Aena, influencer literaria

La Viquipèdia catalana ---y la sabiduría del común--- opinan que Aena "es una empresa pública española, constituida en sociedad anónima, que gestiona los aeropuertos de interés general en España". Las definiciones y los wikidiccionarios los carga el diablo, pues incluso las frases más anodinas esconden oscuras intenciones; en este caso particular, la expresión “interés general”, eufemismo suave para recordar que los españoles suelen interesarse más por el aeropuerto Barajas-Adolfo Suárez que no por el resto de infraestructuras periféricas (lo sabemos los barceloneses, que sufrimos el atraso de la ampliación de El Prat-Tarradellas, ideada para embutirnos con mucho más turismo y no para conectarnos con las ciudades más desveladas del mundo). Sea como fuere, los amigos wikipedistas deberían añadir a la página en cuestión que, a partir de ahora, Aena ahora también ejercerá de influencer libresca.

Como sabrán los fieles lectores de nuestro Post, la empresa aeroportuaria (presidida por un catalán de estos plurinacionales y socialistas que se enriquece en Madrit, Maurici Lucena) sorprendió a todo Dios anunciando la creación de un premio literario cuyo único interés es que se otorga a obra publicada, con una dotación de un millón de euros (igualando así el premio Planeta pero no superándolo, ¡no sea que los caciques literarios de Barcelona se nos enfaden!). Para que la cosa quede algo menos castellanocéntrica, sus organizadores dijeron que también podrían concurrir libros en catalán, gallego o euskera... siempre que estuvieran traducidos al español, la “lengua que nos une” y, of course, la premiada. Se lo ha llevado una señora argentina a quien no leeremos (ya tenemos suficiente paciencia con los cocteleros porteños) y que no tendrá ningún tipo de impacto cultural duradero en nuestra desveladísima ciudad.

A pesar de disponer de finalistas como el nobelable Vila-Matas (¡un hombre demasiado nuestro, ¡que incluso habla catalán!), resulta lógico que el jurado de literatos socialistas de Aena haya querido ofrecer tanta pasta a una autora sudamericana, dado el gusto de nuestro Ayuntamiento por atar Barcelona al mundo antiguamente colonizado por los españoles. Ya lo certificó aquella invención llamada Narrar Barcelona, que sacudió la pasada Feria del Libro de Guadalajara, una beca de 80.000 pavos urdida para que un autor latinoamericano pase unos mecesitos inspirándose en nuestra capital, por si se le ocurre escribir una novela o un cuento sobre las patatas bravas del bar Delicias. Todo ello tiene cierta coña, porque si el interés del PSC capitalino es que la ciudad acabe convirtiéndose en una especie de colonia chabacana con issues de envidia para con el kilómetro cero o una réplica cultural de Miami con aires caribeños, esta política cultural es la más idónea.

Samanta Schweblin, ganadora del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana por su libro ‘El buen mal’

Samanta Schweblin, ganadora del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana.

Entiendo que la mayoría de mis compañeros literatos en lengua catalana se indignen por toda esta muestra de provincianismo castellanizador. De hecho, resulta difícilmente digerible que una empresa con un 51% de participación pública ---que, como decía antes, debería velar por la salud aeroportuaria--- se gaste nuestro dinero organizando fastos sin ningún tipo de interés que atan Barcelona al paradigma de provincia. También comprendo la mayoría de sufridos novelistas de la tribu, que deben disimular los litros de saliva que tragan ante galardones con unas cifras imposibles de alcanzar en catalán. Pero les recomiendo que no se amedrenten; si el socialismo necesita de estas mandangas para imponernos el españolismo y debe afluixar la mosca para montar fiestas sin ningún impacto cultural (algo así como la boina de este pobre asno que nos ensucia Rodoreda, el tal David Uclés) es que todavía estamos vivos.

Así pues, aunque la broma nos cueste bastante pasta, celebremos esta nueva condición de influencer literaria de Aena, porque siempre hace mucha gracia ver cómo el enemigo se dedica a hacer el ridículo y a fracasar en el intento de volvernos más chabacanos. No se saldrán con la suya, por mucho que nos embutan de argentinismo y nos quieran arreglar el aeropuerto para traernos toda la morralla de Europa a casa. Resistiremos, faltaría más, porque quizás no disponemos de tanta pasta, pero la literatura y la ciudad todavía son nuestras.

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Bernat Dedéu
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