"Perder los oficios es perder la memoria". Esta idea atraviesa todo el proyecto de ÚNICO, la primera galería de artes y oficios de toda España —y posiblemente del mundo—. El espacio barcelonés nace con un propósito claro: trabajar para que los oficios artesanos, que en el pasado protagonizaron y embellecieron la arquitectura, recuperen hoy el reconocimiento que merecen y no desaparezcan mañana. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de una apuesta de futuro: "debemos reivindicar a los artesanos y maestros como aliados imprescindibles de la arquitectura contemporánea", defiende su impulsor, Ramon Comelles ---que ha creado el proyecto junto a Claudia Divo---.
Un propósito que se materializa a través de un espacio de 400 metros cuadrados en el distrito tecnológico y creativo de la capital catalana, el Poblenou. En un contexto en el que los oficios tradicionales están desapareciendo —desde forjadores y ceramistas hasta canteros— por la falta de relevo generacional, este objetivo se presenta casi como una urgencia. Especialmente en una disciplina como la arquitectura que, como consecuencia de la digitalización y de las exigencias de tiempo y presupuesto, tiende a la uniformidad y la estandarización. "Frente a piezas sin alma, producidas de forma sistemática y despersonalizada, la artesanía defiende el contacto humano, la atención al detalle y la libertad creativa", insiste Comelles.
Y esta reivindicación es, precisamente, el eje central de ÚNICO. Sin embargo, para entender esta galería es necesario conocer antes a ICÓNICO, su empresa matriz. Con sede central en Cardedeu y una plantilla de más de 60 personas, ICÓNICO nació con la idea de equipar proyectos de arquitectura e interiorismo con las mejores griferías, lavabos, bañeras, duchas, sanitarios, desagües, herrajes o interruptores.Sin embargo, la semilla de esta empresa se remonta a hace más de treinta años. En los años noventa, Ramon Comelles y Paqui Ricós fueron pioneros en introducir la cultura del diseño para el baño en España a través de la marca ArtQuitect. Desde esta firma importaban diseños como las célebres griferías danesas VOLA —que distribuían en exclusiva—, pero pronto apostaron también por la producción propia de estos elementos. En 2008, el proyecto se reconvirtió en ICÓNICO, liderado por la segunda generación: Ramon Comelles y Claudia Divo.
"Una de las claves del éxito de ICÓNICO ha sido la coherencia", explica Comelles. Esta coherencia se traduce en decisiones muy concretas: pocas colecciones, diseño atemporal y una gama homogénea de acabados para griferías, interruptores, manillas o accesorios. "Lo más difícil no es crear una pieza nueva cada año, sino conseguir que una pieza que gustaba a principios de los 2000 siga funcionando hoy", añade. Una coherencia que se refleja en buenos resultados: este año confían cerrar el ejercicio con una facturación superior a los doce millones de euros.
Y la previsión es que la facturación aumente todavía más en los próximos ejercicios, ya que en los últimos años han iniciado un proceso de expansión internacional, creando un departamento específico para la internacionalización. Tras una larga trayectoria centrada en el mercado catalán y español, ICÓNICO mira ahora a Francia y Portugal para, poco a poco, seguir expandiéndose por toda Europa.
De plataforma digital a espacio físico
Y es precisamente esta misma coherencia la que impulsa la galería ÚNICO. "Cada día, el equipo contacta con más de 400 arquitectos de todo el país: conocemos sus necesidades y urgencias, y hemos detectado que, cuando estos profesionales buscan soluciones más artesanales o especiales, a menudo no saben dónde encontrar a los maestros adecuados ni cómo articular la relación profesional entre ambas partes". Así nació ÚNICO: como una plataforma que conecta a artesanos de toda España —desde escultores hasta ebanistas— con arquitectos profesionales para proyectos compartidos, ya sea en la construcción de viviendas privadas o en grandes hoteles o restaurantes de lujo.
Sin embargo, como ocurre a menudo con las grandes ideas, ÚNICO no surgió de un plan estratégico premeditado, sino de una anécdota cotidiana. "Mi pareja le regaló a mi madre una pieza creada por una artesana amiga nuestra", recuerda Comelles. "Y recuerdo pasar noches en las que casi no podía dormir pensando: ¿cómo se las arregla esta artesana para sobrevivir? ¿Cómo consigue sostener un negocio tan tradicional en un mundo tan digitalizado?".
"Fue en ese momento cuando sentí la responsabilidad de convertirme en un altavoz para estos pequeños artesanos, que realizan una labor muy digna, pero pocas veces valorada", asegura Comelles. Ayudar a pequeños artesanos a conectar con proyectos relevantes, a vivir de su oficio y a facilitar la conexión con arquitectos e interioristas para convertir cada proyecto arquitectónico en una obra maestra.
Porque, como recuerda el impulsor de esta iniciativa, "apostar por piezas artesanales, hechas a mano, con atención y amor, no tiene por qué ser necesariamente más caro, pero sí más digno y ético". "Como en la moda, la decisión es del consumidor: optar por la opción barata, pero muchas veces efímera, o por aquello que perdura, que tiene historia, que está hecho con conciencia", afirma Comelles.
Inicialmente, esta inquietud de Comelles se tradujo en una plataforma online, un directorio de artesanos de toda España y de todo tipo de disciplinas. "Como unas páginas amarillas centradas en la defensa de los oficios, con más de 1.200 artesanos localizados y disponibles", explica Comelles. Pero pronto se dieron cuenta de que la visibilidad no era suficiente. "No solo necesitan que se les vea; necesitan estructura, coordinación y acompañamiento en todo el proceso de relación con el arquitecto", argumenta su impulsor.
Inspirar a los arquitectos, dignificar a los artesanos
"El objetivo no es mostrar piezas acabadas o artesanos concretos, sino enseñar las distintas posibilidades que estos oficios aún ofrecen", insiste Comelles. Porque el espacio no es una galería convencional: aquí no se exponen piezas como productos finales, sino posibilidades. El foco no está en el objeto, sino en la técnica y la habilidad manual de estos artesanos. No es el resultado, sino el proceso. "Quizá al entrar, los profesionales puedan inspirarse en alguna técnica concreta para algunos de los proyectos en los que trabajan o trabajarán en el futuro", argumenta Comelles. Aunque el espacio está pensado principalmente para un público profesional, como arquitectos o interioristas, también permite la visita de estudiantes, artistas, personas interesadas o curiosas por la materia."La sociedad sigue premiando las profesiones que exigen títulos universitarios y formaciones específicas, olvidándose de los oficios con conocimientos ancestrales"
Todo ello en un espacio diáfano que permite que, desde la calle, se observen los objetos que alberga esta galería. Flores modernistas, vidrieras, puertas de madera, mosaicos, forja, piedra, cerámica u hormigón conviven en este espacio como muestra de una forma de producir artesanalmente que, cada vez más, se está perdiendo. Así lo reivindica también un cartel propagandístico, creado por el grafista Mr. Zè, colgado en el exterior de ÚNICO: "manos a la obra. Los arquitectos os necesitan".
Especialmente en un contexto social que tiende a infravalorar estas profesiones: "no existe suficiente reconocimiento ni una formación reglada que las dignifique", lamenta Comelles. "Durante la pandemia, una gran parte de la población reconectó con estas aficiones más artesanales, pero ahora parece que ya las hemos vuelto a olvidar. Debemos reivindicar que estas aficiones pueden convertirse en un oficio", añade el impulsor de la iniciativa. Porque, como advierte, si estos maestros desaparecen no es por la falta de valor o de calidad de sus trabajos, sino por la ausencia de relevo generacional y por el escaso reconocimiento social de estas profesiones entre los jóvenes. "La sociedad sigue premiando las profesiones que exigen títulos universitarios y formaciones específicas, olvidándose de estos oficios con conocimientos ancestrales".
