Tattoox: Sant Jordi, esta vez, se queda en la piel

PS5A3591
PS5A3591

El estudio propone un flash day en Barcelona donde rosas, libros y dragones se transforman en tatuajes

20 de abril de 2026 a las 07:48h

Hay muchas formas de celebrar Sant Jordi, pero pocas pasan por salir con algo que no se marchita. Este 23 de abril, Tattoox Club propone una alternativa distinta desde su espacio en el centro de Barcelona: una jornada de tatuajes en formato flash donde los símbolos más reconocibles de la tradición —la rosa, el libro o el dragón— se reinterpretan en clave contemporánea.

Durante la tarde, el estudio pondrá a disposición una selección cerrada de diseños pensados específicamente para ese día. Son piezas rápidas, directas, sin proceso previo, que forman parte de una práctica habitual en el mundo del tatuaje, pero que aquí se adaptan a un contexto muy concreto: convertir una tradición en algo permanente. Cada tatuaje irá acompañado de una rosa, manteniendo ese vínculo con Sant Jordi, pero desde otro lugar.

Lo que hoy es Tattoox no empezó como un estudio ni como una academia. La primera idea era mucho más digital: una especie de Tinder del tatuaje que conectaba a personas con el tatuador ideal según el estilo o el diseño que buscaban. Funcionaba, pero tenía un problema difícil de esquivar. “Estábamos poniendo nuestra identidad, pero sin controlar la experiencia”, explica Berta Madueño, cofundadora del proyecto. Y cuando eso pasa, todo se vuelve más frágil: el resultado, la relación con el cliente, incluso el propio modelo de negocio. Ese primer intento no salió como esperaban, pero les dejó una señal clara de lo que realmente estaba pasando en el sector.

Berta no venía del mundo del tatuaje. Trabajaba en un fondo de inversión, analizando proyectos y detectando oportunidades. Fue ahí donde conoció a su actual socio y donde empezó a mirar el sector con otros ojos. Lo que encontró fue un mercado en crecimiento constante, pero también bastante desordenado en algunos aspectos. Mucha gente quería tatuarse, sí, pero también mucha quería aprender a hacerlo y no tenía muy claro cómo empezar. Ahí es donde decidieron girar el proyecto. “Vimos que había una demanda real de gente que quería aprender a tatuar y no tenía una forma clara de hacerlo”, explica. “Y a partir de ahí empezamos a construir”.

Durante mucho tiempo, aprender a tatuar ha sido un proceso casi improvisado. Conseguir que alguien te dejara practicar, hacerlo con lo que tuvieras a mano y avanzar a base de prueba y error. Sin un recorrido definido. Tattoox propone otra cosa. Su modelo se articula como una academia digital tipo bootcamp, donde los alumnos reciben en casa todo el material necesario —máquina, tintas, piel sintética— y trabajan durante meses con contenido práctico y sesiones en directo con tatuadores.

En tres años han pasado por ahí más de 5.000 alumnos, muchos de ellos fuera de España. Pero la técnica, insisten, no es lo más difícil. “Una vez sabes tatuar, lo complicado es hacerte un nombre”, explica Madueño. “Tu Instagram es tu portfolio y la gente te elige por tu estilo. Al final, cada tatuador es una marca personal”.

Aprender a tatuar con una estructura real. © Tatoox

La parte física del proyecto —su estudio en Barcelona— no se entiende sin todo lo demás. No es solo un lugar donde tatuarse ni tampoco únicamente una academia. Funciona más como un punto de encuentro donde todo convive: tatuadores, alumnos, clientes y una comunidad que va creciendo alrededor. Aquí pasan cosas constantemente. Talleres con artistas que vienen de fuera, colaboraciones con marcas, eventos vinculados a la música o encuentros más pequeños que ocurren en un espacio más íntimo dentro del propio local. Sant Jordi es una de esas activaciones, pero no es una excepción. La idea es que el tatuaje no se quede aislado, sino que forme parte de algo más.

Una de las cosas que más repiten es que no todo el mundo entra con una idea clara. Hay quien sabe exactamente qué quiere y con quién, pero también mucha gente llega con dudas o simplemente con la sensación de que quiere hacerse algo, sin saber muy bien qué. Hablan, preguntan, dan vueltas a la idea. Ellos mismos lo describen como una especie de “sesión de psicólogo”, donde lo importante es ordenar lo que la persona quiere antes de hacerlo permanente. A veces esa conversación dura más que el propio tatuaje.

Hacerlo más cercano sin perder la esencia. ©Tatoox

El objetivo no es cambiar el tatuaje ni convertirlo en otra cosa. Es hacerlo más accesible. Quitar esa distancia que durante mucho tiempo ha hecho que entrar en un estudio no fuera tan natural para todo el mundo. Eso pasa por el espacio, por el tipo de trato y también por cómo explican lo que hacen. Hay una intención clara de abrir el proceso, de hacerlo comprensible y cercano, sin perder el carácter artesanal que sigue siendo la base de todo.

El proyecto nace en Barcelona y tiene bastante sentido que sea así. La ciudad forma parte de esa cultura urbana donde el tatuaje encaja de manera natural, tanto para quienes viven aquí como para quienes pasan y quieren llevarse algo más que un recuerdo. Desde aquí, el siguiente paso es crecer fuera. No con la idea de multiplicar locales, sino de estar presentes en ciudades donde ese mismo lenguaje tenga sentido.

El 23 de abril, mientras la ciudad se llena de gente, de libros y de rosas, Tattoox abre otra vía dentro de esa misma tradición sin dejar de ser parte de ella.