Ha muerto Javier Rui-Wamba Martija, fundador de la consultora de ingeniería Esteyco, y he leído unos obituarios preciosos. Hay gente que deja huella, y me gustaría sumarme añadiendo mi reconocimiento. Mi vínculo con Esteyco fue durante los trabajos de derribo del anillo de Glòries, en Barcelona. Con el parque actual, ya casi ni recordamos que las Glòries fueron un nudo de circulación durante décadas, con viaductos y puentes arriba y abajo. La Meridiana, la Gran Vía y la Diagonal se cruzan en este punto de la ciudad; las fotografías antiguas muestran una situación de ramales y salidas de conexión entre una avenida y otra que explica los atascos y largas colas durante muchos años. El anillo de Glòries, construido para las Olimpiadas de 1992, fue una solución ordenada para organizar el paso de los coches y garantizar la fluidez del tráfico. El tambor, como lo llamaban los vecinos, fue útil para el tráfico, pero una auténtica barrera entre el Clot y el Poblenou o Fort Pienc.
Del rastro del anillo de Glòries, ahora sólo queda una pilastra y la forma del edificio del Museu del Disseny, obra de MBM Arquitectes. Conocido popularmente como la grapadora, el sobrenombre describe la forma visible de un edificio revestido de zinc y aluminio que vuela 14,5 metros por encima de la calle para salvar el anillo, con unos voladizos prominentes que tienen el ancho de la calle Àvila. Es en este volumen singular donde están las exposiciones y un gran auditorio que es ahora un mirador privilegiado sobre la plaza. Es un edificio concebido como un conector para salvar un desnivel de más de 7 metros entre la calle Bolívia y las Glòries. Con casi 30.000 metros cuadrados de superficie construida, se invirtieron 100 millones en la construcción del equipamiento. ¡Eran épocas de presupuestos holgados en las ciudades!
En Esteyco, que había redactado el proyecto y dirigido las obras de construcción del anillo, se adaptaron rápidamente a la transformación de Glòries. Precisamente porque ellos lo habían construido, sabían cómo desmontarlo por tramos. Los Encants eran el mercado de productos reciclados más grande de la ciudad: en origen, se vendían los objetos de los difuntos, por eso todo era viejo, pero con encanto. Y se estaba construyendo, en el vértice de la plaza, un edificio de B720 en forma de rampa para ubicar allí a los vendedores de forma más estable, y entonces fue necesario rellenar el “agujero” que dejaban los Encants Vells para nivelar el futuro parque.
Esteyco propuso desmontar el anillo por fases, también para permitir que el tráfico se adaptara de manera gradual. Primero se eliminaron los cerramientos verticales, que dejaron ver el jardín de las Encinas. Después se derribó la parte sur del tambor, dejando al Museu del Disseny huérfano de zócalo. Mientras tanto, la parte norte se mantenía para la salida hacia el Maresme. Al mismo tiempo, desde la ingeniería se propuso instalar una planta machacadora en la obra y reutilizar el hormigón como material de relleno para nivelar la zanja que dejaba el Mercat dels Encants. Se estima que esto evitó la salida de hasta 9.000 camiones para trasladar el material resultante de la obra al puerto de Barcelona.
Al final, ya no queda rastro visible del nudo viario, aunque sigue allí mismo; enterrado bajo la capa orgánica de la Gran Clariana. En el marco de la sana competencia entre arquitectos e ingenieros, mi reconocimiento a la gran tarea de quienes hicieron posible reciclar la ciudad, allí mismo.