Más de 900 ciudades se darán cita en Barcelona del martes al jueves, en la que será la edición más ambiciosa del Smart City Expo World Congress. En el recinto Gran Via de Fira de Barcelona, las ciudades inteligentes tomarán el protagonismo a través de más de mil expositores y de ponencias de 600 expertos.
Huyendo de visiones distópicas, Valenti imagina una Barcelona del futuro más conectada con el entorno metropolitano y con más espacio para el peatón y para la vegetación. Entre las tecnologías que pisan fuerte en la ciudad, destaca una, que levanta un considerable interés a nivel internacional: las supermanzanas.
— ¿Dónde están poniendo el foco las ciudades inteligentes?
— Hay un abanico muy amplio, y tocamos todos los ámbitos en el congreso, desde la movilidad a la economía azul y hasta la gobernanza. Y siempre con el ciudadano en el centro. En esta edición tendrá un papel muy importante la IA, y la abordaremos desde aplicaciones reales.
— ¿Por ejemplo?
— El estudio de datos a gran escala para facilitar la toma de decisiones. Un ejemplo son los digital twins, los gemelos digitales de ciudades, que permiten saber las implicaciones que puede tener una decisión.
— ¿Cómo se podría aplicar en Barcelona?
— Para estudiar la conexión del tranvía, por ejemplo. Un gemelo digital puede prever qué pasará con un cambio de movilidad como este, cómo se moverá el tráfico, qué ocurrirá durante las obras... Estas aplicaciones están funcionando muy bien.
— ¿Qué otras aplicaciones reales puede tener la IA en la vida cotidiana de la ciudad?
— Infinitas. En la conducción, la seguridad, el transporte público, la eficiencia energética, incluso el uso del agua, porque sirve para prever la progresión de las temperaturas y la lluvia, y se puede adaptar el riego en función de las necesidades de forma automática. O la limpieza, con mecanismos que distribuyan el servicio en función de la afluencia de personas.
— ¿Cómo se encaja la IA con otras tecnologías que ya han aterrizado en las ciudades inteligentes?
— La inteligencia artificial se adhiere a las que ya existen. Sin embargo, con la IA todavía estamos en una fase mayormente de prototipo y no tanto de implementación. Hay otras zonas del planeta que la tienen mucho más desplegada, como China.
— ¿Tenemos que ir hacia ahí?
— A mi parecer, no. Cada continente lo aplicará a su manera. El modelo chino no es replicable en Europa, por normativa y porque tienen un modelo top-down, desde las instrucciones del Gobierno hacia abajo. Aquí la iniciativa privada está viva y es muy importante, y aún más en Estados Unidos.
— ¿Hacia dónde tiene que ir Europa?
— Aquí va a desarrollarse la conversación digital entre la ciudadanía y la administración. Llegará un punto en que será bastante habitual que cualquier trámite se pueda hacer digitalmente. Y la interacción con la tecnología en nuestra vida diaria irá a más.
— ¿Las ciudades serán el motor de este cambio?
— La ciudad es el espacio en el que vivimos la mayoría de la población, y se acumula el 80% del PIB mundial. Los problemas se dan en las ciudades, y las soluciones tienen que estar en las ciudades.
— ¿Hacia dónde lleva este cambio?
— Hay muchas voces distópicas, pero yo creo que esto saldrá bien. Puedo imaginarme todos los escenarios —he leído mucha ciencia ficción—, pero yo creo que estamos dando los pasos correctos. Los ámbitos son muchos: diseños de edificios más sostenibles, la renovación de infraestructuras, movilidad inteligente…
— En este contexto, ¿las ciudades que no apuesten por la IA se quedarán atrás?
— Casi sin quererlo, todas las ciudades van avanzando hacia ahí. Hay diferentes necesidades y diferentes velocidades, cada país y ciudad tiene su cultura y ritmos, y las soluciones que necesita una u otra no son las mismas. Pero todas van hacia un mismo camino; cada una a su ritmo, pero hay un avance generalizado.
— En este avance, ¿las ciudades deben competir, o deben colaborar?
— Definitivamente, tienen que colaborar y, en realidad, ya lo hacen. Eventos como nuestros congresos suman en esta dirección. En Barcelona se dan cita 900 ciudades de todo el mundo: comparten experiencias, comparten situaciones, hablan con proveedores, de soluciones… Aunque cada ciudad es diferente y necesita soluciones diferentes, hay muchas posibilidades comunes que se pueden aplicar con una adaptación.
— ¿En qué soluciones brilla Barcelona?
— Hay muchas innovaciones que funcionan muy bien en Barcelona. Y hay una que destaca entre el resto, vinculada a la movilidad y al urbanismo: las supermanzanas. Tienen externalidades, claro, como la gentrificación, pero son modelos muy valorados que generan interés a nivel internacional.
— ¿Quieren reproducirlas otras ciudades?
— Es un modelo fácilmente replicable y sí, se está llevando a otras ciudades del mundo. Tenemos un alud de peticiones para ir a ver las supermanzanas, para ver cómo funcionan. Hacemos visitas durante el congreso para que puedan verse in situ.
— Barcelona está apostando también por la economía azul. ¿Qué papel tiene?
— Está muy presente en gran parte de las ciudades. Tiene que haber una conexión más fuerte entre puertos y zonas costeras con la ciudad. Hay una oportunidad de negocio excepcional, no dejan de ser puntos clave para el desarrollo social y económico de la ciudadanía.
— ¿Cómo será la Barcelona del futuro?
— Será una Barcelona en la que habrá menos vehículos, se hablará de forma constante con todo el resto del territorio metropolitano, mucho más conectada. Seguirá siendo una Barcelona densa, pero habrá más verde y más espacio para el peatón. Yo veo una ciudad más amable.
— Esta idea está lejos de imágenes futuristas con ciudades repletas de autopistas enmarañadas y de ciudadanos aislados. ¿Qué diría a los distópicos?
— Hay lugares del mundo en los que podía pasar, pero aquí la población no quiere ir hacia ahí. Es difícil avanzar en una dirección que no quiere la sociedad. Soy optimista con la tecnología: iremos hacia una ciudad más cómoda.
