De programador a arquitecto informático: cuando formarse marca la diferencia

Jordi Serra © Cedida
Jordi Serra © Cedida

La formación continua como motor de crecimiento profesional en un sector en constante evolución

19 de diciembre de 2025 a las 12:13h

Jordi Serra tiene 33 años, vive en Molins de Rei y forma parte de una generación que ha crecido con la tecnología como lenguaje natural. Ingeniero informático de formación, comenzó su trayectoria profesional como programador en una empresa tecnológica. Pero, como ocurre a menudo en un sector que evoluciona a una velocidad vertiginosa, pronto entendió que quedarse quieto no era una opción.

“Descubrí unos cursos hace 6 o 7 años, cuando era programador y quería especializarme en lenguajes de programación, como JAVA. Pero después vi que podía aprender mucho más y acceder a otros cursos”, explica. Habla de la formación continua 100% subvencionada por el Consorci per a la la Formació Contínua de Catalunya, que ha realizado a través de PUE, centro autorizado y reconocido en la capacitación de profesionales IT. Una formación pensada para mantener a las personas trabajadoras actualizadas ante las tendencias del sector, mejorar su empleabilidad y facilitar, como en su caso, la evolución hacia nuevos roles profesionales.

En aquel momento, formarse no era todavía una estrategia de cambio radical, sino una manera de hacer bien el trabajo y de mantenerse al día. En tecnología, el conocimiento no solo avanza: caduca. Y Jordi tenía claro que, si quería seguir siendo relevante, debía invertir tiempo y esfuerzo en aprender.

Con los años, sin embargo, esa apuesta sostenida por la formación fue transformando su mirada profesional. Ya no se trataba solo de dominar nuevos lenguajes o herramientas, sino de entender mejor cómo funcionan los proyectos, cómo se toman decisiones y cómo se construyen sistemas complejos dentro de las organizaciones. “Decidí ampliar mi formación con conocimientos horizontales y de gestión de proyectos para poder hacer un cambio de trabajo y ampliar mis capacidades y conocimientos”, explica. Y, ciertamente, ese giro marcó un antes y un después en su carrera.

A través de PUE, dentro de la oferta formativa subvencionada del Consorcio, cursó certificaciones como Azure Fundamentals, pero también formación en gestión de proyectos con el sello del Project Management Institute y metodologías ágiles como Scrum Master. Una combinación que responde directamente a lo que hoy demandan las empresas: perfiles capaces de entender la tecnología, pero también de diseñar, coordinar y liderar proyectos.

Los efectos de esta formación continua no tardaron en llegar. Jordi pudo cambiar de empresa, asumir un rol profesional de mayor responsabilidad y incrementar su salario. Hoy trabaja en Barcelona como arquitecto informático, diseñando e implementando sistemas tecnológicos, y ya ejerce de manera habitual funciones de gestión de proyectos, un ámbito hacia el que ha evolucionado de forma natural.

Más allá del salto profesional, Jordi destaca un aspecto a menudo invisible pero determinante: la posibilidad de compaginar la formación con la vida cotidiana. “Me gustan. Es una manera de mantenerme actualizado. Y se adaptan mucho a mis horarios. Por la noche prefiero estar actualizándome y aprendiendo que estar en el sofá sin hacer nada productivo”, afirma.

Esta flexibilidad es una de las claves del modelo que impulsa el Consorci per a la la Formació Contínua de Catalunya, que trabaja con entidades como PUE para garantizar una oferta formativa alineada con las necesidades reales del mercado laboral. El objetivo es mantener la capacitación profesional de las personas trabajadoras, dar respuesta a las tendencias emergentes y favorecer tanto la empleabilidad como la movilidad intersectorial.

En el caso de Jordi, este proceso no se detiene. Tras haber completado recientemente formación en gestión de proyectos, en febrero comenzará un nuevo curso de inteligencia artificial, consciente de que este ámbito ya está redefiniendo el futuro del sector tecnológico.

Su trayectoria ejemplifica el sentido profundo del Consorcio, creado en el año 2004 por la Generalitat de Catalunya —a través del Departamento de Empresa y Trabajo— junto con los principales agentes sociales. Una herramienta de país pensada para que las personas trabajadoras ocupadas puedan crecer, evolucionar y reinventarse a lo largo de su vida profesional, al tiempo que se refuerza la competitividad y la innovación de las empresas.

El Consorcio es hoy una pieza esencial para garantizar que la formación a lo largo de la vida sea una realidad y no un privilegio. A través de 150 entidades formadoras en todo el territorio, ofrece más de 9.000 cursos anuales de un catálogo con más de 1.300 especialidades, con un enfoque sectorial, pero también transversal: idiomas, competencias digitales, habilidades de gestión, emprendimiento o igualdad. En 2026 destinará 63,6 millones de euros para llegar a 145.000 personas trabajadoras.

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