Desde muy joven, Josep Minguell Cardenyes empezó a viajar regularmente a Florencia. Iba a buscar las raíces, el origen, a los protagonistas de la pintura al fresco, un estilo artístico que él descubrió en el trabajo de su abuelo y de su padre. Los dos pintaban como él hace ahora, directamente sobre los muros de espacios arquitectónicos, edificios civiles, construcciones sacras, palacios y templos en los cuales se da vida aplicando materiales y colores naturales. Mortero de cal y arena, pigmentos, pinceles, agua, esbozos, herramientas y andamios acompañan a un pintor de frescos en su trabajo de concederle al muro su última piel.
De manera decidida y rápida, el artista aplica bellos pigmentos disueltos en agua directamente a la pared, cuando el mortero todavía está húmedo. El proceso de carbonatación de la cal fijará los pigmentos, dando como resultado una pintura mate e insoluble al agua, resistente, de pigmentos puros, de una gran intensidad cromática, transparentes y opacos, incomparables a cualquier otro procedimiento. Josep Minguell es de los pocos artistas en el mundo que trabaja esta técnica milenaria, en la cual la pintura es la expresión del espacio, las paredes explican una historia a través del artista.
Gracias a los pinceles de los pintores de frescos, una ciudad como Florencia es visitada cada año por millones de personas que caminan despacio, levantando la vista para admirar los techos y muros, contemplando boquiabiertos tantísima belleza. Fueron obras pintadas entre los siglos XIII y XV, pero Josep Minguell, hoy, pinta del mismo modo que lo hacían aquellos artistas del Renacimiento florentino.
En 2008, Minguell se doctoró en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona, defendiendo la tesis que dio lugar al libro Pintura mural al fresco: las estrategias de los pintores. Ahora ya tiene listo para su edición otro trabajo donde ha puesto todos los sentidos: Florencia y los pintores de frescos. La pintura mural al fresco ha perfilado la carrera profesional de este artista, con la práctica pictórica y la investigación, que todavía hoy lo llevan al aeropuerto del Prat para tomar un vuelo a la Toscana.
La última vez que estuvo allí, el pasado mayo, fue para hacer revivir el Renacimiento a los vecinos de Castelfiorentino, una localidad del área metropolitana de Florencia. Josep Minguell fue escogido para volver a decorar con pinturas murales al fresco el tabernáculo de la Visitación de esta población italiana, que en 1491 habían sido hechas por el artista renacentista italiano Benozzo Gozzoli. Los frescos originales de Gozzoli fueron arrancados a finales de los años sesenta del siglo pasado con la técnica del strappo, que permite extraer pinturas murales para poderlas trasladar y conservar, en este caso, en el museo que el pueblo de Castelfiorentino ha dedicado a Benozzo Gozzoli.
Esta primavera, 530 años después de que Gozzoli luciera su estilo pictórico, Minguell, que es uno de los pocos artistas en todo el mundo especializado en pintura mural al fresco, ha recreado los mismos motivos inspirados en las pinturas originales, que se representan la soledad, el consuelo de la natura y el retorno con las personas amadas a través de la historia de Giacchino, que fue expulsado de su comunidad, según se explica en el protoevangelio de Jaime.
Minguell ha reinterpretado aquellas escenas que pintó originariamente Gozzoli, sin obstáculos espaciales y con colores ocres y óxidos. Lo ha hecho con las puertas abiertas del tabernáculo, facilitando que la gente del pueblo lo fuera a ver trabajar. “Me venían a saludar, y me ofrecían bebida y comida, y me invitaban a fiestas”, explica Josep Minguell, comentando que “esto solo se da en pueblos de cierta dimensión humana”. Contento, dice, “de haber podido trabajar como se trabaja realmente la pintura al fresco, con las puertas abiertas. Allí la gente ha podido soñar con Gozzoli cada día. Para ellos, ha sido como viajar al pasado de una parte importante de su historia”.
En Castelfiorentino, el artista catalán ---que, cuando no viaja vive en Barcelona o a Tàrrega, su pueblo natal---, trabajó cada día durante dos semanas. “Se produjo la cosa más mágica del fresco, donde la pintura pasa a formar parte de los edificios con su forma, y de la gente, por la historia que conecta con el entorno, la naturaleza, el paisaje, las montañas, que siempre marcan el carácter y sentimientos de las personas. Por todo eso decimos que la pintura al fresco es una pintura con raíces”.
La obra de Minguell, ahora ya acabada, se podrá ver en el tabernáculo de la Visitación de la villa toscana hasta finales de año, cuando está previsto que los nuevos frescos también sean arrancados y expuestos en un itinerario por varios museos de Catalunya, aún por concretar.
En tierras catalanas, Minguell ha pintado unos cincuenta conjuntos arquitectónicos, entre los cuales destaca el de la iglesia de Santa Maria de l’Alba de Tàrrega, donde una superficie pictórica de algo más de mil metros cuadrados lleva irremediablemente a pensar en ella como la Capilla Sixtina de Catalunya. Es uno de los más grandes murales de pintura al fresco contemporáneos.
Frescos en Barcelona
En Barcelona, Josep Minguell hizo los frescos de la iglesia de la Mare de Déu del Port. Quiso plasmar en ella “la añoranza del mar”, dice. Y se explica: “El puerto industrial y la ronda litoral cortaron el paso al mar de la gente de este barrio, donde la iglesia ha estado siempre un elemento vertebrador, porque se preocupó por la escolarización y la salud de su gente. En la pintura, les quise devolver el mar, de manera simbólica”. Lo hizo “pintando la nave de la iglesia como una barca y, en el presbiterio, se ve cómo la barca llega a Barcelona”. Se puede ver el barrio de la Zona Franca, la montaña de Montjuïc y una gran masa de agua.
En Sant Joan Despí, toda una pared lateral de la iglesia de la Mare de Déu del Carme le fue concedida para recrear, también, además de los misterios del evangelio, escenas que hablan de la vida de la gente del barrio. En este caso, explica, “hice la montaña del Carmel, que es donde se venera a la virgen del Carme. Es un mítico montículo que conecta la tierra con el cielo y está lleno de caminos". Con esto, Minguell muestra cómo la gente fue llegando de todas partes hasta el barrio de Sant Joan Despí.
Pero, en Barcelona, nos dice Minguell, hay otros frescos de otros autores. Y nos cita algunos de ellos: en la iglesia barroca de Sant Pere Nolasc, en la plaza Castella, por ejemplo, encontramos frescos. También en el Palau de la Generalitat, obra de Joaquim Torres García, que no los pudo acabar. Los podemos ver también en el edificio de Correos, en la Via Laietana, cerca del puerto, “donde hay una representación novecentista espléndida”, y en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, (MNAC), podemos ver los frescos que representan el Pantocrátor, extraídos del ábside central de la iglesia románica de San Climent de Taüll.
Ahora, Minguell prepara nuevos proyectos, en este caso, en China. Siempre de la mano de la pintura al fresco que sabe que “es como ir a contracorriente. Yo lo hago porque es una conexión de mí mismo con la materia, con la tierra, a través de los pigmentos, y esto es un ejercicio de libertad absoluta”, expresa el artista, que creció conviviendo con el arte en casa y que hace poco fue admitido en la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts. Minguell ha impartido clases magistrales sobre pintura al fresco en la Universitat de Barcelona y en la Accademia di belle arti de Carrara, en Italia, entre otros lugares. Considera el fresco “más que una técnica, una manera de entender el arte y la pintura que se proyecta en la arquitectura directa en los ojos, con colores, todos minerales, la pintura conecta de manera especial con los colores de la naturaleza”.
Vio a su padre subido a los andamios pintando los frescos laterales de la iglesia de su pueblo, Tàrrega, que después él completó para hacernos viajar a las cúpulas de Italia que enaltecen la belleza renacentista. Entre nubes, volando de Florencia a Barcelona y al revés, ha ido enriqueciéndose con información que ha ido buscando, en una minuciosa tarea investigadora, de todo lo que ha podido sobre la vida y obra, el día a día y el saber hacer de los pintores de frescos florentinos, sus referentes, y de quienes ahora él nos habla y nos muestra la técnica que todos ellos aprendieron a dominar.
