intelectual, pero poco sensitiva. A veces pienso: la vida es corta, no hace falta sufrir para escuchar música"
--- ¿Cómo se afronta el proceso de componer una sinfonía? ¿No es un poco magia negra?

--- Si tienes que novelar la vida de alguien, ya tienes una base. En música, también hay referentes y tradición. El gusto personal se va formando. Siempre les digo a mis alumnos que deben construirse una biblioteca interna, y a partir de ahí encontrar sus recursos. Ahora bien: la composición no se puede enseñar. Puedes enseñar las herramientas, pero el artista tiene que tener algo que decir.

--- ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Te consideras un compositor contemporáneo?

--- Hombre, si estoy vivo, soy contemporáneo (ríe). Pero sí, lo has dicho bien: reivindico una cierta emocionalidad, más a flor de piel. Desde las vanguardias se ha olvidado al público. Se hace música muy intelectual, pero poco sensitiva. A veces pienso: la vida es corta, no hace falta sufrir para escuchar música. Me aplico mucho una frase de Victoria de los Ángeles: el músico debe servir a la música, no servirse de ella.

---¿Cómo han sido las experiencias con Gaudí y con Victoria de los Ángeles?

--- La Simfonia dels Àngels nació a raíz de un homenaje a Victoria. Había tocado con ella más de 130 conciertos por todo el mundo. El reto era: ¿cómo hacer una sinfonía para una cantante? Y decidí incluir a una soprano, Ermonela Jaho. Ella aceptó. Hicimos cinco movimientos, uno de ellos con textos de Petrarca, Eliot y Chéjov. Tuvo mucho éxito.

--- ¿Y la Simfonia Gaudí?

--- Un mes y medio después. Tiene temas del musical, pero tratados de forma clásica. La interpretó la Banda Municipal de Barcelona, una de las mejores del mundo. Y el Palau de la Música ya la ha programado dos veces.

"(Dirigir) no me interesa. Me falta carácter. Yo diría: “Yo haría esto, pero vosotros sabréis... divertíos"
--- ¿Tres influencias musicales? Solo tres.

--- Mozart: compone, toca, dirige, enseña… Y siempre gusta sin rebajar calidad. Después, la música francesa (Debussy, Ravel, Poulenc) y la americana (Gershwin, Bernstein). Pero también Chopin, Schumann, los rusos… No, no puedo responder.

--- Pregunta suspendida, entonces.

--- ¡Y Richard Strauss!

--- ¿Nada de Schoenberg?

--- Aquella generación era buenísima, conocían la tradición y por eso pudieron romperla. El problema es que hoy muchas veces se imita la vanguardia sin haber pasado por la tradición. Así parece que avanzamos hacia ninguna parte.

--- ¿Y al piano, qué te gusta más tocar?

--- Chopin, seguramente. Pero también he tocado mucho a Mendelssohn, Schumann, Brahms, Debussy, Granados... Y autores catalanes como Montsalvatge o Mompou.

--- ¿Y dirigir?

--- No me interesa. Me falta carácter. Yo diría: “Yo haría esto, pero vosotros sabréis... divertíos”.

--- ¿Tienes algo entre manos ahora mismo?

--- Muchas cosas grandes, pero para dentro de dos o tres años. Ahora estoy trabajando en una sinfonía para Peralada, una versión del Gloria para banda, un quinteto de viento para el Palau, he estrenado un quinteto de saxos en Mahón... Escribo continuamente. Música de cámara y canciones no paro nunca, y las cosas grandes... a su tiempo.