CARAS DESCONOCIDAS

Sueños al piano, de Japón a Barcelona

La pianista japonesa Yoko Suzuki
La pianista japonesa Yoko Suzuki

En plena conmemoración del Año Gaudí, de camino a la celebración del centenario de su muerte, descubrimos a la pianista Yoko Suzuki, que desde hace trece años toca el órgano, en la cripta de la Sagrada Familia, junto a la tumba del genio modernista

13 de abril de 2026 a las 15:32h

Era 1996 cuando Yoko Suzuki vino a Barcelona por primera vez. Llegaba para descubrir la ciudad como turista. Recuerda muy bien que, en aquel momento, “la Sagrada Familia tenía solo la fachada del Nacimiento y todo el resto eran obras”. Compró un póster de esta obra de Gaudí y cuando llegó a casa, en Japón, lo colgó en una pared. Aquella imagen acompañaba su día a día, a más de diez mil kilómetros de Barcelona y trece horas de viaje en avión, sin que nunca imaginara que algún día sería organista de la Sagrada Familia.

Cinco años más tarde, en el 2001, Yoko Suzuki volvió a Barcelona para aprender música española y clásica con Alicia de Larrocha como maestra. La pianista y compositora catalana, con gran proyección internacional, era considerada una de las mejores intérpretes de piano. Ya en la cuna, Larrocha recibía las mejores vibraciones de una madre y una tía que habían aprendido a tocar el piano con el maestro Enric Granados. Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona y de la Generalitat de Catalunya, Larrocha era, también para Yoko, un mito.

La descubrió un día en una biblioteca de la universidad de música de Musashino, en Tokyo. “Escuché una grabación de piano interpretada por Alicia de Larrocha, que me enamoró. A partir de aquel momento, empecé a aprender música española en Japón. Allí casi nadie la conocía ni la interpretaba, pero yo localicé a una pianista que conocía la música española para que me enseñara. Y con ella empecé a aprender a interpretar a Larrocha”.

Fue aquella profesora en Japón la que la animó a que viniera a Barcelona para aprender a tocar con Alicia de Larrocha. ¿Por qué no? A veces, las metas más deseadas no están tan lejos. “Para mí aquello era un sueño, pero lo hice, vine y conseguí ser alumna suya”, explica Yoko Una vez instalada en Barcelona, entró en la Academia Marshall, conocida también como Asociación Musical Granados-Marshall. Es la escuela de piano que en 1901 fundó en Barcelona el célebre compositor y pianista leridano Enric Granados, y que después continuó llevando Frank Marshall.

Los inicios con el piano

Yoko nació en Tokyo. Su madre tocaba el piano desde muy joven y su padre era pastor de la Iglesia Unida de Cristo. “Cada domingo había culto y la gente cantaba”, rememora. “Mis padres me explicaron que yo me acercaba al piano y jugaba con las teclas, y con tres años ya me pusieron una profesora de piano, aunque mi madre también me enseñaba a tocar”.

La familia vivía en una casa junto a la iglesia en la que había piano y órgano. “Yo siempre había escuchado el sonido de los dos instrumentos. Vivíamos en un pueblo y había poca gente que pudiera acompañar el culto con el piano o con el órgano. Y, a pesar de que yo todavía era muy pequeña, empecé a hacerlo, tanto con el piano como con el órgano, y me pusieron también un profesor de órgano”, explica.

Seguía clases de piano desde los tres años y órgano desde los seis, en Tohoku, el pueblo en el nordeste de Japón donde vivía con su familia. Cuando tuvo nueve años, se mudaron a vivir cerca de Tokyo, donde continuó siguiendo clases con otro profesor de piano y empezó a estudiar solfeo, armonía y composición con otras profesoras. A los dieciocho años entró en la universidad de música Musashino, en la biblioteca de la cual escuchó por primera vez a Alicia de Larrocha. La célebre pianista catalana impartía clases magistrales en la academia Marshall de Barcelona. “Para poder asistir a las clases de Larrocha, primero tenía que pasar un examen”, recuerda. Y lo pasó. Por lo tanto, llegó aquel día tan especial en que recibió la primera clase de Alicia de Larrocha, la primera de muchos aprendizajes a su lado.

“En las clases con ella, no solo aprendía música, hablábamos de las cosas de la vida, de nuestro día a día. No todo era el piano. Comíamos y bebíamos juntas y charlábamos”. Y recuerda alguna de estas lecciones de la experimentada pianista. “Me decía que ser concertista de piano era maravilloso, pero muy esclavo. Necesitas horas y horas de ensayo desde muy pequeña”. Porque ---añade rememorando las palabras de su maestra al teclado--- “el piano es una orquesta en un solo instrumento y, por lo tanto, en una composición, el intérprete tiene que saber tocar todos los instrumentos y tu cabeza es el director. Es por eso que, cada dedo de tus manos, se hace cargo de diferentes sonidos. Cada nota de una obra tiene que ser memorizada, porque tocamos sin partitura”.

En tres años acabó el máster de música española y hoy hace conciertos en todo el mundo. Desde hace trece años, Yoko Suzuki acompaña con la música de órgano algunas de las eucaristías que se hacen a la cripta de la Sagrada Familia. “Es un honor y estoy muy agradecida de poder ofrecer mi música en la cripta de la Sagrada Familia donde está enterrado Antonio Gaudí”, expresa. Y en este espacio tan especial, la pianista japonesa ha ofrecido también varios conciertos, y ha tocado piezas que ella misma ha compuesto dedicadas a Gaudí.

Con motivo del nonagésimo cumpleaños de su muerte, Suzuki dedicó una pieza a Antoni Gaudí que tituló Fuente de Luz, un homenaje al arquitecto que compuso expresamente y que estrenó el mismo día 10 de junio ---día de la muerte de Gaudí--- en la cripta de la Sagrada Familia. “Volví a tocarla este año para el centenario de su muerte, y ahora tengo una nueva obra que estrenaré en Reus, su ciudad natal”.

Ella vino a Barcelona para aprender música, pero aquí reconoce que recibió un fuerte impacto de las obras de Gaudí y sentía que “quería estar en esta ciudad donde hay muchas de sus construcciones”. Lo que más la inspira de Gaudí “es que sus obras estén tan vinculadas e inspiradas en la naturaleza”. Además ---añade---, “Gaudí era una persona humilde, y esta idea a mí me ayuda a componer pensando en él”.

Componer la ha ayudado a entender a los compositores a los que interpreta. “Cuando ensayo una obra, intento ponerme en el lugar de quien la compuso. Quiero adivinar qué fue lo que hizo componer esa melodía, cuáles eran los pensamientos de quien lo hizo y que quería transmitir. El día del concierto, intento hacer llegar este mensaje con mi música. Hay muchas obras de las cuales no tenemos información, entonces imagino e invento una historia, un mensaje que transmito al espectador”. A veces, sin embargo, también admite que, mientras toca, “pienso en otras cosas y me veo obligada a concentrarme”.

Lejos quedan ya aquellos primeros meses en Barcelona. “Vivía con mucha ilusión estar aquí, pero a la vez me preocupaba empezar a vivir en un nuevo lugar tan lejos de Japón. No hablaba castellano ni catalán y, sin smartphones, tenía que llevar el diccionario y el mapa siempre conmigo. Pero la gente siempre fue muy amable conmigo”. Entre esa gente, estaban las tres profesoras, Alicia de Larrocha, Carmen Bravo (viuda de Frederic Mompou) y Carlota Garriga, que ---explica--- “me enseñaron su música con mucha paciencia, y siempre les estaré muy agradecida”.

Había tocado cada domingo en la cripta, pero ahora se reparte las misas de los domingos con otra organista. Y también alguna vez toca en misas que se celebran entre semana. Este viernes, 10 de abril, hará el concierto de homenaje a Gaudí en el Círcol de Reus, donde estrenará la composición Pedra Eterna compuesta para el arquitecto. Amics de Gaudí de Reus esperan esta interpretación con gran ilusión. La pianista también tiene conciertos programados para el 28 de abril en Calella, el 14 de mayo en Barcelona y el 15 de mayo en Sant Salvador, en Tarragona, además de actuaciones en otros países.

Yoko Suzuki espera con muchas ganas la gran fiesta del aniversario de la muerte de Gaudí, con la presencia del Papa León XIV. “En 2010, cuando vino el Papa Benedicto XVI, ya asistí a la celebración en la Basílica. Fue impresionante su bendición. Todo esto es muy emotivo y será emocionante”.

Desde 2010, la pianista vive muy cerca del templo. Durante ocho años vivió casi delante, y disfrutaba contemplando cómo iba cambiando desde casa. “Entonces construían la fachada de la pasión y la torre de María. Me gustaba mucho ver cómo iba creciendo”. Y, añade, “también me gustaba mucho ver los jardines verdes y cómo cambiaban los colores de la vegetación en cada estación. Ahora que la torre de Jesús está acabada, la Sagrada Familia es impresionante”, concluye.