De la reacción a la anticipación: 200 millones para el espacio público como infraestructura

Escales mecàniques de la baixada de la Glòria
Escales mecàniques de la baixada de la Glòria

La ciudad da un giro a la forma de cuidar sus calles, con menos reparaciones de urgencia y más prevención, mirando el espacio público y elementos como ascensores y escaleras como infraestructuras básicas

10 de febrero de 2026 a las 00:12h

Barcelona es la Rambla, sus plazas de terrazas, sus monumentos y teatros, y también sus centros de investigación y hubs punteros. Pero Barcelona también es alcantarillado, semáforos, pavimento, farolas, fuentes e incluso escaleras mecánicas y ascensores cruciales para salvar desniveles de una ciudad con dos montañas y nada menos que siete colinas.

Barcelona es eso y más, y lo que hay detrás para que todo funcione. Todo con el fin de garantizar que el buen funcionamiento de cada uno de esos servicios conforme un espacio público bien articulado y engrasado, que ejerza en sí mismo de infraestructura social. El engranaje que hay detrás de cada elemento que compone el paisaje urbano es amplio, y está evolucionando. Hasta ahora, los sistemas encargados de que todo funcione estaban alerta para ponerse en marcha cuando algo fallaba —una tubería, un ascensor, una farola—; ahora, el entramado municipal ha cambiado de ángulo y mira al espacio público desde una posición preventiva y de anticipación.

“Lo que hemos hecho ha sido incorporar la cultura de la prevención y tener presupuesto garantizado para poder planificar renovaciones intensivas del espacio público antes de que estén deteriorados o que requieran una reparación”. Así lo recalca la gerente de Servicios Urbanos y Mantenimiento del Ayuntamiento, Sònia Frias. “Los bancos, las pilonas, las aceras, los juegos infantiles, el alumbrado, los semáforos, las fuentes… el espacio público es rico e intenso, y es el espacio democrático por excelencia. La reparación no deja de pasar por un proceso de degradación del espacio público. La novedad es que incorporamos la prevención”, remarca la gerente.

Además, la tecnología juega a favor de esta prevención: “Una de las líneas de trabajo de todos los planes de mantenimiento también tiene que ver con la digitalización del servicio, con la vocación de saber cómo funcionan mejor, y ser más predictivos y menos reactivos”. Ya sea detectando los ascensores que más fallan como comprobando el mejor horario de alumbrado, “la tecnología permite optimizar el mantenimiento y el funcionamiento” de todo aquello que debe estar en marcha en la ciudad.

Para asegurar este funcionamiento, el Ayuntamiento destina anualmente unos 550 millones de euros a mantenimiento ordinario. En 2026, y en el marco del Pla Endreça, sumará otros 200 millones para potenciar esta visión preventiva. Con este objetivo, ejecutará trabajos de mejora con un centenar de actuaciones en el alcantarillado —que sumarán 10 kilómetros, más que toda la Diagonal—, 80 pavimentaciones, 450 cruces semafóricos, 170 mejoras de señalización, y un etcétera que incluye desde estructuras viarias hasta mobiliario urbano, parques y fuentes.

“Una estructura de movilidad básica”

Entre todas estas actuaciones, Frias pone el acento en una básica para la movilidad: las escaleras mecánicas y los ascensores en los barrios que escalan por las montañas y colinas de la ciudad. En total, este año se intervendrá en 24 escaleras mecánicas y en 13 ascensores. Representa el 25% de las escaleras y la mitad de los ascensores, en los que se actuará con un objetivo: que en 2027 no quede ninguna escalera mecánica con más de 20 años de antigüedad, y que los ascensores de más de 15 años hayan sido renovados. Este propósito se traduce en una inversión de 15,8 millones de euros, la mayor hecha en un año para mejorar estas infraestructuras básicas, en este caso en barrios de Sarrià-Sant Gervasi, Horta-Guinardó y Nou Barris.

Ascensor inclinado de la calle Telègraf, en Horta-Guinardó.

Todo parte de una visión de base: “Los ascensores y las escaleras mecánicas son una estructura de movilidad básica en los barrios de montaña. Pueden llegar a mover a millones de personas, tanto como una línea de bus, o casi como el metro”. Tanto es así que en 2025 los 55 ascensores de la ciudad acumularon 6,8 millones de viajes, y el centenar de escaleras mecánicas fueron utilizadas por 20,9 millones de personas: “Es un servicio esencial”.

Tan esencial es que es imprescindible para personas con problemas de movilidad que los tienen como elementos básicos para salvar los grandes desniveles de barrios distribuidos por seis de los diez distritos de la ciudad. Por este motivo, las incidencias recurrentes que pueden afectar a estas instalaciones representan un hándicap para muchos vecinos. En esta línea, la prioridad ha sido clara: “Hemos apostado por sustituir o modernizar los más antiguos porque son los que generan más incidencias”.

Las escaleras mecánicas son una "estructura de movilidad básica" en los barrios de montaña.

“Además de detectar averías con cierta reincidencia, también nos encontramos con problemas en la reparación, porque a menudo hay piezas descatalogadas en las instalaciones más antiguas”, destaca Frias. Así, esta renovación y sustitución representará un ahorro en tiempo y coste de las reparaciones, aunque “no se aborda solo desde una mirada económica, sino desde una mirada de disponibilidad del servicio, porque son vitales para muchas personas en su día a día”.

Ante esta “función social”, las intervenciones se llevarán a cabo mirando que no coincidan varias en el tiempo y en el mismo barrio, para tratar de que los vecinos puedan seguir desplazándose aunque deban cambiar de recorrido. Y es que las obras no serán cortas: las más breves se prolongarán unos dos meses, que se alargarán a cuatro en los casos en los que se deba sustituir toda la instalación.

A estas inversiones de mantenimiento preventivo se suman las inversiones que lleva a cabo el Ayuntamiento para poner en marcha nuevas instalaciones y para transformar espacios urbanos, que van desde pequeñas plazas e interiores de manzana a grandes intervenciones, como la anunciada por el alcalde, Jaume Collboni, para convertir la plataforma marina del Fòrum, de 12 hectáreas, en un espacio multifuncional que acoja actividades ciudadanas, deportivas y culturales, tanto de gran formato como de pequeña escala. Todo en una ciudad en la que el espacio público no es un agente pasivo o un simple escenario, sino que ejerce de elemento activo y protagonista que marca la vida cotidiana de los barceloneses.