Aparentemente, son formas sencillas: una línea, una curva, un círculo, un cuadrado. Y colores, muchos colores, que se extienden por la superficie y se repiten una y otra vez. Pero cuando la mirada se detiene en ellas, estas formas empiezan a cambiar. Se repiten, se acumulan, varían de tamaño y se combinan de maneras diferentes hasta crear una sensación de ritmo y movimiento sin salir de la pintura.
Es a partir de estas formas tan básicas que Petr Kvíčala ha construido, durante más de cuarenta años, un lenguaje pictórico propio. El artista checo presenta ahora por primera vez su obra en España con Prelude, una exposición en el Palau Martorell que reúne una selección de trabajos de la última década. Comisariada por Rubén Torres, la muestra permite ver cómo una misma forma puede dar lugar a resultados muy diferentes cuando cambian el color, la escala, la densidad o la manera de repetirla. El título de la exposición, Prelude, hace referencia precisamente a este primer movimiento, a esta primera forma que inicia una nueva composición. Y, en cierta forma, la exposición en el Palau Martorell —su primera muestra en la capital catalana y en España— también funciona como el inicio de un nuevo capítulo para la obra de Kvíčala.
