Desde hace unos años, la moda nupcial está cambiando: ya no responde a un único modelo de boda, sino a múltiples formas de celebrar, de vestir y de entender esta fecha. Hoy, casarse ya no implica seguir unas normas preestablecidas, sino crear unas propias. En este contexto de cambio, Barcelona quiere consolidarse como referente internacional del sector. Del 22 al 26 de abril, la Barcelona Bridal Fashion Week transformará la Fira de Barcelona en el gran punto de encuentro de la industria, con 34 diseñadores en la pasarela —entre ellos, el aclamado couturier Stéphane Rolland— y 420 marcas en el espacio expositivo, el 87% internacionales.
Al frente del salón se encuentra Albasarí Caro, con experiencia en compañías como Pronovias, Bimba y Lola y Mango, y un profundo conocimiento del sector, desde el desarrollo de producto hasta el consumidor final. Desde que asumió la dirección en 2022, el salón ha vivido una etapa de consolidación y proyección internacional: pero, más allá del crecimiento en cifras, para Caro el verdadero salto adelante ha sido consolidarse como un referente global, una plataforma a la que la industria no solo acude para anticipar las tendencias de la moda nupcial, sino también para hacer negocio.
— ¿Se ha consolidado realmente la Barcelona Bridal Fashion Week como referente del sector? ¿En qué aspectos se hace evidente?
— Esta influencia la percibimos en el contacto directo con los distintos agentes de la industria, que nos trasladan que ya reservan estas fechas en el calendario porque quieren estar en Barcelona. Este hecho conlleva también una gran responsabilidad, ya que debemos generar valor a todos los niveles. Ser un referente hoy no consiste solo en crecer en superficie o en número de marcas, como hacemos cada año, sino en tener una verdadera capacidad de influencia: que el sector te mire para anticipar tendencias y comprender hacia dónde evoluciona el negocio. Y precisamente esa es la influencia que hemos conseguido: con el tiempo, las marcas han acabado mirando a Barcelona para entender el futuro de la moda nupcial.
— Y cuando estos agentes de la industria acuden a Barcelona, ¿qué vienen realmente a buscar?
— El eje comercial sigue siendo primordial. Hay marcas que llegan a cerrar más del 50% de su facturación anual durante los días del salón. Para los compradores, es el momento de ver las colecciones de las firmas con las que ya trabajan y hacer los pedidos para sus respectivas tiendas. Pero también vienen a descubrir nuevas marcas. Desde la organización hacemos un trabajo previo de investigación internacional para incorporar propuestas que, por tiempo o presupuesto, muchos de ellos no podrían encontrar por su cuenta: con firmas que llegan de lugares tan diversos como Nueva Zelanda o Malasia. Es, en esencia, una labor de selección: detectar talento en mercados lejanos y lograr reunirlo en la Barcelona Bridal Fashion Week.
— Se basa en escuchar a la industria y seguir de cerca las últimas tendencias. Contamos con colaboradores en 12 países que nos ayudan a detectar tendencias y marcas emergentes. Además, el equipo viaja constantemente, mantenemos conversaciones con compradores y recogemos sus inquietudes. En muchos casos, son ellos mismos quienes nos sugieren nuevas firmas. Por ejemplo, si en un evento alguien me menciona una nueva marca, enseguida la apunto en el móvil para investigarla después. A partir de ahí, analizamos el producto, la calidad, la viabilidad comercial y la coherencia del proyecto. Cuando todo encaja, se inician las conversaciones. Es un proceso muy orgánico, basado en el conocimiento y la comprensión continua del sector.
“La gente sigue casándose, pero lo hace de una forma diferente a la tradicional, a la que podíamos imaginar hace unos años”
— Entre las marcas que se muestran en la cita, hay una fuerte presencia internacional. En esta edición, más del 87% de las firmas expositoras provienen de fuera de España. ¿Cómo se equilibra esta dimensión internacional con el talento local?
— Para nosotros es prioritario apoyar a las marcas catalanas y españolas. Siempre que detectamos que una firma está preparada (en términos de calidad de producto, producción y capacidad de exportación), le damos espacio. Queremos representar nuestro mercado local. Al mismo tiempo, el sector es global y esta internacionalización se refleja en el propio carácter del evento, donde buscamos un equilibrio entre ambas dimensiones.
— ¿Cómo es el ecosistema local? ¿Hay talento emergente?
— Hay mucho talento, creatividad y ganas. Tenemos contacto con numerosas marcas que están creciendo y que, en algún momento, darán el salto internacional. Eso sí, estas firmas necesitan más apoyo estructural: financiación, infraestructuras, acompañamiento... Muchas funcionan con recursos muy limitados, y el mérito que tienen es enorme. Desde el salón intentamos darles visibilidad y oportunidades, pero es un esfuerzo que debe ser colectivo.
— ¿Qué papel juegan los compradores internacionales?
— Son fundamentales. Asia sigue siendo un mercado muy importante para el salón y las compradoras siguen acudiendo con regularidad, aunque este año el flujo puede fluctuar ligeramente por el contexto geopolítico global. Desde la pandemia, el salón se ha enfrentado a distintos imprevistos en cada edición y, aun así, siempre ha conseguido mantener la convocatoria y la presencia internacional. Además de Asia, hemos observado un incremento de compradoras procedentes de Estados Unidos y de mercados como Brasil.
— Más allá del espacio expositivo, la Barcelona Bridal Fashion Week también brilla en la pasarela. En esta edición, con propuestas especialmente destacadas como el desfile de Stéphane Rolland en la Barcelona Bridal Night. ¿Qué aporta al salón la presencia de un diseñador como Rolland?
— Stéphane Rolland es uno de los pocos couturiers independientes que quedan en el mundo, al margen de los grandes grupos. Es un creador que trabaja de forma totalmente artesanal, implicado en todo el proceso, desde el diseño hasta la confección. Su desfile aporta precisamente visión: una moda muy pura, casi artística. Además, su propuesta va más allá del desfile tradicional. Es una experiencia sensorial en la que intervienen la moda, la música y la arquitectura del propio espacio de Fira de Montjuïc. Muy en la línea de cómo se entiende hoy la moda: no solo como prendas de vestir, sino como una experiencia completa y un universo propio.
“La moda no se entiende solo como prendas de vestir, sino como una experiencia completa”
— Además, antes de su desfile, estudiantes catalanes presentarán sus propuestas también en la pasarela. ¿Qué importancia tiene esta iniciativa?
— Es fundamental. Si no impulsamos el talento joven, no habrá relevo generacional. Los estudiantes necesitan visibilidad y reconocimiento. En este caso, el nivel de los estudiantes es sorprendente, con propuestas que incluso alcanzan estándares de alta costura. Rolland se ha implicado muchísimo en el proceso, con viajes constantes para reunirse con los alumnos y feedback continuo.
— ¿Cómo está evolucionando la moda nupcial actualmente?
— Vemos varias tendencias claras. Por un lado, los vestidos transformables, piezas que la novia puede adaptar y reutilizar no solo el gran día, sino también en otras ocasiones. Por otro, hay una apuesta por estructuras y combinaciones de tejidos más creativas. Pero, sobre todo, vemos una fuerte demanda de personalización. La novia quiere un vestido único, adaptado a su identidad, aunque pueda partir de una pieza existente de la colección.
El sector debe evolucionar al ritmo de la sociedad y abrirse a las diferentes realidades: novias, novios, estilos diversos, edades y formas de celebración. Cada persona debe poder casarse como quiera, sin prejuicios: a la edad que considere oportuna, con quien desee y de la manera que prefiera, incluso con una prenda que no tiene por qué ser necesariamente un vestido. La novia sigue siendo el eje central del salón, pero nos estamos abriendo progresivamente a otros universos, como la moda de fiesta (para invitados) y también el universo masculino. Es un camino en el que seguiremos avanzando para ampliar la oferta.
“Cada persona debe poder casarse como quiera, sin prejuicios: a la edad que considere oportuna, con quien desee y de la manera que prefiera”
— ¿Ha cambiado la forma de casarse? ¿Hay menos bodas?
— Más que una disminución, observamos que los formatos de boda se han transformado. La gente sigue casándose, pero lo hace de una forma diferente a la tradicional, a la que podíamos imaginar hace unos años. La novia ya no sigue unas normas sociales preestablecidas, sino que crea las suyas propias. Ahora se buscan experiencias más personales, pensadas para la pareja y su entorno más cercano. Puede haber varias celebraciones, e incluso varias prendas: dos o tres vestidos, normalmente de menos volumen, uno más ceremonial y otros más desenfadados. El reto es entender cómo se están celebrando y qué necesita cada pareja para dar respuesta a esta nueva manera de celebrar.
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