CARAS DESCONOCIDAS

Lápiz de color para dibujar Barcelona

Patricia Soler Vico por Carme Escales
Patricia Soler Vico por Carme Escales

Patricia Soler Vico nació en Nou Barris, el último distrito constituido en la ciudad de Barcelona. De pequeña, siempre estaba cerca de su libreta de dibujo. Estudió Bellas Artes y se introdujo en galerías donde daba salida a sus cuadros de pintura y a sus esculturas. Y, de trabajar primero obras de gran dimensión, de la mano de un encargo, fue aterrizando en el universo de la ilustración. Con dibujos y lápices de color, explica historias sobre papel, tela o, incluso, cerámica. Sabe vestir de cuento cualquier escenario o emoción. Entre todos sus trabajos, hay dos pequeñas guías, cuadernos de paseo, que dan a conocer y homenajean comercios antiguos de Barcelona y tres barrios, lejos del centro neurálgico de esta ciudad

13 de febrero de 2026 a las 13:10h

Hace apenas quince días, el 28 de enero, Bruselas fue escenario de la proclamación de Barcelona como primera Capital Europea del Comercio de Proximidad. En concreto, el reconocimiento que la capital catalana ha conseguido, compitiendo con Zaragoza y Utrech, es el de la categoría de Ciudad visionaria: liderazgo estratégico para el crecimiento económico para municipios de más de 250.000 habitantes. Es un galardón que premia las grandes ciudades que sitúan el pequeño comercio en el centro de su estrategia a largo plazo para forjar un futuro sostenible y próspero.

“La ciudad de Barcelona tiene un tesoro a la vista de todo el mundo, que se hace invisible a nuestros ojos, cuando las prisas de cada día secuestran nuestra curiosidad natural”. Con estas palabras, Patricia Soler Vico introduce la presentación del paseo que la llevó a dibujar Barcelona, l’encís del comerç emblemàtic. Es un pequeño libro con unas setenta ilustraciones de tiendas de esta ciudad, de las que hace más años que levantan la persiana cada mañana, aportando luz y vida a las calles y tejiendo relaciones de vecindad.

El trazo de lápiz y los colores con los cuales Patricia ha reproducido cada establecimiento les confiere una dimensión narrativa de cuento. Se recreó en los pequeños detalles, que es precisamente aquello que hace grande a estas tiendas. La Lleteria, la Farmàcia Antiga de Les Corts, la horchatería Tio Che, el colmado Mantequeria Lasierra, la cuchillería Roca, en la plaza del Pi, la Guanteria Alonso, la Confitería... Todos estos establecimientos dieron a Patricia una magnífica excusa para adentrarse en aquello que hace más auténtica la ciudad. Estas tiendas singulares, cada una con su especialización, tienen una historia personal, familiar detrás. En la peculiar crónica ilustrada de Patricia, con texto escrito a mano por ella misma, encontramos dibujados desde la oliva del vermut del Quimet & Quimet, al vaso de horchata Che en la rambla del Poblenou, pasando por botes de farmacias antiguas y colchones cosidos a mano.

“Tener la excusa de buscar los comercios emblemáticos me hizo ver esta ciudad de manera totalmente diferente, porque yo no conocía la historia de estas tiendas”, dice. “Este encargo me ha hecho valorar no solo el arte modernista y la Barcelona que se ve y que tiene más proyección fuera, sino que también me llevó a saber de todas estas familias, padres, abuelos, bisabuelos... que cuidaban sus negocios. Y esta es una de las cosas del pequeño comercio que más echo de menos en nuestra ciudad de ahora”.

Y se explica: “Sí que me gusta pasear y ver cómo hay mucha gente joven que apuesta por abrir pequeños negocios muy alternativos y diferentes de lo que sería la tienda de víveres de toda la vida, con las viandas y bebidas y el producto de consumo de cada día. Pero todas estas tiendas que se ignoraron durante mucho tiempo, que no se las valoraba porque eran antiguas, viejas... explican la historia de esta ciudad. Son los comercios donde ya compraban nuestros bisabuelos, abuelos, padres...”. De todos estos comerciantes, autónomos, ella aprendió “que están haciendo un superesfuerzo para mantenerlo todo como lo habían dejado sus antepasados, y algunos, ya en 2017, tenían problemas para poderlos mantener”.

Patricia con sus libros ilustrados. © Carme Escales

Cultura local, un bien de todos

Ella tiene muy claro lo que es tomar conciencia sobre aquello que se va si este tipo de comercio cierra. Y también qué se puede hacer para ayudar a que no cierre. “Yo siempre compro en las tiendas de mi barrio. No me gusta comprar en Amazon ni en ninguna plataforma. Me gusta consumir el producto que me vende la señora que hace el pan, la que hace la comida preparada, el ferretero, el bar que hace aquellos bocatas, la señora que vende productos de belleza, la que hace masajes. Y todo lo que puedo lo compro en el barrio, y me gusta mucho. Siento mucha rabia cuando veo que, en un local de un comercio emblemático, se instala ahora alguien que no valora nuestra cultura y que no vende nada de aquí, esto es un desprecio a nosotros mismos. Yo no digo que la gente no se tenga que ganar la vida, pero me gusta pensar que en Barcelona todavía quedan barceloneses a quienes podemos comprar productos elaborados aquí, y hacerlo en todos nuestros barrios, a la señora María, o al Joan. Y además, que cuando entres, puedas saludarlos y conversar con ellos. El pequeño comercio creo que es un bien que no se tiene que perder”.

La Casa Gisper ilustrada por Patricia Soler Vico.

La vida del tú a tú

Ilustrar las tiendas barcelonesas de siempre, y entrar en contacto con todas estas historias personales del pequeño autónomo, conecta con el pasado que ella vivió como artista en esta misma ciudad. “Haciendo Bellas Artes viví una época muy libre, en una Barcelona muy movida, en el ámbito de la creación y las galerías, y probé la vida del artista, con muchas más posibilidades que las que se pueden tener ahora, pienso”. “Sí que hay, hoy ---dice--- mucha proyección en Instagram y, en las diferentes redes sociales, son muchos los escaparates mediáticos, pero yo probé esa relación del tú a tú con el galerista, y aprendí a no tener miedo a la hora de expresar aquello que una es, como puede y como le parece. Y esto siempre es bueno”.

Patricia empezó a hacer exposiciones muy temprano, cuando aún estudiaba. Pintaba cuadros muy grandes, formatos enormes, un arte abstracto de aquel que desahoga y condensa la expresión artística. “Hoy el galerista de toda la vida está desapareciendo”, explica. “Yo todavía pude disfrutar de aquel vínculo directo con galeristas. Entrabas a las galerías y te escuchaban”. En cada exposición que hacía exponía una treintena de obras. Las hizo de colectivas e individuales, y también en otros países como Argentina y Estados Unidos.

Patricia Soler Vico recorre barrios y comercios de Barcelona con su trazo. © Carme Escales

En la sala Parés conoció a quien sería su marido, Eduard Batlle, que era uno de los restauradores. “A través de él, conocí la pintura catalana de Simó Busom i Grau, de Anglada Camarasa, de Ramon Casas... Bueno, Casas ya le gustaba desde mucho antes. “A los once años, copié un dibujo de él”. A partir de todo aquello, empezó a trabajar más el realismo, con series de flores muy especiales, bodegones sobre madera con perspectivas extrañas y collage sobre metal.

“Vivíamos en el Born y, al principio estuvimos muy bien, porque era un barrio. Podías comprar el pescado, la verdura, la carne, el pan... Cuando salía de casa, lo encargaba, y cuando llegaba lo podía recoger todo. Pero con los años aquello se fue perdiendo hasta que al final ya no era barrio, sino un parque temático”, lamenta. En aquel piso pudo dedicarse muy bien a la pintura en gran formato y a la escultura, porque tenía mucho espacio, en habitaciones con techos muy altos. Pero en 2013 se acabó marchando por el ruido en la calle, cansada de no dormir bien. Atrás dejaba muchas vivencias y la despedida de su pareja, a quien se lo llevó una larga enfermedad. Años más tarde, Patricia hizo salir todas las emociones contenidas por aquella pérdida, y en su luto escribió la novela ¿Dónde están tus zapatos?.

Ahora vive en Horta, que es donde vuelve a disfrutar de la vida de barrio, y más aún desde que, a través de una galerista, le llegó aquel bonito encargo de dibujar los comercios ancestrales de Barcelona y aprendió a leer la ciudad y su comercio con otra mirada y mucha proximidad y detalle. Más tarde, volvió a poner color y su trazo personal a un pedazo de Barcelona, volviendo a vivir la ilustración como lo hace, como “un espacio para soñar”. Hizo el texto y las ilustraciones de otro libro, un “carné de voyage”, como presentó su obra Seguint les petjades. En este caso, es un recorrido por la historia y el aspecto de los barrios de Vilapicina i la Torre Llobeta, el Turó de la Peira y Can Peguera; los tres los tiene muy cerca de casa. "Este libro es parte de una colección que recorre setenta y cinco barrios de Barcelona”. Las casas baratas, masías, un refugio de la guerra, pequeños pasajes de casas bajitas, mercados y comercios, y la gente que conoció adentrándose para dibujar la vida de estos lugares componen otra ruta por una parte menos conocida, pero no menos auténtica, de esta ciudad en la que vive, crea y se recrea esta artista barcelonesa.

Els 4 gats dibujado por Patricia Soler Vico.