El Mediterráneo ha sido un refugio habitual para los artistas: un mar que abraza con serenidad y belleza, pero que también guarda ecos de nostalgia, conflictos y migraciones. Pocas veces, sin embargo, este mar deja de ser solo un escenario de inspiración para convertirse en un espacio museístico. No obstante, el festival ArtExplora subvierte las reglas del juego. Tras recorrer once ciudades bañadas por el Mediterráneo, el primer museo flotante del mundo llega a Barcelona. Hasta el 6 de abril, instalaciones sonoras, performances y experiencias inmersivas invitan al visitante a sumergirse en un viaje artístico en el que el mar no es solo telón de fondo, sino que se convierte en un auténtico protagonista.
La revolución del festival ArtExplora, nacido en Francia en 2024, no radica solo en su formato —un gran catamarán de vela de 47 metros de eslora, con capacidad para recibir hasta 2.000 visitantes diarios—, sino también en su misión. “ArtExplora nace de una convicción sencilla: el arte debe ser accesible para todos”, defiende Frédéric Jousset, fundador de la fundación ArtExplora. Con este ambicioso propósito, el festival ha perseguido desde sus inicios un objetivo simple, a la vez que complejo: “llevar la cultura más allá de los muros de los museos y acercarla directamente a las personas”, incluso a aquellas que no suelen estar en contacto con el arte.
Inicialmente concebidos como camiones artísticos itinerantes para acercar la cultura a diferentes poblaciones, ArtExplora amplió después su mirada hacia el potencial del mar y del transporte marítimo. Así idearon este museo flotante, el primer museo-barco del mundo, que despliega una propuesta artística en el interior de la embarcación y también a su alrededor: con pabellones que invitan a repensar la relación con el Mediterráneo y sus contrastes, desde la serenidad de las olas hasta la violencia de los exiliados que buscan nuevas oportunidades por mar. “Navegando de puerto en puerto, construimos puentes entre culturas y abrimos nuevas perspectivas sobre los retos actuales”, resume Jousset.
Tras once escalas en ciudades mediterráneas —como Málaga, Niza (Francia), Rijeka (Croacia), Limassol (Chipre) o Durrës (Albania)— y tras recibir a más de 350.000 visitantes, Barcelona se convierte en el nuevo destino de este museo flotante, antes de que continúe su rumbo hacia Ibiza. En la capital catalana, y hasta el 6 de abril, la embarcación amarra en el Muelle de Barcelona, un paseo de 600 metros junto al mar inaugurado en mayo del año pasado, en el marco de la estrategia del Puerto para reurbanizar y abrir sus espacios a la ciudadanía.
Fiel a su propósito inaugural de convertir la cultura en un bien accesible para todos los públicos, el festival despliega una amplia programación gratuita —aunque algunas actividades requieren reserva previa—. La propuesta de ArtExplora no pasa desapercibida: un gran catamarán amarrado en el puerto espera, imponente, llamando la curiosidad de quienes se acercan y prometiendo una experiencia artística fuera del imaginario común. A bordo del barco, ArtExplora invita a dejarse llevar por los sentidos y las sensaciones, cerrando los ojos y, por unos instantes, abstraerse del ritmo frenético de la ciudad para reconectar con la esencia mediterránea en toda su…
Una experiencia sonora, concebida por el IRCAM-Pompidou, de casi diez minutos, que entiende el Mediterráneo como una suma de capas, ritmos e incluso tensiones. Pero mientras en la cubierta la experiencia sonora propone un viaje por los distintos rincones del Mediterráneo, en el interior del barco una experiencia inmersiva de realidad virtual, desarrollada por Ubisoft, permite viajar en el espacio-tiempo hacia Alejandría, Atenas o Venecia en sus momentos de máximo esplendor.
