Cuando llega el Sónar, Barcelona se llena de una energía muy especial. Las calles se inundan de gente de todas las nacionalidades, los auriculares se vuelven el accesorio por excelencia de la ciudad y el aire tiene esa esencia eléctrica, energizante. Y este 2026 no ha sido diferente. Desde primera hora de la mañana, la esencia del Sónar se empezó a sentir en la Llotja del Mar con el Sónar+D, un festival que acogió debates, ponencias y shows que se planteaban el futuro de la música digital. Pero, a partir de las cinco de la tarde, la Fira de Gran Vía empezó a llamar a todo su público. Y, este, respondió con creces.
Las calles colindantes a la Fira se llenaron de personas de todas las edades, nacionalidades y looks inolvidables: trajes de leopardos, colores neón, zapatillas anchas y, por supuesto, sus inseparables gafas de sol. Porque el Sónar tiene eso: es un festival que reúne a personas muy diferentes entre síes, pero que comparten la misma pasión por los beats, el bombo y el ritmo que te sacude el cuerpo. Bienvenidos y bienvenidas a la jornada inaugural del Sónar 2026.
El Sónar+D nos da la bienvenida al festival
La bienvenida al recinto de la Gran Vía no pudo ser más impactante. Sónar+D presentó su instalación ORGANYSMO by LedPulse, una escultura arquitectónica de 30 por 30 metros que flotaba en el espacio. Podías caminar bajo sus más de 700 metros de “neuronas” LED y vivir una experiencia casi hipnótica: la luz se convertía en un material en constante evolución, que se movía al ritmo de un sistema de sonido espacial.
Bailar bajo el sol de la tarde
Con el sol aún bien alto en el cielo, llegaron al escenario Arp Frique & The Perpetual Singers. El multiinstrumentista de Ámsterdam y su banda llenaron el espacio de un gospel y un funk lleno de ritmo y energía. Esta banda apuesta por los sintetizadores analógicos clásicos y por el groove de los setenta, por lo que vivimos una experiencia llena de optimismo que fue perfecta para arrancar con las primeras horas de baile.
Pero el talento catalán estaba muy presente en esta edición del Sónar y lo pudimos ver en persona gracias al show de la leridana Mercè Segura, MERCÈ. La artista, de tan solo 20 años, presentó su álbum debut RISC con el espectáculo SHOW SIMULATOR, una propuesta que contaba con su avatar 3D y con una estética propia del mundo del videojuego. Todo esto, se fusiona en tiempo real con su voz, el violín y unos procesamientos electrónicos creados por ella misma. MERCÈ es, sin duda, una de las arrtistas más prometedoras de su generación, ¡le seguiremos la pista!
El dúo Mina & Bryte también inyectó una dosis de energía en la pista del Village. La conexión entre la productora de Londres y el MC ghanés es un auténtico terremoto: fusionan los graves del UK funky y el dancehall con los ritmos del afro house y el gqom. Además, hubo un momento en el que Mina se puso a los platos para dedicarnos unos minutos de su electrónica más oscura, rítmica y electrizante, ¡imposible no saltar en el césped! La actuación de este par de artistas fhizo arder el suelo de la Fira y dejó el listón muy alto para el resto de la noche.
El SonarCar fue un laboratorio de techno improvisado
Uno de los platos fuertes de la inauguración fue el arranque de STOOR Live, el proyecto liderado por Speedy J que este año se ha adueñado del SonarCar. El concepto es impresionante: cinco horas de electrónica totalmente improvisada, sin guion ni ensayos. Y lo más original es que los artistas se colocan en el centro de la sala, rodeados por el público, en una visión de 360º. Colin Benders, Reeko, .VRIL y Nadia Struiwigh fueron, junto a Speedy J, los DJ's que crearon una atmósfera inmersiva, oscura e irrepetible.
Un cartel con grandes iconos y la escencia más underground
El cartel de Sónar 2026 ha apostado por ofrecernos un equilibrio casi milimétrico. El festival no ha perdido su fórmula: atraer al gran público con cabezas de cartel que son referentes internacionales de la electrónica y el pop contemporáneo, manteniendo intacto su compromiso con el riesgo y la exploración de nuevas subculturas.
El gran acierto de esta edición ha sido ver cómo conviven las actuaciones de gran formato y alta producción visual en los escenarios principales con propuestas musicales como el post-punk digitalizado y las nuevas tendencias del clubbing. Porque el Sónar sigue queriendo definir el rumbo de lo que escucharemos mañana. Edición tras edición, vemos que en sus escenarios y en sus laboratorios creativos, el festival pretende ser el lugar donde la ciudad se piensa y se proyecta hacia el futuro.
Un año más, el Sónar ha vuelto a demostrar que la cultura de club y la música electrónica sigue marcando el ritmo de la ciudad. Un festival que actúa como un escaparate de las nuevas tendencias de la música digital y que, sobre todo, sirve para unir a personas de todo el mundo y todas las edades que quieren celebrar la vida al ritmo del DJ. ¡Hasta el año que viene, Sónar!
