Cada copa de vino es un mapa. En cada sorbo se puede reseguir la orografía de los viñedos donde se ha producido y la paciencia de los agricultores y productores que lo han cosechado y elaborado. En la Barcelona Wine Week, este paisaje y territorio se despliega a gran escala, con más de 1.350 bodegas y 90 denominaciones de origen que se reúnen en Fira de Barcelona y convierten, durante tres días, la capital catalana en el epicentro del vino español, con la previsión de superar los 26.000 visitantes, un 20 % de los cuales internacionales.
Hasta el 4 de febrero, los más de 10.900 metros de los pabellones 1 y 8 de Fira Montjuïc se transforman en un mapa vivo, lleno de aromas y sabores, representativo de la riqueza de los vinos catalanes y españoles. Una variedad representada por más de 1.350 bodegas de todo el país, cifra que ya representa una de cada tres bodegas españolas y que supone un crecimiento del 5 % respecto a la edición anterior del evento. Estos datos consolidan la cita como “el gran encuentro internacional del vino español”, según el presidente de la Barcelona Wine Week (BWW), Javier Pagés.
Entre los productores representados destacan desde grandes sagas familiares hasta pequeños productores emergentes, con nombres como Marqués de Griñón, Grandes Pagos de España, Abadía Retuerta, Vallformosa, y bodegas que participan por primera vez en la feria con expositor directo, como Grupo Osborne.
Estas bodegas representan 90 denominaciones de origen de todo el país: desde Ribera del Duero hasta Rueda, pasando por Jumilla o La Mancha, sin olvidar los sellos catalanes como Priorat o Montsant. Con más de 320 bodegas presentes, Catalunya es la región con mayor presencia en la gran feria del sector vitivinícola, seguida de Castilla y León, La Rioja y Castilla-La Mancha.
Pero más allá de los aromas y la intensidad de las notas del vino —de las flores a la madera o el cuero—, la Barcelona Wine Week se convierte en un espacio de encuentro y reflexión para el sector, con conferencias y catas magistrales dirigidas por 136 expertos nacionales e internacionales. Porque la Barcelona Wine Week no es solo un espacio expositivo, sino también un lugar de debate y conexión entre todos los agentes del sector para repensar, de forma conjunta, cómo afrontar los retos y desafíos presentes y futuros.
Especialmente en un mercado global cambiante, marcado por tensiones comerciales y aranceles, que obliga al sector a explorar oportunidades en nuevos mercados como Indonesia o los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Un escenario que también plantea el reto de introducir nuevas prácticas agrícolas y avanzar hacia modelos más ecológicos y sostenibles, al tiempo que pone de manifiesto la necesidad de conectar con nuevos públicos, que prefieren vinos más ligeros, frescos y con menor graduación alcohólica.
Lejos del pesimismo, la Barcelona Wine Week proyecta futuro para un sector clave para la economía catalana. Con doce denominaciones de origen, el vino es un elemento característico, pero también estratégico para el territorio catalán: con más de 1.384 empresas, cerca de 10.000 trabajadores y un volumen de negocio anual de 3.267 millones de euros, el 1,2 % del PIB de Catalunya, según las últimas cifras de Acció y del Clúster INNOVI. Un peso económico que también se exporta: en 2023, por ejemplo, las exportaciones de vinos y cavas catalanes alcanzaron los 615 millones de euros.
Es en este contexto que el evento se consolida como una plataforma estratégica de negocio. La edición de este año, la más internacional hasta la fecha, reúne a cerca de 900 compradores internacionales procedentes de mercados estratégicos de Europa, América y Asia, que prevén mantener hasta 13.500 reuniones de negocios. Entre los asistentes se encuentran grandes distribuidoras como Divin (Canadá), Delta Wines (Países Bajos), Global Wines & Spirits (Colombia) o Imperial Beverage (Estados Unidos). En una cita que, sorbo a sorbo y copa a copa, proyecta el territorio vitivinícola, al mismo tiempo que dibuja el futuro de este sector estratégico.
