Pensar la fotografía como refugio, testimonio y responsabilidad

Edu Ponces, Anna Surinyach y Abdoulaye Fall en las Jornadas del IEFC, por David Aguinaga
Edu Ponces, Anna Surinyach y Abdoulaye Fall en las Jornadas del IEFC, por David Aguinaga

El Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (IEFC) celebra las VII Jornadas de Fotografía en un momento crítico, y convierte el duelo por un espacio físico en el aliento para reivindicar la fotografía como refugio, memoria y responsabilidad

27 de octubre de 2025 a las 18:35h

Es muy probable que cuando esta escuela de fotografía, con más de medio siglo de historia a sus espaldas, se planteó la temática de estas jornadas, en lo último que pensase fuera en que la situación en la que se iba a encontrar tendría que ver, de algún modo, con la temática elegida. El IEFC, la escuela de fotografía más antigua de España, afronta la pérdida de su sede histórica en la Escola Industrial de Barcelona, propiedad de la Diputación de Barcelona. Ese edificio alberga memorias, archivos, ecos de pasos y risas, huellas del tiempo silente. Ahora, ese adiós se convierte en pregunta abierta, incómoda: ¿cómo sostener la mirada cuando el soporte desaparece?

Del 21 al 23 de octubre, La Virreina Centre de la Imatge acoge de nuevo las VII Jornadas de Fotografía. Tres días para pensar cómo la imagen puede dar voz a quienes cruzan fronteras, y para enfrentar los dilemas éticos de representar el dolor y la esperanza en contextos de invisibilidad. Porque la mirada no es inocente, siempre interviene; y la fotografía no es neutra, es testigo.

“Las crisis migratorias son una sintomatología evidente de un mundo atravesado por desigualdades estructurales”, señalan desde el IEFC. En ese diagnóstico late una responsabilidad añadida, pues la imagen no debe limitarse a ser espejo, sino que también debe interpelar, cuestionar, incomodar. ¿Cómo mostramos el sufrimiento del otro sin caer en la exposición sensacionalista? ¿Cómo construimos los imaginarios del otro sin reproducir estereotipos? ¿Qué lugar ocupa la ética en el acto de mirar y mostrar?

Durante estas tres jornadas, artistas, fotoperiodistas, investigadores y pensadores comparten experiencias que exploran los límites de la representación y abren posibilidades de empatía visual. Las sesiones son gratuitas y abiertas a un público amplio, gesto coherente con la vocación de servicio público que el IEFC ha defendido desde su nacimiento en 1972. En medio del desafío institucional, estas jornadas se alzan como acto simbólico de persistencia: creer que la imagen puede seguir siendo refugio cuando todo se tambalea.

La apertura institucional de la primera jornada corre a cargo de Valentín Roma, director de La Virreina Centre de la Imatge, quien subraya: “Mientras siga siendo el director de este centro, acogeremos estas jornadas, no solo por la necesidad de que existan instituciones como el IEFC que nutren La Virreina, sino por su compromiso con el patrimonio fotográfico”. Acto seguido, el director del IEFC, Josep Maria Llobet, reivindica su misión de fomentar la cultura visual: “Que siga siendo un espacio de encuentro entre creadores y activistas para reflexionar sobre la imagen en la era contemporánea”. En su discurso se insinúa la herida abierta de celebrar estas jornadas en el contexto actual de polarización, y pone de manifiesto la urgencia de ver que la migración es síntoma de un mundo atravesado por crisis ecológicas, desigualdades culturales y desplazamientos humanos invisibles. Y cómo de importante es tener testimonio de aquello que está sucediendo.

En esta mesa se propone un diálogo abierto entre Anna Surinyach, fotógrafa documental y cofundadora de la revista 5W, y Abdoulaye Fall, doctor en Demografía por la UAB e investigador de los flujos migratorios senegaleses y subsaharianos en Catalunya. Acompañados y moderados por el también fotoperiodista Edu Ponces, socio fundador de RUIDO Photo, ambos comparten reflexiones sobre cómo documentar éticamente la migración y la desaparición.

Asistentes a las jornadas del IEFC. © David Aguinaga

El trabajo de Surinyach acompañando a ONG como Médicos Sin Fronteras y Open Arms, donde ha podido dar testimonio de personas en tránsito por rutas mediterráneas y africanas, entiende la fotografía como un acto de acompañamiento y reconocimiento, no de exposición. Desde su cámara, reconstruye la historia de aquellos migrantes cuya huella desaparece en el mar. Los desaparecidos que no son más que un silencio, y narra historias, a través de sus imágenes, que ponen los pelos de punta y encogen el corazón. Fall aporta una mirada interdisciplinaria, desde la investigación académica y la vivencia personal, centrada en la dignidad y la representación justa de las comunidades migrantes. El encuentro gira en torno a preguntas difíciles: ¿qué imágenes dignifican? ¿Cuál es el peso del fotógrafo en la narración del otro?

“Fotografiar el viaje no es solo mostrar el camino —dice Surinyach—, es entender el vacío que dejan quienes no llegan”
El segundo día pone el foco en Richard Mosse, artista irlandés cuyos trabajos como Infra y The Enclave han redefinido los límites del fotoperiodismo. Usando película infrarroja militar y tecnologías térmicas, Mosse aborda conflictos en el Congo y los flujos migratorios hacia Europa con estrategias visuales radicales. Su propuesta enfrenta el horror con belleza estética, construyendo una tensión que obliga al espectador a replantearse su lugar. En ese gesto de contradicción reside la fuerza de su ética. Aquello que es placentero a la vista puede ser puente hacia la empatía, no un disfraz que oculta.

En Incoming, Mosse registra movimientos migratorios globales con cámaras térmicas que revelan cuerpos sin rostro, despojados de identidad por los mismos dispositivos que los controlan. La desfiguración impuesta por la tecnología se convierte en metáfora del anonimato contemporáneo, de la invisibilidad que acompaña al exilio forzado. Esa reducción de los cuerpos a signos térmicos nos obliga a preguntarnos ¿cuánta humanidad queda en nosotros cuando nos convertimos en datos, sombras o siluetas sin rasgos?

El fotógrafo Richard Mosse.

La tercera y última jornada estará protagonizada por Myriam Meloni, fotógrafa cuyas investigaciones han explorado los vínculos entre poder, clase y migración. Meloni centrará su charla en el movimiento entendido como acto político y existencial, el cómo las estructuras históricas del colonialismo, del género, del privilegio determinan quién tiene derecho a moverse y quién no. Su obra se mueve por los márgenes, en las vidas que esperan, los cuerpos que resisten, las identidades que se reinventan entre fronteras.

La obra de esta artista complementa las jornadas con la exposición En los días claros se ve Europa, con visita abierta en la sede del IEFC (en Comte d'Urgell, 187) hasta el 2 de noviembre. En esta muestra se exponen diversas experiencias migratorias bajo la mirada femenina, no solo de la fotógrafa sino de sus protagonistas. A través de imágenes delicadas y narraciones visuales, la artista muestra que migrar puede ser mirar el horizonte con esperanza, incluso cuando el mar separa más de lo que une.

No se trata solo de exponer imágenes, se trata de abrir diálogos y poner a trabajar la conciencia
“Migrar no es solo desplazarse —explica Meloni—, es habitar el tránsito. La frontera no está en un mapa, sino que está en las miradas que te reconocen o te niegan”. Los bordes no solo son geográficos, sino perceptivos, emocionales, éticos.

Para cerrar estas jornadas, el colectivo Al’Akhawat trae de Memorias y territorios abiertos a la escucha. Integrado por cinco artistas de la diáspora Marruecos-España, este grupo trabaja en torno al locutorio como espacio simbólico de comunicación, resistencia y afecto. Su práctica artística teje relatos íntimos y políticos donde la nostalgia es archivo vivo, y las voces dispersas se reúnen para escuchar y ser escuchadas.

Un archivo vivo de memoria visual

El IEFC es mucho más que un centro de enseñanza, es un archivo vivo de la memoria visual, de Catalunya y del Estado. Pero a pesar de que afronta un futuro incierto, la institución no se rinde ante el desencanto y, con estas jornadas, sigue reafirmando su compromiso con la sociedad, su voluntad de seguir siendo referente en la enseñanza y difusión de la fotografía.

En un tiempo saturado visualmente, cuando la urgencia de la novedad amenaza con anestesiar la sensibilidad, y ante la desinformación imperante en la que vivimos sumidos, estos encuentros recuperan la fotografía como acto de escucha y reflexión. No se trata solo de exponer imágenes, se trata de abrir diálogos, poner a trabajar la conciencia y dar testimonio real de una situación que se deshumaniza y se reduce a pura estadística.

Fotografía de Myriam Meloni, 'En los dias claros se ve Europa'

La fotografía es también un gesto político. No solo capta la realidad, sino que puede transformarla. En el intento de entender al otro y en el espejo para reconocernos. Nos cuestiona, ¿cuál es nuestro lugar al mirar y narrar?

Pero cuando se mira con cuidado y empatía, cuando se entiende que detrás de cada rostro hay una historia compleja y no un estereotipo, la imagen se convierte en gesto. Gesto de justicia, de encuentro, de coraje y de reconocimiento. Por eso, estas jornadas del IEFC son faro en los nuevos territorios de la fotografía comprometida.

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