La Volatería: donde Barcelona alzó el vuelo

La Volateria Rohrbach Ro VIII
La Volateria Rohrbach Ro VIII

Una modesta granja de pollos llamada La Volatería se convirtió en el improbable “punto cero” de la aviación en Barcelona y prácticamente en España

12 de agosto de 2025 a las 10:16h

En el corazón del delta del Llobregat, donde el río que nace en Castellar de n'Hug llega al mar, una modesta granja de pollos llamada La Volatería se convirtió en el improbable “punto cero” de la aviación en Barcelona y prácticamente en España. Si el antiguo hipódromo de Casa Antúnez, cerca del actual Paseo de la Zona Franca, fue testigo del primer avión que surcó el cielo del estado en 1910, fue en La Volatería donde ese sueño despegó de verdad, dando origen al actual Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. 

Un campo humilde para un sueño inmenso

En 1916, apenas seis años después de aquel vuelo pionero en el hipódromo, la compañía Pujol, Comabella y Compañía, con oficinas en Sant Martí de Provençals, eligió un terreno pantanoso de 600 por 400 metros en El Prat para profesionalizar la aviación en España. El nombre “La Volatería” no podía ser más acertado: donde antes cacareaban gallinas, ocas y pavos, pronto rugirían los motores de los primeros aviones.

Ese año se construyeron los primeros hangares fijos junto a un pinar y se fundó la Escola Catalana d’Aviació, marcando el nacimiento de la aviación organizada en Catalunya. En 1919, La Volatería se convirtió en el primer aeródromo de España con vuelos comerciales regulares. Los biplanos de la Compagnie Latécoère, que seguían la línea de la costa para no perderse en sus viajes, conectaban Toulouse con Casablanca, haciendo escala en Barcelona para repostar, recoger a algún pasajero y objetos postales dos veces por semana.

Aquellos frágiles aviones, cargados de correo, aventura y a los mandos de pilotos de leyenda como Mermoz o Saint Exupery, pusieron a La Volatería en el mapa de la aviación mundial.

De granja a aeropuerto internacional

La Volatería no se quedó en un campo improvisado. En 1927, bajo la Ley de Aeródromos y Aeropuertos, fue declarado aeródromo de interés general. Ese mismo año, Iberia inauguró su primera línea comercial entre Barcelona y Madrid, el “tatarabuelo” del actual puente aéreo. Hace casi un siglo, los aviones Rohrbach Ro VIII Roland, con espacio para diez pasajeros, ya despegaban desde La Volatería. Hoy, los modernos Airbus de Iberia y Vueling, que detentan más del 43% del mercado en El Prat, surcan los cielos llegando y saliendo prácticamente los mismos terrenos. 

Josep Canudas, pionero de la aviación catalana, aprendió a pilotar biplanos en La Volatería. © Arxiu Busquets

El sueño de un gran aeropuerto internacional, aunque Luftansa ya volaba a Europa desde Barcelona, tomó forma en 1934, cuando se planificó integrar La Volatería en un proyecto más ambicioso. Sin embargo, la Guerra Civil Española (1936-1939) paralizó cualquier proyecto de futuro. No fue hasta 1941, con el Plan General de Obras, que el proyecto resurgió. En 1949, se inauguró el Aeropuerto Transoceánico de Barcelona (ATB), que abarcaba los terrenos originales de La Volatería. Desde 1992, gestionado por Aena, se ha consolidado como el segundo aeropuerto más importante de España, un gigante que conecta Barcelona con el mundo. Literalmente.

Vista aérea de La Volatería en su etapa como base aeronaval. El campo de vuelo disponía de un gran hangar para dirigibles. © Archivo de la Armada Española

Aventuras en el cielo: los pioneros del aeródromo

La historia de La Volatería está llena de hazañas que reflejan el espíritu aventurero de la aviación en sus primeros tiempos. Además de la formación de pilotos, excursiones aéreas y el primer viaje a Mallorca, en 1917, la Escuela de Aeronáutica Naval, una institución militar, se interesó en el aeródromo, asumiendo su control en 1921. Sus experimentos voladores de sus profesionales uniformados marcaron la época: el 7 de junio de 1921, los aeronautas Pedro Mª Cardona, Taviel de Andrade y Guillén ascendieron en un globo militar, aunque el viento los llevó, fuera de programa, hasta la montaña de Montserrat. Semanas después, en agosto, otro globo cayó al mar tras un vuelo nocturno. El contratorpedero Audaz, como un héroe de la Armada, rescató a los posiblemente primeros “náufragos aéreos”.

Los inicios tampoco estuvieron exentos de riesgos en tierra. Los primeros hangares, cubiertos con lonas como carpas de circo, eran tan frágiles que el viento los destruía, a veces hiriendo al personal. Con el tiempo, se reemplazaron por estructuras de chapa, y los soldados vivían en barracones improvisados con materiales de embalaje, en condiciones tan rudimentarias como heroicas.

Así era la primera carta aeronáutica oficial de La Volatería, primer campo de vuelo oficial de Barcelona, en el delta del Llobregat.

Pioneros y gigantes: los operadores de La Volatería

La Volatería fue el hogar de visionarios. Pujol, Comabella y Cía. fundó la primera sociedad dedicada exclusivamente a la aviación en España. Más tarde, Talleres Hereter tomó el relevo a esa empresa, hasta que en 1921 la Aeronáutica Naval alquiló los terrenos, operándolos para lo que en el futuro sería la Flotilla de Aeronaves de la Armada Española. La Compagnie Latécoère, que evolucionó a Aéropostale y luego a Air France, usó también La Volatería como escala clave para sus viajes postales, aunque pronto construyó su propio aeródromo cercano, aprovechando la abundancia de terrenos en el delta. Iberia, nacida en 1927, consolidó La Volatería como un centro cabecera de línea en su ruta Barcelona-Madrid.

Durante la Segunda República, la Generalitat adquirió el Aeródromo Canudas, integrándolo con La Volatería. Tras la Guerra Civil, el control pasó al Estado, y en los años 80, el Organismo Autónomo de Aeropuertos Nacionales (OAAN) dio paso a Aena, que hoy gestiona el aeropuerto.

Un Junkers de Lufthansa en La Volateria. La compañía alemana permitía volar hasta el centro de Europa con sus servicios aéreos. © Lufthansa

¿La Volatería o “el campo de los marinos”? 

Aunque oficialmente se llamaba La Volatería, los locales lo conocían también como “el campo de los marinos” por la presencia de la Escuela Naval y su nombre oficioso llegó a ser más usado que el original. Este pequeño terreno de poco más de 24 hectáreas, donde el cielo, el mar y la tierra se encontraron, no solo marcó el inicio de la aviación en Barcelona, sino que sentó las bases para el aeropuerto que hoy conecta la ciudad con el mundo.

Cada vez que un avión despega de las tres modernas pistas de El Prat, dos paralelas y una cruzada, lleva consigo un trocito de La Volatería: un lugar donde, hace 109 años, un puñado de soñadores transformó una granja de pollos en el primer paso hacia el cielo. El año que viene, el aeropuerto cumplirá 110 años con unos aviones cada vez más modernos despegando y aterrizando en los mismos terrenos donde todo comenzó: un campo humilde que osó soñar en grande. Lo consiguió.

Día de festival aéreo en La Volatería, con una mezcla de aviones civiles y militares y mucho público en la zona de hangares. © Arxiu Nacional de Catalunya