"¿Que cuál es el secreto para vivir 100 años? ¡Beber una cerveza cada día! O una copa de cava, dicen". Así responde una mujer que representa que tiene 102 años —que no los aparenta, por cierto— ante las preguntas de dos niñas curiosas, Yanira y Séfora, del barrio de Gràcia, que preparan una película para conmemorar los 100 años de los cines Verdi. Pero esta escena es metaficción: ellas en realidad son las protagonistas —el hilo conductor— de La vida es Verdi, el largometraje documental dirigido por Berta García Lacht y coproducido por A Contracorriente Films, junto con Isabel Coixet, que homenajea a unos cines que han sido mucho más que unas salas de proyección para el barrio de Gràcia durante un siglo. Y el secreto no está precisamente en la cerveza o en la copa de cava.
El Club Coliseum, el Cinema Alexandra, los cines Urgell, el Palau Balañá, el Casablanca Kaplan, el cine Comèdia… la lista es larga. Barcelona ha visto morir muchas salas de cine en los últimos años. Y, de hecho, el Verdi también estuvo a punto de desaparecer en más de una ocasión. Quizás por eso Adolfo Blanco, consejero delegado de A Contracorriente Films —la empresa que gestiona el cine desde hace diez años—, dice que el Verdi es "una flor en el desierto". Consciente de las veces que "ha estado en la UCI", se enorgullece de que hoy las colas en la calle para ver las películas del Verdi sean un paisaje habitual del barrio.
Las colas, lo sabe, no han estado siempre. "Era un cine destinado a cerrar". De doble programa. Pero en 1982 Enric Pérez se atrevió a salvarlo. "¿Tú solo?", le preguntan las niñas en el documental. "¿Tú solo?", insisten. Él solo, sin socios ni accionistas. Estos —bienvenidos, eso sí— llegarían años después, con A Contracorriente Films.
Enric Pérez, decidido a evitar que "se bajara la persiana del Verdi", rediseñó el concepto del cine y empezó con una única gran sala. Después fue sumando salas y esfuerzos. En octubre del 87 ya contaba con tres salas con películas de autor y subtituladas. Y en los noventa, tras la gran respuesta del público, ya tenía cuatro.
"Con la ampliación de dos nuevas salas los cines Verdi alcanzarán una capacidad de 1.750 butacas"Mientras otros cines cerraban, él sumaba salas, "gracias a los Verdi-adictos que apoyaron mi trabajo", ha explicado Pérez este martes en la proyección de la película La vida es Verdi, donde también han presentado el libro conmemorativo del Centenario. En este recorrido vital, ha destacado "la suerte" que tuvo de encontrarse con Adolfo Blanco y su equipo, que llegaron en el momento oportuno: cuando él, tras sobrevivir a una meningitis, ya no podía seguir capitaneando el proyecto como hasta entonces.
Y con las cifras actuales, la historia de éxito se explica sola: los cines, que actualmente tienen nueve salas, este año pasarán a tener once (ganando el espacio del supermercado contiguo) y sumarán 200 butacas más. En total, alcanzarán una capacidad de 1.750 butacas. Una apuesta por el crecimiento que llega después de un año histórico: en 2024 recibieron 500.000 espectadores, un 30% más que el año anterior.
Pero la historia de éxito no se puede explicar solo con cifras de negocio. Se explica también mirando el barrio —como lo hace García Lacht en La vida es Verdi— y recorriendo la memoria, como lo hacen Josep Maria Contel, Enric Pérez y Paz Recolons en el libro conmemorativo editado por Plataforma Editorial.
Una historia que empieza en 1894, cuando se solicita el permiso de obra del edificio, y que atraviesa escenarios bien distintos: el Verdi no siempre fue un cine, ni siempre se llamó Verdi. Fue un teatro, una sala de baile, un comedor para niños durante la guerra, una discoteca de renombre, después un after-hour… Y las mismas transformaciones que ha vivido el edificio, también las ha vivido su entorno: de hecho, en 1894 Gràcia todavía no formaba parte de Barcelona, era un pueblo independiente.
La historia del Verdi ha avanzado en paralelo a la del barrio que lo rodea. Y por eso, mirar el Verdi es mirar las plazas y la vida en las calles de Gràcia. Y esta es la propuesta que hace Berta García Lacht, que mientras juega con entrevistas, humor, imágenes de archivo y colaboraciones eclécticas como Richard Gere, J.A, Bayona o Albert Serra, consigue romper la cuarta pared y recordarnos la magia intacta del cine: que en una sala oscura y llena de gente, el séptimo arte es capaz de hacerte viajar a solas, cara a cara con la pantalla, hacia otras realidades e historias. Hoy, la de La vida es Verdi.
